Pensamiento

Buen Camino

Antonio Ureña García

20/02/2020 - 04:50

 

Buen Camino

 

Desde hace miles de años, incluso mucho antes que los celtas poblaran los territorios de la actual Galicia, así como una buena parte de la península ibérica, existió por el norte de la misma una ruta de peregrinación.

Herakles -conocido así por los griegos, o Hércules para los Romanos- hizo esa misma ruta, siguiendo el camino trazado por la Vía Láctea, para completar sus míticos trabajos. Desde aquellos tiempos remotos hasta la actualidad, los peregrinos se identifican portando una concha marina muy peculiar, denominada vieira: la misma concha que aparece en la representación de Venus naciendo de las aguas, pintada por el genial Sandro Botticelli.

Es cierto que el italiano tomó dicha imagen de la literatura griega, pero, en realidad, habría que volver a los Celtas para encontrar su origen. De manera legendaria, en su viaje a través de los cielos -después de recorrer Hisperia o país del atardecer, nombre que los romanos transformarán en Hispania- el sol abandonaba la tierra, precipitándose en el mar frente a las costas gallegas; frente al cabo de Finis Terrae: actualmente Finisterre. Según la tradición de origen romano, en este lugar se alzaban unas columnas, las columnas de Hércules, donde podía leerse la frase “non plus ultra”: no más allá. No hay tierra más allá. En este lugar, las gentes continúan nombrando el atardecer como la caída del sol a la mar.

Para los Celtas, cuando el sol moría, nacía de las aguas en una concha, en una vieira, la Diosa Lusina: diosa de las aguas, madre tierra y diosa lunar.

También, desde tiempos muy remotos hasta hoy, y en las diferentes lenguas que se han ido sucediendo en esos territorios, los peregrinos y peregrinas que transitaban guiados por las estrellas aquel camino -primero en dirección a Finisterre, después a Campus Stela, o Compostela, pues según la tradición allí aparecieron los restos del Apostol Santiago- se intercambian un saludo: Buen Camino.

Esta salutación; esta pequeña frase de únicamente dos palabras, encierra un gran significado: no estás solo en el camino. En el camino de la vida, nos cruzamos a diario con multitud de personas que siguen caminos muy diferentes, muchas veces tan obcecados por llegar a una meta; por alcanzar una determinada posición y así distanciarse del resto, que no se preocupan, incluso ni siquiera miran -o hasta miran con desprecio- a quienes encuentran a su paso. En esta búsqueda de una meta; de un fin que dé sentido a su vida, olvidan algo conocido desde hace cientos o miles de años por los peregrinos de la ruta de las estrellas: el camino es la meta.

También conocía esto el poeta griego Constantin Kavafis, quien nos recomienda:

Cuando emprendas tu viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias (...)

En el viaje a muestra particular Itaca; en el camino de la vida, lo importante no es llegar al destino que nos hayamos propuesto como final de ruta y sí disfrutar de las sorpresas del viaje; disfrutar del camino; disfrutar de la propia vida.

En el camino de la vida, compartimos senda -“hacemos camino al andar” que diría  Machado- con multitud de personas. Unas, se quedan atrás muy pronto; otras, nos acompañarán un largo trecho. Tengamos o no tiempo para deternernos a hablar con calma, siempre que nos cruzamos, a modo de peregrinos en las rutas de Finisterre o Compostela, nos dedicamos un saludo: ya sea una simple sonrisa; una o unas escasas palabras dichas o escritas en una pequeña pantalla electrónica, si están lejos en el espacio físico, pero próximas en el afectivo. Da igual la cantidad de palabras o de frases. Todas encierran el mismo significado que ese buen camino, cuyos orígenes se pierden en el tiempo y, como ellas, se convierten en totalmente necesarias para caminar por ese sendero, por ese camino -en ocasiones tan empinado- de la vida. Dicho saludo encierra un significado tan grande que nos hace afrontar nuestro caminar diario con energía y ganas de seguir. Algo que, si nos faltara, seguro no tendríamos.

 

Antonio Ureña

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

1 Comentarios


Carlos Zarzalejo Escobar 28-02-2020 06:58 AM

Antonio, como nos documentas y pones al dia muchos de nuestros anelos en la vida como bien dices meta a conquistar por cada uno de nosotros, disfrutar del camino es lo verdaderamente importante, cosa ya legendaria y anelada por los antiguos celtas griegos y romanos como tambien nos narras, enhorabuena y felicidades por tu escritura y conocientos. Un fuerte abrazo de tu seguidor aqui y en el whatapp.

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