Pueblos

“África lo que te da es esperanza”: Chema Caballero

Johari Gautier Carmona

17/10/2018 - 04:35

 

“África lo que te da es esperanza”: Chema Caballero
Chema Caballero en Madrid / Foto: Johari Gautier Carmona

A la salida de la estación de metro Antón Martín aparece Chema Caballero. Saludo sentido, mirada sincera, y paso rápido, el viajero extremeño nos señala un primer bar donde nos recomienda una buena cerveza, de aquellas que hacen que el diálogo sea algo tan natural como el quedarse sentado en esa terraza abierta.

El hombre que llegó a África en el año 1992 en calidad de misionero, sigue descubriendo el continente africano con los mismos ojos encandilados, el mismo asombro, pero ahora de manera independiente, asesorando sobre la viabilidad de ciertos proyectos de cooperación.

Algo nos sugiere que este encuentro también es una parada corta para él, una breve pausa. Un momento para reencontrarse con la realidad española antes de volver a sumergirse en las profundidades del gran continente negro. Su mochila en el hombro es otra señal. Chema es un viajero por esencia, y su sentimiento nómada quizás sea otro de los elementos que lo acerque a África.

Tras conversar sobre los cambios poblacionales que ha experimentado España en las últimas décadas, sobre la forma en que África ha ido encajándose en las programaciones culturales, y algunos planes personales (como el deseo de editar obras literarias africanas en español), nos sentamos en el interior de un bar llamado “Tomates verdes fritos” en el barrio de las Letras de Madrid. Ahí empieza a grabarse esta entrevista en la que queda reflejada su relación con África.   

¿Qué representa para ti África desde el punto de vista existencial?

Es una pregunta muy amplia, pero África para mí es todo. Llegué a África en el año 92 y, desde entonces estoy vinculado a África. Yo no me entendería a mí mismo sin África. Me ha dado vida, me ha dado familia, me ha dado amigos, me ha dado todo. Encima, me da esas ganas de vivir, porque África, cuando vas y sigues viajando continuamente a ella, te da esa sensación de que hay esperanza. Siempre nos han transmitido esa imagen negra -nunca mejor dicho-, de África, y la realidad es que África lo que te da es esperanza, porque las cosas cambian, porque funcionan mejor, y la gente se organiza, y la gente lucha por cosas distintas. Es diferente a lo que vivimos en esta parte del mundo quizás.

Cuando tocas suelo africano, ¿qué es lo que te hace sentir que tenías que volver?  

Pues yo creo que, sobre todo, como en muchos sitios, no solamente en África, son las personas. En el fondo, son las personas que te hacen volver. Las situaciones también. En África, es la fuerza que transmite la gente y, sobre todo, la juventud africana. A mí eso me da muchas ganas de vivir, de seguir adelante con esperanza. Las cosas pueden ir a mejor. Quizás aquí en Europa estamos como que todo está yendo atrás con todo ese surgimiento de la extrema derecha o las políticas anti-inmigración. En cambio, en África es todo muy positivo, como para ir adelante: “Hago un esfuerzo para cosas distintas, hago un esfuerzo para que mi hijo estudie, para conseguir un trabajo mejor, para que mi país vaya adelante”. Esa energía que transmite te da ganas de ser distinto.

Hablábamos un poquito antes de que los medios de comunicación tienden a quedarse con lo malo de África, pero están pasando cosas buenas…

El imaginario que tenemos de África se funda siempre sobre lo negativo, porque es lo que llama la atención. Ver las muertes, las enfermedades… Yo pienso que es porque África la vemos como muy alejada, algo exótico. También creo que tienen mucho que ver las ONGs con la imagen que tenemos de África, porque a las ONGs les interesa que África esté mal. Si dices que un niño está muriéndose, me das cinco euros y ese niño se salva. Y si dices que este niño está yendo al colegio, pues a lo mejor no le das los cinco euros.

Cuando los periodistas no hacen su trabajo de transmitir el África real, cuando los periódicos no están realmente preocupándose en decir qué es lo que está pasando en este continente, entonces las ONGs se encargan de llenar este vacío y nos están transmitiendo esa imagen. Después, los pocos periodistas que viajan a África, viajan patrocinados por ONGs, con lo cual te cuentan lo mismo que las ONGs. Siempre estamos contando historias como “qué pena el niño que no come”, o “la mujer violada”, y no contamos el día a día.

En África, de 54 países sólo 14 están en guerra. Y sin embargo, asociamos África únicamente con la guerra. No nos damos cuenta que hay unos países donde se están dando unos cambios sociales fuertísimos. Países como Ghana, como Senegal, Tanzania, Nigeria, están haciendo una inversión altísima en infraestructuras, educación, música, cultura. Puedes llegar a ciudades donde se respira teatro, poesía. Esto es algo maravilloso, pero no lo contamos porque no nos interesa y porque no vende. Además, desde España, África es una amenaza porque la asociamos con inmigración, con lo cual los medios de comunicación, que son empresas privadas, controladas por grupos que también tienen muchos intereses con la venta de armas y sobre todo en las empresas de control de fronteras, les interesa vender esta imagen negativa. Cuantos más peligros nos inventemos, más vamos a decir: “defiéndeme contra esta invasión”. Estamos transmitiendo esta imagen distorsionada, que no es verdad. La realidad de África es muy distinta.

Camerún es el último país que has visitado, ¿cómo se proyecta este país? ¿A qué aspira?

