Pueblos

Populismo y Caudillismo: dos constantes en la historia de Latinoamérica

Antonio Ureña García

20/11/2014 - 06:20

 

Populismos en América Latina / Foto: Letras Libres

Con motivo de las elecciones de Bolivia y Brasil celebradas recientemente y en las cuales han revalidado sus mandatos Evo Morales y Dilma Rousseff, era frecuente leer o escuchar en los medios de comunicación el carácter populista de estos políticos y cómo este mismo populismo habría sido el responsable de sus victorias.

Esta consigna populista es algo más que una estrategia electoral, pues el populismo se encuentra profundamente enraizado en el subcontinente hasta convertirse en una seña de  identidad, al actuar como contrapeso -aunque en ocasiones aliado con él- del caudillismo personalizado en mandatarios que gobernaron el país como su feudo o, más recientemente, han utilizado la televisión como si fuera de su propiedad para hablar en ella horas y horas vistiendo a todos con su color favorito.

Esta situación tiene su origen en el modo de colonización. Como dice Dabéne (America Latina en el Siglo XX) nunca fue ésta una colonia de asentamiento, manteniendo por el contrario una relación con la tierra de tipo depredador. Así, los colonizadores se asentaron en las zonas costeras, y desde allí se apropiaron de grandes extensiones del interior del continente.

De allí, la aparición de una sociedad rural profundamente desigual, presa de la anarquía tras la independencia, cuyos criterios de valor y de poder se fundamentaban en la posesión de tierras. Al ser la gran propiedad tanto el motor económico como la forma de organización social, este modelo se convierte en modelo político. Según John Lynch (Caudillos en Hispanoamerica, 1800-1850) los caudillos fueron típicamente líderes surgidos de las guerras de la independencia, de origen regional, con vinculaciones hacendiles o estancieras, sin clara visión sobre sus respectivas nacionalidades, capaces de movilizar a sectores populares, y que gozaron o perdieron el poder como resultado de actos de fuerza.

Por su parte, el populismo ha sido un concepto manejado por científicos sociales para referirse a fenómenos políticos que definimos con Patiño (El líder y el proyecto populista latinoamericano) como una dimensión de la acción política que se materializa a través de un discurso, estilo y forma de hacer política frecuentemente demagógica, adoptada por ciertos líderes y movimientos para conquistar votos, conseguir apoyo popular y materializar el poder político. El populismo se desarrolló en la región a partir de los años 30 como un mecanismo para controlar las poblaciones marginales que deseaban incorporar a la vida urbana. El general Juan Domingo Perón en Argentina o Getulio Vargas en Brasil son ejemplos de este período, cuyas reformas se vieron entorpecidas por el miedo que la irrupción de millones de pobres políticamente indisciplinados producían a los grupos más acomodados; sin embargo, el populismo en general supuso algunos logros, como desarrollar el sentido de inclusión social, así como la autoafirmación nacional de los países de la región. 

Sin embargo, el populismo en Latinoamérica no ha desaparecido, siendo -por el contrario- capaz de adaptarse a los nuevos escenarios histórico-políticos. Así, en los años 80 del siglo anterior, podemos encontrar personajes como Menem, Fujimori, Salinas de Gortari y Collor de Melo, que se convirtieron en los estandartes del liberalismo en sus respectivos países, con la apertura de los mercados y la entrada de capital extranjero sin ningún tipo de regulación. De aquí que esta etapa del populismo sea conocida como ciclo populista liberal o neopopulista, al convertirse en un aliado del sistema neoliberal, posibilitando las reformas estructurales que posibilitaron su desarrollo en los respectivos países.

Por otro lado, y gracias al desprestigio de las instituciones de representación tradicional y a su incapacidad para responder a las demandas sociales; a los efectos del libre mercado; al desmantelamiento del antiguo modelo de desarrollo y al desencanto de los ciudadanos por la política, surgieron en los 90 una nueva generación de neopopulistas, si bien con uno discurso diferente, con unas prácticas y resultados parecidos a los de décadas anteriores.  Son Chávez, Correa, Morales  que -de la misma forma que sus antecesores- se presentan como los únicos con capacidades suficientes para resolver los problemas de su sociedad culpando al “enemigo” –el discurso belicoso no es ajeno a estos personajes– y utilizando sistemáticamente el clientelismo y la dádiva como método para lograr el apoyo de los sectores populares. 

Si el Caudillismo es consecuencia de la Colonia, es -en buena parte- por la nula organización desde la metrópoli de instituciones propias y con creciente independencia de la misma. Excluidos durante siglos de la actividad política, los criollos al asumir el poder después de la independencia tienen que ocupar sin la preparación necesaria los cargos de legisladores, magistrados, administradores del erario, diplomáticos, generales, y cuantas autoridades forman la jerarquía de un Estado organizado.

Ante tal situación hay autores -como el venezolano Laureano Vallenilla Lanz, Ideólogo del régimen del general Juan Vicente Gómez- que definen el gendarme necesario como garante de la conservación social que -en una primera fase- no podía asegurarsepor las leyes, sino por caudillos prestigiosos que actuasen con mano dura contra las bandas que asolaban los campos, saqueaban e incendiaban las poblaciones, vejaban a las autoridades, y asesinaban a los blancos, hasta lograr una organización necesaria para que el país funcionara con cierta normalidad.

Esta teoría explicaría que -personas que han luchado por la libertad del continente como el propio Bolívar, Páez o Bernardo O’Higgins- asumieran el poder de manera autoritaria. Pese a haber asumido modelos constitucionalistas tomados de la Revolución Francesa y Estados Unidos, con la idea de que estos modelos fueran asumidos por la nueva élite criolla,  por el contrario se encontraron con  un “vacío de poder” que hizo necesario que tomaran las riendas del mismo. Esta teoría de los gendarmes necesarios interiorizada en la conciencia social latinoamericana puede explicar el surgimiento de personajes como el Comandante Hugo Chávez, un líder personalista con  rasgos autoritarios y militaristas cuyo ejercicio en el poder va más allá de la sujeción a las leyes. Recordemos sus intentos de reformar la constitución que él mismo había promovido, para lograr un “presidencialismo perpetuo”.

Por muy interiorizado que esté el caudillismo en Latinoamérica, también existe otro modelo, como el creado por el propio General San Martín, con sus aspiraciones de gobernante con respeto a la legalidad, a la separación de poderes, renunciando a las pretensiones personalista[1]. Este es el modelo que es necesario rescatar para evitar que el caudillismo y su contraparte -el populismo- sea los modelos de referencia histórica para la región.

 

Dr. Antonio Ureña García



[1] Cft: SUÁREZ MOLANO, J. O. (2006) Caudillismo político latinoamericano: ¿Legitimación o aberración?, en: Primer Congreso de Ciencia Política de la Universidad de los Andes; en: http://congresocienciapolitica.uniandes.edu.co/

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

2 Comentarios


Alberto Campos 20-11-2014 07:54 AM

El populismo y caudillismo como resultado de un vacío de poder y de gente preparada... Interesante teoría.

jairo tapia 23-11-2014 10:40 AM

*Si el caudillo y su gabinete es absuelto por la historia, la bondad de su legado en obras y progreso en general, caso Vietnam, Corea, los Emiratos, España socialista y demócrata, el imperio que surge con Truman y Roosevelt, todos los titulares actuales y los libros de historia les dan una lectura benigna; de modo que toca esperar a ver, unos lustros, para ver si esto ocurre con Agentima, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua, y los otros países que adopten el progresismo; ¡Bon Sort!!

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