Pensamiento

Hispanidad: primeras afirmaciones tras las independencias coloniales

Ronald Campos López

01/02/2021 - 05:25

 

Hispanidad: primeras afirmaciones tras las independencias coloniales
Países oficialmente hispanohablantes en el mundo

 

El ser hispánico del siglo XVI creó las realidades históricas del Nuevo Mundo y su identidad heterogénea desde 1492 hasta 1824 con base en: 1) la espiritualidad del humanismo español y la evangelización cristiana, 2) el código jurídico y humanístico de las Leyes de Indias, 3) la dirección del Estado monárquico sobre la experiencia política americana. Sobre estos cimientos, a lo largo de los tres siglos de convivencia y mutua cesión cultural, se originó la hispanidad.

Pese a la unidad lingüística, religiosa, cultural, urbanística y política de la Corona con las provincias americanas, los problemas de comunicación, una administración ineficaz, la corrupción, un inadecuado desarrollo económico en los territorios americanos, la subordinación y el tratamiento injusto de los indios y mestizos, así como el impedimento de la ortodoxia dominante española en relación con el desarrollo intelectual en América en el nivel de Francia e Inglaterra condujeron a la etapa romántica del proceso de independencia. Sin embargo, las influencias ilustradas, la escisión geográfica, política y republicanismos no impidieron que tales provincias mantuvieran adhesión intelectual y sentimental con la tradición hispánica. ¿Por qué? Durante la Colonia, el proceso misionero de la espiritualidad cristiana penetró en un ser americano de raíces indígenas e ibéricas, de manera que le permitió, sin importar sus variantes mestiza, mulata o criolla, su integración e identidad con los valores de la hispanidad, la vida comunitaria y el ordenamiento urbanístico; por eso, a pesar de los cambios políticos, no se dio una separación espiritual, pues la religión, la lengua, la historia, las costumbres y los usos siguieron siendo comunes y subsistieron ante su desdén y rechazo violento posterior a las guerras de Independencia.

Por esta vía se llegó a los planteamientos decimonónicos de la hispanidad.

A pesar de que ente 1810 y 1821 la emancipación y creación de las nuevas repúblicas no reflejaron preocupación en la conciencia nacional ni fueron tema de discusión, España sufrió una desinternacionalización, justamente por dichas guerras, levantamientos e intervenciones de Estados Unidos. A inicios del reinado de Isabel II (1833-1868), se experimentó una crisis económica y, para solucionarla, la burguesía y negociantes españoles reinstalaron “una imagen del imperio acuñada en el siglo XVIII: América como mercado comercial y como factor en la política de defensa de las dos posiciones [ideológicas del momento]”. De este modo, comienza una primera formulación de panhispanismo al considerar a América parte de una comunidad hispánica y una tradición cultural e histórica. Sin embargo, dicho objetivo no se cumplió por causa de la intervención de España en los asuntos internos de Perú, Bolivia, Chile, Argentina y México, entre 1842 y 1847; en consecuencia, se atacaron colectividades españolas en México, Perú y Cuba; la “leyenda negra” acrecentó el desprestigio, ignorancia y distorsión de lo hispánico; el interés en potencias como Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos aumentó.

Otra posibilidad clave, empero, se develaba. Hacia 1840, en el ambiente español circulaba el concepto de “raza” despojado del exclusivismo biológico y la superioridad evolutiva étnica, por influencia del darwinismo social. Tal concepto se comenzó a perfilar como mito o elemento esencial para una comunidad lingüística, religiosa o nacional hispánica opuesta al estilo de vida y cultura de los Estados Unidos. “Raza”, pues, “equivalía a cultura, y se empleaba como símbolo de los lazos tradicionales que ligaban a España con Hispanoamérica”.

A fin de imponer una imagen fraterna y comprensiva de América, a partir de los 50 se crearon y divulgaron periódicos, como El Museo Universal (1857-1869), y revistas, por ejemplo, La Ilustración Española y Americana (1869-1921). A esto se aúnan las labores de académicos en lengua e historia. La Real Academia Española, verbigracia, fundó filiales en Ecuador (1874), México (1875) y El Salvador (1876). Esta proyección fue apoyada por humanistas y fieles a la cultura hispánica, como: Andrés Bello, Miguel Antonio Caro y Rufino José Cuervo.

Como se colige, a mediados del siglo XIX se generó un cambio de actitud de España respecto de Hispanoamérica y viceversa, debido a la preocupación por el concepto de raza, las publicaciones periódicas y las funciones de las Reales Academias de la Lengua e Historia sobre temas culturales, filológicos, lingüísticos, económicos, religiosos, científicos e históricos.

