Pueblos

El poder simbólico del hierro en las sociedades africanas

Johari Gautier Carmona

20/02/2020 - 04:15

 

El poder simbólico del hierro en las sociedades africanas
Hacha que combina madera y hierro expuesta en la exposición "Frapper le fer" en el museo de Quai Branly en Paris

Pocos materiales son tan sugerentes en imágenes y sensaciones como lo es el hierro en África. Sobre este metal se edifican multitudes de identidades y cosmovisiones que todavía son perceptibles en muchas regiones. Sobre él se han construido grandes y poderosos relatos.  

Por medio de una serie de conferencias tituladas “Las rutas del hierro en África[i], la UNESCO destacaba en 1995 la necesidad de mantener vivo este gran legado patrimonial en la conciencia de los pueblos africanos, para, de esta forma, favorecer un desarrollo más sostenible. También mencionaba el creciente interés de ciertos científicos e industriales por el hierro africano.

Este interés de la comunidad científica se ha manifestado más recientemente en exposiciones como la que inauguró a finales del año 2019 el museo de Quai Branly (en Paris): “Golpear el hierro: el arte de los herreros africanos[ii] en donde se explica claramente cómo el control de las técnicas de hierro ha transformado profundamente el África negra.

La mayoría de los investigadores estiman que los pueblos africanos empezaron a transformar el hierro hace 2500 años. En unos primeros estudios se consideró que los primeros barruntos de hierro llegaron a Egipto importados por los asirios desde Asia[iii], que remontaron el Nilo hasta Meroe, y que, de ahí, el arte de la metalurgia se expandió hacia el resto del continente.

Más adelante, Jared Diamond[iv] y otros investigadores argumentaron científicamente que la tecnología del hierro no procedía de Asia, sino que el continente africano había desarrollado su propia técnica siderúrgica para tratarlo y transformarlo[v].

Independientemente de cómo y cuándo se fortaleció la transformación del hierro en África, es innegable que la técnica metalúrgica fue rápidamente adoptada y difundida. Uno de los primeros pueblos subsaharianos en dominarla fue la cultura nigeriana Nok[vi] entre 500 a.C y 200 d.C, y más adelante se consolidaron los sitios de mayor producción: Kamilamba (en la actual República del Congo) entre el siglo VIII y X, y el Gran Zimbabwe entre el siglo XIII y el XIV.

En la actualidad, el Gran Zimbabwe es considerado el sitio más rico en ruinas del África subsahariana, y posiblemente uno de los lugares más emblemáticos del África antigua para el aprovechamiento del hierro. En los siglos XIV y XV, cuando era el centro de un Estado poderoso, su población superó los 10.000 habitantes. El número considerable de azadas descubiertas cerca del gran recinto, confirma que el hierro permitió que la agricultura nutriera a miles de personas.

Pero esto sólo es una leve porción de la influencia del hierro en el mapa africano. El valor del hierro también fue perceptible a lo largo y ancho del continente, y desde otras perspectivas sociales mucho más complejas. Numerosas sociedades africanas usaron las formidables innovaciones de los metalurgistas para explicar los orígenes del mundo, y por lo tanto, los objetos de los herreros se volvieron objetos de veneración y oración, “porque la vida puede ser precaria y la comunicación con los ancestros debe ser mantenida”[vii].

Figura bovina expuesta en el museo de Quai Branly. Artista desconocido (reino de Karagwe, Tanzania)

El hierro como símbolo divino

En las sociedades antiguas africanas, las personas que saben moldear el hierro se acercan inevitablemente al poder de los dioses. Un ejemplo se encuentra en la mitología del pueblo dogón (en la región central de Malí) donde el Ser supremo, Amma, se enfureció al constatar que un protohumano (o Nommo) se rebeló y robó un pedazo de sol para llevarlo a la tierra junto con otros elementos indispensables para la vida humana. Como consecuencia, Amma lanzó el rayo sobre el infractor que huía, aplastó su arco y provocó la dispersión de las plantas, los animales y los seres humanos.

