Pueblos

Lo afro como lugar de pensamiento

Johari Gautier Carmona

27/05/2014 - 11:10

 

Ernell Villa AmayaEn la poesía de Nicolás Guillen reluce una parte del pensamiento afro. Un fragmento de lo vivido durante siglos, de las condiciones adversas en las que ha sombrado el pueblo afro-americano y esas luchas emprendidas, algunas victoriosas, otras por terminar.

Este espacio de pensamiento es infinito y se renueva constantemente. Se nutre de los aportes de pensadores como Martin Luther King, Marcus Garvey, Manuel Zapata Olivella, Aimé Césaire, Franz Fanon, pero también con otros oriundos del continente africano: Léopold Sédar Senghor, Lumumba, o Tabou Lansi. Intelectuales comprometidos con una causa, que han superado el concepto de frontera para alentar la formación de un nuevo territorio.

Este espacio de pensamiento afro es el que destacó el profesor de Estudios Interculturales Ernell Villa Amaya en el marco de unas conferencias organizadas por el Banco de la República de Valledupar, y dedicadas especialmente a la Afrocolombianidad.

En su intervención abundaron preguntas con respuestas evidentes, pero inevitables para entender un legado y un orden histórico. ¿Cuál es el aporte sociocultural de lo afro a la nación colombiana? ¿Cómo ha sido el proceso histórico cultural de la formación de las comunidades afro?

La trata de esclavos, la esclavitud y la post-liberalización han marcado el destino de la comunidad negra en Colombia y han moldeado inevitablemente una forma de pensar. Sin embargo, a ese modo de pensamiento también hay que darle un aspecto humano y sumarle las oleadas de inmigración negra: los desembarcos de hombres y mujeres esclavos con licencia para ser vendidos,  los hombres africanos huidos y refugiados en palenques (o territorios libres), los negros contrabandeados, e incluso podría hablarse de esos exploradores africanos llegados libremente en el siglo X, según algunas teorías brasileñas.

Cada oleada es una condición y cada condición un tipo de ideas. El esclavo africano tuvo que aguantar la barbarie de un trato supremacista, mientras que el negro libre –o cimarrón– decidió desde muy temprano que su destino era suyo y de nadie más. Por eso, en ese amplio espacio de ideas e influencias, se habla también del cimarronaje como una identidad: una expresión de resistencia que ha existido en todos los países de América donde se ha impuesto la esclavitud como modelo de desarrollo (la grandísima mayoría).

En Colombia, Benkos Biohó es el digno representante del cimarronaje pero no sólo como forma de resistencia sino también como búsqueda de la igualdad. Ése era el gran sueño de ese afro-colombiano, hijo de Reyes de África, que hizo temblar la corona española a principios del siglo XVII.

Según la teoría de Jérôme Branche, el malungaje también debe considerarse como una expresión del pensamiento afro. El malungaje es ese espacio ligado a la odisea de 2 o 3 meses que podía existir entre África y América, una etapa determinante en el que el esclavo se embarcaba en un buque para ser atado como ganado, donde perdía su identidad, se veía desposeído de su lenguaje y debía convivir con centenares de otros esclavos desconocidos con los que no podía comunicarse ya que eran procedentes de tierras lejanas y de otras etnias.

De ahí nació un lazo de solidaridad que se refleja hoy en idiomas más recientes (patois, créol, papiamento…) o incluso en la filosofía del panafricanismo. El malungaje puede considerarse hoy como una matriz que sigue activa en muchas expresiones comunitarias negras de América donde se impone la necesidad de defender y preservar una costumbres centenarias o milenarias.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

1 Comentarios


sarita 28-03-2016 07:16 PM

excelnte infirmacion

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