Periodismo

La crónica en el Caribe colombiano

Lina Vega-Estarita y Marta-Milena Barrios

22/09/2021 - 04:35

 

La crónica en el Caribe colombiano

 

En el contexto del Caribe colombiano, el periodismo literario ha tenido unas características formales que lo han hecho trascender. Lo que ha contribuido a que sea “un género que nunca desapareció entre los géneros característicos del periodismo latino, a pesar de la presión imperante de la división de géneros de origen anglosajón” (Rodríguez, 2007, p. 218).

Asimismo, existe una relación estrecha entre los periodistas que escriben crónicas y se acercan a la literatura en esta parte del mundo; por esto, algunas obras de ficción parecen estar incrustadas de una manera profunda en el acontecer periodístico y algunos trabajos periodísticos parecen sobrepasar la barrera de la realidad para adentrarse en la ficción, el territorio por excelencia de la literatura. Martínez (1997), gran exponente de esta tradición, lo advirtió con claridad: “No es por azar que, en América Latina, todos, absolutamente todos los grandes escritores fueron alguna vez periodistas: Borges, García Márquez, Fuentes, Onetti, Vargas Llosa, Asturias, Neruda, Paz, Cortázar, todos, aun aquellos cuyos nombres no cito”.

En este sentido, la voz individual —que es una de las características formales predominantes de la crónica— adopta una identidad única en la escritura de cada autor. En otras palabras, el estudio de este género es al mismo tiempo el análisis de la obra de los autores que se han dedicado a trabajarlo, pues “el cronista confiere un valor importante, como género clásico en el mantenimiento de un periodismo tradicional que sigue siendo demandado y es considerado socialmente necesario” (Rodríguez, 2005, p. 172).

Particularmente en Colombia, despiertan mucho interés las obras de los integrantes del tan nombrado Grupo de Barranquilla, uno de los colectivos de intelectuales más importantes, que transitaba a sus anchas —y en doble vía— por el periodismo y la literatura. Nadie sabe cuándo comenzó realmente esta notable cofradía de escritores, pero se conoce que alrededor de 1946, cuando ya llevaban tiempo con sus tertulias privadas, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda Samudio, Gabriel García Márquez y Germán Vargas, entre otros integrantes, comenzaron a destacarse en la radio y la prensa locales por el contenido singular de las historias que hacían públicas.

Por su lado, García Márquez, quien solo estuvo cuatro años como contertulio en el Grupo de Barranquilla, aplicó en su vasta obra literaria elementos narrativos y vivenciales de esos años. Algunos investigadores describen que el campo de acción de estos periodistas era variado: los integrantes del Grupo de Barranquilla incursionaron en la poesía, la narrativa, las artes plásticas, el cine, el baile e incluso en la culinaria. Éste, así como otros colectivos de cronistas de América Latina, contribuyó para que la crónica fuera un género autónomo.

En forma particular, en el Caribe colombiano, estudios como el de Puello (2011) nombran el periodismo literario que se produce en la región croniqueñas, o crónicas caribeñas: “Una producción cuyas particularidades se encuentran estrechamente ligadas a la representación de la cultura popular de esta área geográfica y cultural”. Según ese estudio, la crónica periodístico-literaria costeña se diferencia de otras por su contenido cultural y su estilo particular, compartido por varios exponentes de la región. Ernesto McCausland Sojo sería años más tarde uno de los herederos más ilustres de este grupo selecto de narradores.

A McCausland se le reconoció entre la audiencia de la región por representar de manera fiel el modo de ser del hombre caribe. Fals Borda (1980) describe a este prototipo como un ser de “naturaleza antisolemne, alegre, franca, directa y ruidosa” y coincide con Ferro (1981), quien afirma que el costeño es un individuo culturalmente flexible. Lo anterior, en oposición a las características que se reconocen de los “cachacos”, originarios del centro del país, a los cuales Urrego (1997) define como ciudadanos más tranquilos, pomposos y tradicionales. Sus más allegados, como Juan Gossaín, definen a McCausland como un periodista auténtico, incansable y andariego. El autor contó toda su vida las historias de esta región, nunca quiso irse de su tierra y dibujó tanto en el cine, en la literatura como en el periodismo la esencia del modo de ser costeño.

Leer la obra de McCausland es también entresacar en sus relatos su lucha sin tregua contra la enfermedad que lo afectó desde muy joven; una batalla interna que libró durante toda su vida adulta, hasta el último día de su existencia, el 21 de noviembre de 2012. Sin embargo, la discreción que lo acompañaba en su vida personal se hacía pública en los personajes y los temas de sus obras. Así es como en su variedad infinita de historias contadas en diferentes formatos —crónicas periodísticas, documentales e historias de ficción— emergen muchos otros rasgos particulares de su obra que merecen ser analizados con detalle.

 

Lina Vega-Estarita y Marta-Milena Barrios

Universidad del Norte, Barranquilla.

Acerca de esta publicación: el artículo “ La crónica en el Caribe colombiano ” de Lina Vega-Estarita y Marta-Milena Barrios, corresponde a un capítulo del ensayo académico publicado anteriormente bajo el título: “ El periodismo literario en el Caribe colombiano: Ernesto McCausland Sojo y la pervivencia de la crónica ” por las mismas autoras.

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