Esto explica que los herreros dogones sean venerados: ellos se sirven del fuego para producir objetos rituales y herramientas agrícolas, y esta forma de concebir el mundo impactó inevitablemente al primer antropólogo europeo que convivió con los dogones (el francés Marcel Griaule), quien dedicó los últimos 25 años de su vida al estudio de este pueblo africano y reconoció la influencia de la era del Hierro en sus hábitos culturales[viii].

Por su lado, la mitología de los Soninké –establecidos entre Senegal y Mauritania– ubica el herrero en un lugar especial de la creación. “Dios creó al herrero antes que al hombre para que este último y sus descendientes pudieran vivir y honrarlo”, explica Serge Latouche[ix] en su obra “La otra África”. Esta posición privilegiada, sin embargo, se vio afectada cuando los colonizadores europeos inundaron los mercados africanos con hierro barato (obligando así los herreros a dejar de trabajar el metal con toda su complejidad para recrear simples joyas).       

Pero el hierro hace también oficio de intermediario para activar los poderes de los espíritus. En la población mumuye de la provincia de Benué, en Nigeria, los “hacedores de lluvia” se consideran poderosos protectores de la comunidad. En los ritos, sus súplicas necesitan un ramillete de hierro con forma de “zigzag” que recuerda los rayos o el movimiento repentino de una serpiente (que también son presagios de lluvia). El hierro se ilustra, pues, como un destacado transmisor o difusor de peticiones. Ayuda a mantener abierta una puerta sobre el cielo y a convencer los dioses de la importancia de mirar hacia abajo.  

El hierro como testigo de cambio en la vida de los individuos

El hierro interviene en muchos ritos que marcan los cambios de edades y de etapas existenciales en las sociedades del África subsahariana. En el norte de Camerún, en los montes de Mandara y en el valle del río Gongola[x], al noreste de Nigeria, por ejemplo, los jóvenes hombres y mujeres se visten de hierro durante las ceremonias que marcan el paso a la edad adulta. Esto sugiere una relación simbólica entre los cambios físicos y sociales que impone la edad, con los mismos procesos de fundición y forja. El hierro se transforma, se fortifica, asume nuevas habilidades, al igual que el hombre o la mujer en la sociedad.

De un modo parecido, los collares de las mujeres himba (originarias de Namibia y Botswana) reflejan la edad de quienes las ostentan, pero también el paso de una etapa biológica a otra, o el ascenso de rango social. Una vez casadas, las mujeres reciben collares adicionales con ornamentos lujosos. Después del nacimiento del primer niño, estos ornamentos se completan con un cinturón (epanda).

El hierro se reviste aquí de una función testimonial. Es un testigo inalterable de los cambios. Un observador del tiempo que pasa y un garante del orden: el hierro se queda inmutable, mientras que el ser humano crece y muere. 

Conjunto de de herramientas, collares y puñales africanos expuestos en el museo Quai Branly

El hierro como moneda de cambio

En su investigación sobre los pueblos bantúes, el profesor Manuel Sánchez-Elipe resalta el sistema de matrimonio conocido como “bridewealth” en inglés, que podría traducirse como “compra de la novia” al castellano: un procedimiento muy extendido en el África subsahariana –particularmente en el pueblo fang, que estudió en detalle–, donde el futuro marido compensa a la familia de la novia por la pérdida de esa fuerza de trabajo (esto también significa la renuncia de la familia de la novia a ejercer derechos de filiación sobre su hija y sus descendientes)[xi].

El hierro es sinónimo de productividad y eficiencia. Es garante de una tecnología robusta y previsible que brinda claros resultados en el campo agrícola. Esto permite entender la aceptación de muchas familias por esta moneda de cambio: una herramienta agraria les permite, de algún modo, colmar el vacío causado por la partida de una mujer.

En la actualidad, sin embargo, aunque esta práctica siga muy viva, el hierro desaparece paulatinamente de los intercambios. “Los bienes que componen el pago han cambiado desde tiempos precoloniales; hoy el dinero en metálico, las bebidas alcohólicas, algunos animales y bienes de consumo -televisiones, ordenadores, coches, etc…- conforman la mayor parte de los bienes demandados”, explica Manuel Sánchez-Elipe.

