Pensamiento

Simpatía y empatía

Julio A. Franco Orozco

09/01/2019 - 06:30

 

Simpatía y empatía
Adam Smith, considerado el padre de la economía moderna / Foto: Infobae

En estos momentos de polarización y sectarismo en el que se encuentra la sociedad colombiana, siempre es aconsejable acudir a los clásicos del pensamiento para que nos den luces en el camino de mejorar nuestro comportamiento social y político. En este caso, es pertinente revisar el concepto de simpatía en Adam Smith el padre del liberalismo económico que en su obra seminal la “Teoría de los sentimientos morales” nos brinda enseñanzas para salir del atolladero moral en el que nos encontramos.

Ponernos en los zapatos de otro, es imaginar que las circunstancias de la otra persona son nuestras, y que los sentimientos de ese “otro” son razonables. Esta es una capacidad humana que ejercemos todos los días, nos reímos cuando otros se ríen, compartimos el sufrimiento ajeno y también juzgamos al otro en esas circunstancias. A esto lo llamó Adam Smithsimpatía”, que en griego original “sym” significa con/juntos y pathos, sentimientos. En la actualidad, este término se asocia más con empatía que según la RAE es la capacidad de ponerse en el lugar del otro para sentir lo que el otro siente, sin perder la propia identidad. Es una habilidad de la comunicación en la búsqueda de los aspectos que las personas tenemos en común para facilitar la interacción.

Este concepto, según Smith, es la base de nuestro comportamiento y de formación de la sociedad. Somos mejores sociedades en la medida en que hacemos más grande el circulo de personas con capacidad de juzgarnos, con capacidad de ponerse en nuestros zapatos. Cuando nos limitamos a conocer solo lo que nos interesa, solo un área de conocimiento, y rechazamos el conocimiento de los otros, se cierra de cierta manera el círculo de la simpatía y se pierde la oportunidad de conocer y empatizar con muchas personas y temas diferentes a los que manejamos y a los que piensan y sienten diferente los rechazamos o no los toleramos.

Dijo F. Hayek, premio nobel de economía en 1974: “Pero nadie puede ser un gran economista si es solo un economista. El economista que solo es un economista es probable que se vuelva un estorbo sino es un auténtico peligro”. Para este propósito pueden cambiar “economista” por cualquier profesión; en el mismo sentido se refirió Cicerón, el gran orador de la República Romana en su obra “De Oratore”: “el buen abogado es aquel que tiene conocimiento de todas las ramas del saber”.

Al estar abierto al conocimiento y especializarse en un área del saber, se es más empático, se tolera más a las otras personas, al académico, a la mujer, al homosexual, al de otro partido o afinidad política. En este sentido la genialidad de Adam Smith es grande y su Teoría de los Sentimientos Morales es fundamental para entender lo importante de las interacciones entre los miembros de una sociedad. ¿Qué pasa cuando esas interacciones se vuelven predecibles? A esto en economía se les llama Instituciones; estas no son los edificios ni los entes gubernamentales, las Instituciones en economía son algo más básicas: son las reglas o pautas de comportamiento que nos permiten coordinar nuestra interacción haciendo que éstas sean predecibles. Entonces, la simpatía es la institución primordial, la que nos lleva a poder interactuar y nos permite crear sociedades más libres y tolerantes.

Las Instituciones son consecuencia de la magnitud de nuestra simpatía, de nuestros sentimientos morales, entre más empáticos, entre más conocimiento se tiene de el “otro”, más se considera y se respeta y mejores instituciones se crean. Esta es la base de las sociedades liberales. 

¿Qué pasa cuando nos imponen la simpatía mediante la ley o la fuerza? Esto es lo que sucede en Colombia y su profunda polarización, lo que hemos hecho es mermar la simpatía moral, y   recortar el círculo de personas que consideramos aptos para juzgarnos, y que se pongan en nuestros zapatos; es en este momento cuando aparece el “hombre de Sistema”, como lo llamó Adam Smith, es decir, esa persona, ente, partido que nos impone la simpatía, y nos pone a marchar al ritmo normalizador, de ideas mesiánicas y autoritarias.  

La simpatía moral es lo que hace viable a una Democracia, cuando ésta es acompañada por una cultura inquisitiva, como lo expresa el politólogo Vincent Ostrom, se respetan los fines de los otros y estamos dispuestos a dialogar, a tolerar y es en este momento cuando se aprecia la infinita variedad de la experiencia humana que es la que permite sociedades libres.

 

Julio A. Franco Orozco

@Jafrancoz1

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