Pueblos

Democracia en Latinoamérica versus Democracia en España

Antonio Ureña García

06/11/2014 - 05:50

 

En la actualidad se da el hecho lamentable de que miles de latinoamericanos y latinoamericanas que abandonaron sus respectivos países en búsqueda de una mejor calidad de vida y escapando de una situación de inequidad les avocaría a la pobreza,   ahora vuelven a sufrir en España las mismas situaciones de las que pretendieron huir.  En este artículo nos proponemos analizar el porqué de esa situación.

Desde el comienzo de los estudios sobre la realidad del subcontinente, el eurocentrismo llevaba a Latinoamérica a mirarse a sí misma con ojos europeos pues, como dice el historiador venezolano Ángel Lombardi (Escritura y Compromiso),la historia de Latinoamérica -como disciplina europeísta y europeizante- se construye sobre el modelo y la evolución de la historia de Europa. Sin embargo, hoy, para entender el proceso de degradación de la democracia europea es necesario mirar a la historia de Latinoamérica con objeto de analizar las influencias neocoloniales y dentro de ellas, la presión neoliberal y la hegemonía de los mercados sobre los derechos de las personas.

Si hace algunos años nos hubiéramos propuesto escribir un artículo donde analizáramos la democracia en ambos lugares, el mismo debería tener un subtítulo parecido a “Democracia Neoliberal versus Democracia Social”; subtítulo que hoy carecería de sentido, pues los avances realizados por España desde la transición de la dictadura del General Franco, con la creación de -según afirma la Constitución Española de 1978- de un Estado Social y Democrático de Derecho, han retrocedido hasta casi su total extinción y es que, hoy en día, las características de la democracia en ambos lugares tienden a identificarse.

Como afirma Emile Sarder (América Latina, el eslabón más débil) a lo largo de décadas, todo el subcontiente se convirtió en un laboratorio neoliberal donde se pusieron en marcha experiencias que, una vez analizado su papel para la implementación de estrategias orientadas al aumento del poder de las grandes empresas y corporaciones nacionales e internacionales a costa de la destrucción del tejido económico nacional basado en la pequeña y mediana empresa; el empobrecimiento de la población en general con la proletarización y destrucción de las clases medias; la destrucción del estado de derecho y la privatización de los servicios esenciales básicos, serán puestas en marcha en Europa y dentro de ella en los países del sur del viejo continente, por lo cual la polarización N / S tan característica de la configuración económica y política del mundo, se impondrá ahora en Europa.

Durante los años 90, el neoliberalismo penetró intensamente en todo los rincones de la región, si bien ya lo había hecho de forma abrupta años antes con las dictaduras de militares; recordemos que el 11 de septiembre de 2014, se produjo el 40 aniversario del asesinato de Salvador Allende. Dicha penetración continuó con Fujimori en Perú; el PRI en México; el peronismo en Argentina bajo el mandato de Carlos Menem; pero también con partidos socialdemócratas como “Acción Democrática” de Venezuela, el Partido Socialdemócrata Brasileño o incluso partidos revolucionarios: es el caso del Movimiento Nacionalista Revolucionario, que si bien encabezó la revolución nacionalista de Bolivia en 1952 con Víctor Paz Estensoro, quien -en su cuarto mandato de 1985 a 89- introduce duras reformas neoliberales que serán continuadas por Paz Zamora, líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria.

A lo largo de estos años el neoliberalismo se convirtió en un sistema prácticamente hegemónico, llegado a afirmar Galeano (América Latina, a 30 años de la muerte del Che)  que, en estas fechas, en América Latina vivimos tiempos de desmantelamiento del Estado. La hora de la verdad: a cada uno su deuda y cada cual en su sitio. Y es que, al igual que la deuda externa obligaba a los países latinoamericanos a la aplicación de las medidas propuestas por el Fondo Monetario Internacional, el “rescate” -o la simple amenaza del mismo- obliga a los países europeos a las reformas propuestas por la Troica Comunitaria, formada por el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea.

¿Por qué se parecen tanto las medidas propuestas a uno y otro lado del Atlántico? La respuesta inmediata sería porque el FMI está detrás de las mismas, pero habría que profundizar un poco más: ¿Cuál es el origen de estas propuestas del FMI?  La respuesta es clara: el denominado Consenso de Washington. Dicho término fue acuñado en 1989 por el economista John Williamson para describir un conjunto de fórmulas propuestas por instituciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, para los países en desarrollo azotados por la crisis. Según Ramón Casilda (América Latina y el Consenso de Washington), este modelo surgió como respuesta al agotamiento del modelo vigente durante el periodo 1933-1980, conocido como industrialización mediante la sustitución de importaciones, con objeto de fortalecer las recientemente creadas economías de mercado. Dani Rodrik (¿Adiós al Consenso de Washington, hola a la Confusión de Washington?) define este conjunto de medidas como fundamentalismo de mercado, basado en tres recetas: Estabilizar, privatizar y liberalizar.

Según Casilda, en términos de crecimiento económico, reducción de la pobreza, redistribución del ingreso y condiciones sociales, los fueron resultados desalentadores. En los años noventa, el aumento real del PIB en la región fue escaso: 1 por 100 anual durante toda la década; el desempleo y la pobreza aumentaron notablemente; América Latina ingresó en el tercer milenio con más de un tercio de su población viviendo en la pobreza (con ingresos inferiores a los 2 dólares diarios) y casi 80 millones de personas padeciendo pobreza extrema, con ingresos inferiores a 1 dólar diario. Así, el propio  Williamson (La Cultura de la Estabilidad y el Consenso de Washington), define el desprecio por cuestiones relativas a la equidad como una de las características de esta política económica.

Si durante décadas se han aplicado las recetas señaladas con los resultados  que conocemos y resumidos en las líneas anteriores, ¿qué sentido tiene imponer las mismas en España? La respuesta es clara: crear un país económicamente dependiente de los designios del mercado y las grandes corporaciones económicas. De ésta manera, si analizamos la llamada recuperación económica -tan cacareada por los medios afines al gobierno español- que el país está experimentando en los últimos tiempos, nos daremos cuenta que -si bien es cierto que el consumo ha aumentado- a lo largo de los años de crisis el desmantelamiento del tejido productivo interior ha sido más que notable, lo cual ha supuesto un importante aumento de las importaciones.

Según datos facilitados por el Banco de España, la deuda externa aumentó en el primer trimestre del 2014 en 38.615 millones de euros, hasta situarse en 1,67 billones; el 163% del PIB. Ya conocemos los efectos nocivos de la deuda externa en Latinoamérica y el lastre que para su desarrollo ha supuesto. Entonces, analizando como proponíamos al principio, la historia de América Latina como herramienta para entender la situación actual de España, entenderemos el modelo de desarrollo que allí se persigue: un modelo económico caracterizado por la inequidad y la dependencia exterior; un modelo como el que campa a sus anchas en el subcontinente americano; modelo que han sufrido en Latinoamérica y están sufriendo ahora en España los miles de personas que tomaron el camino de la emigración para buscar una vida mejor, muchos de los cuales están regresando a sus países de origen.

 

Dr. Antonio Ureña

naantees@gmail.com

 

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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