El hierro como reflejo de poder y prestigio  

Quizás el más claro de los simbolismos tenga que ver con el poder y el prestigio social. Algunas sociedades crecieron sobre la idea de que el hierro era un elemento vertebrador del poder, tanto por la técnica que requiere para moldearlo como la fuerza que otorga en el campo de batalla.

En la sociedad Bamana (en el actual Malí), por ejemplo, la importancia de los herreros ya fue subrayada en las tradiciones orales, y más específicamente en la epopeya de Sundiata Keita, Mansa de Malí, que describe la fundación del Imperio de Malí. Los herreros bamana dirigían una poderosa sociedad iniciática, el Kómo, que enseña a sus miembros a canalizar las energías excepcionales llamadas “Nyama” para tratar los problemas personales, sociales y espirituales. El Kómo[xii] implicaba obligatoriamente tres poderes: los jefes herreros, los objetos de poder (máscaras, etc…), y los espíritus de la naturaleza salvaje.

Por otro lado, está el control de los yacimientos de hierro, y su desarrollo comercial y técnico. La correcta administración de estos elementos ha favorecido, en el plano estratégico y militar, el ascenso de ciertos Estados de África central.

Esta tendencia puede constatarse especialmente en el periodo precolonial, cuando las cuchillas de hierro y armas se convirtieron paulatinamente en moneda de cambio en bodas, litigios, rescates para liberar a guerreros, compras de caballos, esclavos, y otros bienes preciosos. Algunos pueblos como el reino del Congo (en la actual Angola y República del Congo), se beneficiaron de los intercambios con los portugueses y fueron adaptando sus armas durante ese periodo de reciprocidad.

El reino de Congo surgió en torno a los años 1350, pero se consolidó notablemente a partir de 1482 con la llegada de una expedición naval portuguesa dirigida por Diogo Cäo[xiii] a la altura de la desembocadura del río Congo. La idea de los europeos era abrir una vía directa a la India para evitar la tradicional ruta de la seda (contralada estrictamente por el imperio otomano y otros reinos musulmanes), y, tras recorrer el río, se quedaron impresionados por las riquezas del reino y de su capital Mbanza Kongo.

Después de este primer contacto, se firmaron en 1487 acuerdos de amistad que fomentaron intercambios de materiales y relaciones diplomáticas. A cambio de convertirse al cristianismo, los congos recibieron la visita de albañiles y carpinteros lusos, mientras que jóvenes de la corte africana viajaron a Portugal para estudiar. El hierro se impuso inevitablemente en estos canjes: los congos recibieron cantidades ingentes de ese metal y armas ya elaboradas que les otorgó una ventaja decisiva para derrotar a pueblos enemigos (como el reino bateke). Hoy en día las “espadas de honor” del reino congo son un testimonio de la asociación entre el hierro local y las armas de la caballería europea, pero también un símbolo de un dominio en la región.

En otros pueblos, como el karagwe, en el norte de Tanzania, los reyes adoptaron también el papel de herreros en su afán de asumir un poder absoluto y fortalecer al mismo tiempo su economía. Durante su reinado, de 1820 hasta 1853, el rey Nadgara contribuyó al esplendor de una región que alberga algunos de los sitios de fundición más antiguos del África oriental. En su afán de grandeza, Nadgara se convirtió en un prodigioso herrero[xiv] y fabricó un enorme tesoro que incluye armas, banderas, yunques y esculturas de ganado. De esta manera incentivó otros individuos a producir en gran escala permitiendo que el reino se integrara a las rutas comerciales que conectaban a Uganda con la costa del océano Índico. Sin lugar a dudas, el hierro marcó los tiempos más prósperos de Karagwe y de la región oriental.  