Date cuenta que Camerún es un país muy diverso. Lo llaman “La Petite Afrique” (la Pequeña África) porque se supone que ese país resume todo el resto de África. En el extremo norte tienes desiertos, hasta las selvas tropicales del sur. Es un país inmenso, que ha tenido dos grandes crisis: una en la parte anglófona que busca su independencia, y otra en el extremo norte donde se concentra el conflicto de Boko Haram.

El resto del país –la gran parte- vive en la normalidad, pero pasa que tiene un presidente, Paul Biya, con 36 años en el poder. Un verdadero dinosaurio. El pasado 7 de octubre hubo elecciones y ha vuelto a ganar por un periodo de cinco años. Esto significa que no hay libertad en el país, que no hay oposición, que hay falta de democracia, pero al mismo tiempo, cuando viajo a las grandes ciudades, ves cómo los jóvenes –sobre todo a nivel universitario- se están organizando, se están despertando, están pensando que las cosas pueden mejorar, y esto es algo también ocurre en Burkina Fasso, Senegal, en República Democrática del Congo, Togo…

El papel que juegan las redes sociales es muy importante, por ahí se están convocando reuniones y manifestaciones, y por eso los gobiernos tratan de controlar las redes. Mi análisis de lo que ha pasado en Camerún ahora, es que estas últimas elecciones del 7 de octubre las ha ganado Paul Biya, serán 5 años más, 41 años en el poder para este presidente, un récord posiblemente -sólo lo supera Obiang en Guinea Ecuatorial-, pero al mismo tiempo esto ha generado que los jóvenes se organicen y que la gente empiece a interesarse por la política. La gente piensa “si yo no voto, si no participo, las cosas no van a cambiar”. En África se identifica mucho la política como cosa de viejos, pero los jóvenes se están implicando cada vez más y esto es algo muy positivo.     

Has mencionado el término de “Petite Afrique”, algo destacable. ¿Cómo ves esa multiculturalidad desde dentro? ¿Puede considerarse un ejemplo de paz?    

¡Y de riqueza! Me parece que es algo muy interesante. Te doy un ejemplo. En Yaundé o Duala es imposible entender a la gente porque, cuando hablan, mezclan el francés con el inglés, el pinyin, y lenguas locales. Y piensas: ¡Qué maravilla! Estás hablando y estás cambiando de idioma, y qué facilidad. No hay ningún problema con esas cosas. Es una de las grandes riquezas de África. Muchas personas creen que tanto idioma es un obstáculo, al revés: en África nunca lo ha sido. Están esas lenguas francas que se han creado en distintos países, o está la facilidad de aprender otros idiomas, y la gente se comunica sin dificultades.

Aquí en Occidente a nosotros nos cuesta mucho aprender lenguas o pensamos que todo el mundo debe hablar nuestro idioma, en cambio en África ven la diversidad como algo natural y eso te muestra la facilidad de convivir -eso de que en África las guerras son étnicas, es mentira. No hay ni guerras étnicas ni guerras de religión, son intereses económicos-. Por siglos la gente ha convivido, vivido, compartido, independientemente de la raza, las religiones o el idioma.

También el concepto de la tierra es diferente…

Fíjate, un bueno ejemplo son los pigmeos bakas. Estuve comiendo con ellos, escribimos un libro sobre ellos, y me gustó mucho cuando me explicaban su relación con la selva. Me decían: “Nosotros no vivimos en la selva, nosotros somos parte de la selva. La selva es la manifestación de Dios”. Esa mística o comunión, como se diría en términos católicos, es poderosa, porque tú eres parte de él, es como tu cuerpo, tú cuidas tu cuerpo… Entonces, vives en la selva y coges lo que necesitas, pero no la explotas o la maltratas. Eso creo que es una realidad muy africana, la Tierra es parte de ti, tú eres parte de la tierra, la cuidas y convives, y tú eres porque eres parte de todo esto. La tierra es familia y tú perteneces a esta familia. Es muy normal que, de repente, durante las fiestas de cosechas, las familias vuelvan a su aldea para recordar a los antepasados. Hay ese respeto, también muy ecológico. Nosotros hemos perdido esa conexión con la tierra y, por lo tanto, explotamos y destruimos.

Finalmente, ¿qué perspectiva hay desde Camerún sobre lo que es Iberoamérica, tanto la actual como la pasada?

Curiosamente, Camerún es uno de los países que más estudiantes de castellano tiene en África. Puedes llegar a esas aldeas perdidas, las más alejadas, y te encuentras en un instituto o liceo a profesoras enseñando español a los niños. En varias universidades, hay filología hispana, algo que me ha sorprendido mucho, y cada vez hay más conciencia a nivel universitario de que aquí (desde África) ha salido mucha población esclava y ha ido hacia Latinoamérica. Y de repente, hay como ese interés de conocer Colombia. Hay esa sensación de que todo el mundo llegaba a Cartagena de Indias, que posiblemente sí haya llegado mucha, pero no solamente a Cartagena. Y está latente ese deseo de hacer lazos con Latinoamérica.

Date cuenta que, en los últimos años, Iberoamérica está haciendo mucha inversión cultural en África. Instituto Caro y Cuervo están en países como Costa de Marfil de la mano del Instituto Cervantes de España promocionando el castellano y también, en este caso, la cultura colombiana. Brasil en los últimos años ha hecho un esfuerzo muy grande de penetrar en África, con un programa que se llama Cooperación Sur-Sur y compartiendo soluciones que han funcionado en América Latina a nivel de ciudades. Por lo tanto, sí es verdad que hay cada vez más interés en lo que está pasando en Latinoamérica y, sobre todo, a nivel de las universidades, se están estudiando más soluciones latinoamericanas para implementarlas a nivel africano.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

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