Pensamiento
Estereotipos: esclavitud de muchos

“La verdad está en la consistencia, dice Poe (Ettreha). Por tanto, el que no tolera la consistencia se cierra a toda ética de la verdad; abandona la palabra, la proposición, la idea, en cuanto estas cuajan y pasan al estado sólido, de estereotipo (stereos quiere decir sólido).”
Roland Barthes
El punto de partida de esta columna, corresponde a afirmar que, definitivamente, me sorprende mucho como la humanidad en pleno, ha sobrevivido a tantos prejuicios, pues vivimos cargados de suposiciones hacia la vida ajena, es decir, atentos a aquello que no nos pertenece y en lo que no deberíamos involucrarnos.
El concepto “Estereotipo”, según el diccionario no sexista (Asociación Mujeres Jóvenes), significa: “El Modelo de conducta social basado en opiniones preconcebidas, que adjudican valores y conductas a las personas en función de su grupo de pertenencia. Un estereotipo sexual es una idea que se fija y perpetúa con respecto a las características que presuponemos propias de uno u otro sexo”.
Esta idea de crear opiniones subjetivas de los demás, me ha dado vueltas los últimos días, donde reflexiono mucho sobre juzgamientos que las personas hacen sin prudencia alguna y basados en el efímero (argumento) del “que dirán”. Desde la infancia me ha causado mucha inquietud frases prejuiciosas como “prefiero una hija puta a un hijo marica”, “Dime con quién andas y te diré quién eres”, “las feministas son lesbianas”, “mujer quedada es amargada”, “hombre solterón y sin hijos es pendejo”; existen muchos imaginarios sociales que dinamizan las relaciones de muchas personas, que develan el miedo a lo diferente y que condenan a grandes seres humanos por demostrar que hay formas de vivir diversas.
No asumiré una postura de autosalvación, pues también he sido parte del equipo de estereotipadas de la sociedad, que ha condenado y discriminado; pero agradezco la posibilidad de transformación, a los procesos académicos, espirituales y de intercambios culturales que me han permitido acercarme al respeto y la humanización de mis relaciones con el mundo. Ya no juzgo con rapidez e irresponsabilidad a las personas que se distancian de mis formas de pensar y concebir sus diversas realidades.
En este sentido, considero que los estereotipos y todas las razones que alimentan esas formas de irrespetar la libertad de los otros y otras, deberían desaparecer para darle cabida a una vida más humanizada donde las diferentes culturales, estilos y creencias pudiesen caminar por las amplias autopistas del derecho a ser libres y responsables de dicha libertad.
Quizás la solución de los conflictos no esté en algunas mesas, documentos o procesos políticos, sino en el compromiso subjetivo y genuino de respetar la otredad y asumir la vida sin tantas arandelas propias de criterios de apariencias, que solo enferman la consciencia humana y hace de la vida un martirio y de cada oportunidad de ser feliz una carga pesada que a veces se imposibilita llevar y se traduce en suicidio, enfermedades y karmas.
Los estereotipos solo consumen la energía creativa de los seres humanos, condenan a la repetición de imaginarios, a la amargura, a la represión de sentimientos y al sufrimiento de no vivir la propia vida sino la ajena; si este paso existencial se nutriera más de amor, respeto y humanidad; entonces no nos dejaríamos llevar por la discriminación, el odio, la violencia; no rechazáramos al que asume un credo, cultura, identidad sexual o corriente política diferente a la nuestra, si tan solo, entendiéramos que las diferencias deben ser nuestra fortaleza y no un escenario de competencia, entonces nuestro paso por la vida sería más piel, felicidad, pasión, aprendizaje y menos pérdida de tiempo; porque al final la única verdad que atraviesa contundentemente a los estereotipos y las suposiciones de alguien o algo, es que nadie es lo que piensan de él o ella, sino lo que se le antoja o le place en su libertad SER. Como afirmó George Steiner: “Los estereotipos son verdades cansadas”.
Fabrina Acosta Contreras
@Facostac