 

El hierro como sonido musical

Más allá de todas las connotaciones sociales y económicas, tal vez el rasgo más voluptuoso e hipnotizador del hierro tenga que ver con los instrumentos musicales. Las sonoridades producidas por el hierro, golpeado, pellizcado, o frotado, sin recurrir a cuerdas o membranas, acompañan desde muchos siglos atrás los bailes y ritos africanos. Las campanas, los raspadores, y sonajeros dan a las recitaciones y ceremonias una dimensión sonora superior. Muchos consideran que sus armonías redentoras proceden a menudo de poderes místicos o sobrenaturales atribuidos al hierro.

La Kalimba[xv], también conocida como “mbira” o “piano de pulgares”, surgió en un principio en la región Shona (Zimbabwe actual) con láminas de bambú. Luego, se adaptó a los cambios sociales e integró el hierro en su diseño, multiplicando así la hondura y solemnidad de sus sonidos.

En Europa, este instrumento se mantuvo desconocido hasta 1920, año en que el etnomusicólogo Hugh Tracey se estableció en Rodesia del Sur y lo grabó. Pese a ese descubrimiento tardío, el instrumento se mantuvo durante siglos sentado en el centro de ciertas costumbres. Primero se utilizó para comunicar con antiguos líderes o guerreros, y, luego, fue interviniendo en ritos para atraer o detener las lluvias (según la época del año), ahuyentar espíritus, despedir a los fallecidos o curar los enfermos. El poder mágico de su sonoridad metálica fue afianzándose y penetrando poco a poco los distintos círculos sociales.  

Por su sonoridad envolvente y cósmica, por su calidez y misterio, el hierro no solamente contribuye a enardecer el ambiente musical, sino que también facilita el acercamiento de la herrería con la población, los antepasados y las divinidades. El hierro destaca entonces como agente reunificador. Es el promotor de un entendimiento o de una concertación. De esta manera revive la idea de que el hierro no es todo, pero todo parece concentrarse en él.

 

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier 

Referencias:


[ii] Golpear el hierro: el arte de los herreros africanos. Museo Quai Branly, Paris, Francias.

http://www.quaibranly.fr/es/exposiciones-y-eventos/en-el-museo/exposiciones/detalles-del-evento/e/frapper-le-fer-38473/

[iii] África en los inicios del metal. Revista Artehistoria.com

https://www.artehistoria.com/es/contexto/%C3%A1frica-en-los-inicios-del-metal

[iv] Jared Diamond, Guns, Germs and Steel: The Fates of Human Societies, 1997

[v] Las contribuciones de África a la humanidad. Mervyn Claxton. Alainet.org. 03 de agosto de 2011

https://www.alainet.org/es/active/48471 

[vi] La brillante civilización Nok de Nigeria (500 A.C). Portal Historia de África y de los pueblos negros.

https://historiadeafrica.com/la-brillante-civilisation-nok-du-nigeria-500-avant-jc/

[vii] Citación de la exposición “Golpear el fuego”, museo Quai Branly, Paris, Francia (noviembre 2019-abril 2020).

[viii] El país Dogón, reliquia antropológica. Revista Viajar. El Periódico. 05 de marzo del 2008.

https://viajar.elperiodico.com/destinos/el-pais-dogon-reliquia-antropologica 

[ix] La otra África. Autogestión y apaño frente al mercado global (1997). Serge Latouche. 

[x] Ejemplo destacado en la exposición “Golpear el fuego”, museo Quai Branly, Paris, Francia (noviembre 2019-abril 2020)

[xi] Las comunidades de la era del hierro en África centro-occidental: cultura material e identidad. Manuel Sánchez-Elipe Lorente (Tesis doctoral). Universidad complutense de Madrid (2015).  

[xii] Los Bambara: historia y arte (Bamana, Baumana, Banbara)

http://www.arteetnicoafricano.com/etniasafricanas/etnia-bambara.aspx

[xiii] Portugueses en el Congo: de la alianza a la opresión. Revista Historia, National Geographic. 14 de mayo de 2018. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/portugueses-congo-alianza-a-opresion_9157/1  

[xiv] Kingdom of Karagwe. The University of Iowa. Art & