Periodismo

Las crónicas de Ernesto McCausland

Lina Vega-Estarita y Marta-Milena Barrios

05/10/2021 - 05:00

 

Las crónicas de Ernesto McCausland
El periodista Ernesto McCausland / Foto: archivo Fundación Ernesto McCausland

 

En la obra de McCausland, se encuentran fragmentos donde la realidad se mezcla con la fantasía. Por ejemplo, en la crónica de “El Carmen o la memoria extraviada de un cantor”, se da cuenta de las críticas que surgieron en el pueblo natal de Lucho Bermúdez por lo que consideraron fue el abandono del compositor:

Jaime Ibáñez, un carmero con suficiente sensatez emocional como para entender lo que Bermúdez significó, atribuye las infamias a “un poco de celo”. Otro lugareño condescendiente, Plinio Ferrer, habla de “criticones de parque”; […] también llegaron al extremo de plantar el temible espíritu de Lara en el cuerpo material de Vita Badel, la madre de Katia, la misma que compró hace casi un siglo la casa de los Bermúdez Acosta por 25 centavos (El Carmen o la memoria extraviada de un cantor, s. f.).”

Esta pintoresca descripción da cuenta de los mitos que aún subsisten en los municipios y caseríos del Caribe colombiano. El esoterismo y la superstición hacen parte de la cotidianidad:

Echada en el suelo hirviente del mediodía de Maicao, la india Josefa Uriana vende la contra guajira para evitar desgracias: el palice rojo contra los accidentes, la yacávaca contra las enfermedades intestinales y —la que más salida tiene por estos días— el kasuogu, que parece una arepa de maíz y que se utiliza mezclado con el perfume para el éxito en los negocios (Donde muere el contrabando, s. f.).”

En segunda instancia, en las crónicas estudiadas, se dio cuenta de una realidad incómoda: la sombra de la ilegalidad que se advierte en la vida cotidiana de los habitantes de esta sección del país. En sus historias, los personajes se ven involucrados en situaciones de corrupción, delitos, sobornos, crímenes, narcotráfico, guerras y conflictos derivados de estas actividades. Ya García Márquez (1996) lo había advertido. En Colombia, decía el nobel, “somos fanáticos del legalismo, pero llevamos bien despierto en el alma un leguleyo de mano maestra para burlar las leyes sin violarlas, o para violarlas sin castigo” (p. 11). En el caso de la crónica “Donde muere el contrabando”, McCausland retrató La Guajira como un mundo propio donde no rigen las leyes colombianas y mucho menos las universales.

Pero desde agosto de 1992, […] los camiones pueden circular a plena luz del día por la carretera destapada que une el Cabo de la Vela con Cuatro Vías, y de allí por la pavimentada hasta Maicao. Cobran doscientos veinte mil pesos por una carga de ocho toneladas de whisky y cigarrillos, y ciento ochenta por una de electrodomésticos. Los encargados de custodiar la mercancía son los llamados “moscas”.” (Donde muere el contrabando, s. f.).

De igual forma, la ilegalidad está presente en las historias del narcotráfico, un flagelo que ha azotado a este país durante más de cincuenta años. Escribía McCausland:

“Me cuenta que para la época los narcos del interior se interesaban en la Costa como un escenario de narcorutas y propiedades de recreo […] A mi informante solían invitarlo durante un fin de semana a Medellín, abordando un jet en Veracruz, estadía en el Hotel Intercontinental y las más bellas anfitrionas” (Guerra de Escobar comenzó después de Cumbre de Puerto, 2012).

Finalmente, la música fue otro de los aportes importantes de su obra, pues con ella exaltó la calidad y variedad de las representaciones de la cultura popular de la región; en especial, su afinidad con el vallenato y otros géneros, como el porro y la cumbia. Continuas referencias a la letra de las canciones, a la vida de los artistas y a los juglares más reconocidos de la Costa se encuentran en crónicas como “El cumbión de los arrepentidos”, “El Carmen, o la memoria extraviada de un cantor”, “Los Joe que yo conocí” y “Walcott en su isla literaria”. Otro ejemplo de esa fascinación es la historia del cantautor Lucho Bermúdez y su Carmen de Bolívar:

“La historia de las animadversiones contra Lucho parece calcada de tantas otras de la Colombia ingrata, […] por estas calles hirvientes creció la versión de que Bermúdez negaba a su pueblo, quizá la errónea interpretación de una famosa entrevista en la cual el maestro sostuvo que, tras la gloria de sus 320 canciones, se consideraba ciudadano de todas partes”. (El Carmen, o la memoria extraviada de un cantor, s. f.)

En su narración, McCausland deja ver en los diálogos de los personajes y en su propia voz como autor la identidad del hombre costeño. Se lee en un texto: “Y aquí estoy, bacano, bacanísimo, viéndolo venir desde el fondo del zapote de cemento con un detalle que no esperaba: un bigote negro” (Mi película con Leguízamo, junio de 2013).

Las crónicas de McCausland exhiben un lenguaje lleno de humor, modismos y anécdotas sin censura, propios del modo de ser desinhibido del oriundo del Caribe colombiano.

 

Lina Vega-Estarita y Marta-Milena Barrios

Universidad del Norte, Barranquilla.

Acerca de esta publicación: el artículo “ Las crónicas de Ernesto McCausland ” de Lina Vega-Estarita y Marta-Milena Barrios, corresponde a un capítulo del ensayo académico publicado anteriormente bajo el título: “ El periodismo literario en el Caribe colombiano: Ernesto McCausland Sojo y la pervivencia de la crónica ” por las mismas autoras.

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