Pueblos

Un zenú y su espinosa tarea de trenzar y vivir

María Ruth Mosquera

12/02/2016 - 04:50

 

Foto: Luifer Malagón

Camina para allá y camina para acá, cargando una pila de sombreros vueltiaos que ha trenzado con su familia, con la esperanza de vender al menos uno para suplir las necesidades básicas de la casa y comprar los insumos que le significan la continuidad del oficio heredado de sus ancestros. Pero la venta ha estado pesada, los compradores escasean y “a veces toca traerlo pa’ atrás”.

Así es como se les van los días a Miguel Padilla, trenzando las tiras de fique, encomendándose a sus antepasados para que intercedan y resulten compradores, viviendo un día a la vez, convirtiéndose en un erudito del arte de estirar los recursos para que alcancen para todo lo que tienen que alcanzar, sin morir en el intento de mantener en pie a una familia conformada por una esposa y cuatro hijos, y mantener -al tiempo– salvaguardada la tradición zenú de fabricación del sombrero vueltiao,

La situación de Miguel no es distinta a la de cientos de artesanos zenúes, indígenas de otras etnias y artesanos no indígenas que habitan el territorio colombiano y que, a través del tiempo, han tenido que enfrentarse a las dificultades que para ellos representan las dinámicas del comercio a gran escala, bien sea con el sombrero vueltiao, en este caso, o en otros productos como hechos a mano.

El desequilibrio entre la inversión y las utilidades es colosal: Miguel Padilla ha pactado con un cliente la venta de un sombrero en 150 mil pesos. El negocio está hecho, la palabra ha sido comprometida, por lo que el artesano se esmera para tener el producto en la fecha indicada. Él, su mujer y sus dos hijas mayores se entregan al trenzado de las 21 tiras, que luego deben mandar a coser para tener listo su sombrero y poder cobrar. Pero una vez está listo el producto, el comprador  anunciado incumple y le toca a Miguel salir a buscar cómo vender el sobrero, esta vez por lo que le den, pues las urgencias son así: Urgentes… Finalmente, lo vende en 70 mil pesos, menos de la mitad de lo que esperaba.

Es un precio que duele, cuando se mira desde el espinoso trabajo que conllevó la elaboración del producto y también a la luz de los altos precios conque estos sombreros se comercializan, por ejemplo en el portal Mercado Libre, donde se observan ‘ofertas’ de sombrero de 21 vueltas desde 199 mil pesos, y de 31 vueltas desde 799 mil pesos.

Se conocen testimonios de artesanos de la etnia Zenú, según los cuales, para elaborar un sombrero de 21 vueltas, una familia pequeña puede demorar hasta 15 días; un mes si es de 23. Como puede verse, el precio de este varía de acuerdo con la cantidad de vueltas que tenga, que pueden ir desde las 15 o quinceano, pasando por 21, 23, 27 hasta llegar a 31.

Es esa ardua tarea de los fabricantes del sombrero vueltiao, la que evidencia el documental Trenzar y Vivir que se estrena en el Canal Regional Telecaribe, bajo la dirección de Luis Fernando y Laly Malagón, y la producción de Alejandra Murgas. “El documental cuenta parte de la situación que viven los artesanos zenúes en Córdoba, dueños ancestralmente del sombrero vueltiao”, explica Luis Fernando, quien es un comunicador social y promotor cultural, con un destacado trabajo en el mundo audiovisual. Este director habla también de “la devaluación que ha tenido este producto en el comercio, respecto a las ganancias de los artesanos porque en el comercio nacional o internacional es carísimo, pero a ellos les pagan una tristeza”.

El film pone de presente los efectos culturales que se desprenden de la desvalorización del negocio para estos artesanos, lo cual afecta en forma directa la continuidad del legado, por parte de las nuevas generaciones, que observan a sus padres -y lo viven en carne propia– invertir tiempo, talento y fuerzas en un trabajo que a la postre no les genera los ingresos suficientes para cubrir las necesidades del hogar. “Sus hijas ya no quieren trenzar porque  se dan cuenta de la difícil situación, que de eso no se vive, ya conociendo el mundo moderno han tenido la idea de querer salir estudiar como lo han hecho otros niños de su comunidad”, expone Luis Fernando y añade que “Miguel insiste en que desea darle lo mejor a sus hijos, pero también quiere salvaguardar la tradición, aquello que le han enseñado sus padres”, y esa es la dicotomía que debe enfrentar.

Trenzar y Vivir es una producción que muestra la riqueza cultural de la región sabanera y los paisajes decorados con los tendidos de fique, amenizada con porros, tan emblemático en la región como el mismo sombrero vueltiao.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya

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