Estas relaciones progresaron junto al panlatinismo europeo: Frente a los avances materiales, científicos, industriales, artísticos e intelectuales de los países nórdicos hacia 1870, Italia, España y Francia se enfrentaron al individualismo, protestantismo, mercantilismo y nordicismo, reforzando su política, técnicas e intelectualidad para recuperar su rol de guías del mundo occidental en nombre de su civilización heredada de Roma; de ahí se volvieron elementos esenciales para el progreso el autoritarismo y la religión católica. Tal reaccionaria idea se extendió a Rumania (1879) y, posteriormente, Portugal, Suiza, Canadá, Brasil y otras naciones americanas. En su apoyo, circularon en Europa y América publicaciones como: La Raza Latina (1874- 1884), Fratilia Intru Dreptate (1882) y Revue des Deux Mondes (1894). Sin embargo, en 1897 el panlatinismo decayó, debido al pesimismo generado por la guerra española en Cuba y las disensiones entre felibres. Pese al declive, la polémica entre latinos y anglosajones generó una actitud europeizante prolatina, el desencadenamiento de actitudes nacionalistas, alentadoras de estudios psicológicos, sociológicos, antropológicos e históricos. Como resultado, la preocupación por el concepto de raza se acrecentó en Europa.

Los esfuerzos y efectos del panlatinismo iban fomentando simultáneamente en España el período de la Restauración (1875-1902), en que se asentaron los pilares que se reflejarán en la idea nacionalista de hispanidad a principios del siglo XX: el patriotismo, el recuerdo del imperio colonial como fundamento de la grandeza nacional, los intereses por la lengua castellana, el cristianismo y la doctrina racista, frente a la invasión revolucionaria, el racionalismo moderno, las religiones musulmana, judía, el protestantismo y, más tarde, contra el capitalismo estadounidense y el comunismo materialista soviético. En esta época, asimismo, el concepto de expansión imperial territorial motivó las pretensiones de conseguir la Unión o Federación Ibérica (proyecto que se venía gestando desde la anexión de reinos durante la Edad Media y se proclamó hasta 1873), ante Italia, Alemania, Gran Bretaña (primera potencia mundial de la época) y Francia (había desplazado a España culturalmente ante las repúblicas americanas). Debido al poco alcance y fallos de dicha unión, Portugal abandonó el proyecto y España se dedicó a celebrar el catolicismo, un “nacionalismo hipersensible” y un plan educativo encargado de fabricar sujetos católicos.

La inadaptación de España a la modernidad y la pérdida de sus últimas colonias ultramarinas colapsaron este patriotismo, no obstante, y suscitó un sentimiento de degeneración social. En esta coyuntura nació el movimiento hispanoamericanista, componente dinámico para la idea rotunda de hispanidad. Entre 1880 y 1900, se conmemoraron, entre otros, el Congreso Pedagógico HispanoPortugués-Americano y el IV Centenario del Descubrimiento de América. Igualmente, se crearon y difundieron revistas y periódicos varios, entre ellos: La España Moderna (1889-1914) y la Revista de Historia y Literaturas Españolas, Portuguesas e Hispanoamericanas (1895). Se fundó el Museo y Biblioteca de Ultramar (1888). Se rediscutieron las ideas confederativas de Simón Bolívar y la Restauración. En resumen, el acercamiento hispanoamericanista fue posible por: 1) el imperialismo amenazador de Estados Unidos, 2) la concomitancia cultural entre las naciones hispanohablantes y 3) la tentativa de una confederación.

¿Repercutió negativamente la crisis del 98 sobre las relaciones hispanoamericanistas? Lo cierto es que no: Hispanoamérica, conmovida por el desastre, manifestó su solidaridad con España y esta aminoró los últimos rastros de indiferencia. Surgió así “por primera vez desde la independencia, un común anhelo de unidad, ya no política, sino espiritual y cultural”.

 

Ronald Campos López

Poeta costarricense / Universidad de Valladolid

Acerca de este artículo: Esta publicación de Ronald Campos López, titulada “ Hispanidad: primeras afirmaciones tras las independencias coloniales ”, representa un extracto del estudio académico más amplio publicado anteriormente bajo el título: “ Primeros promotores de la idea de Hispanidad: Darío, Menéndez Pelayo, Valera, Altamira y Unamuno ”.

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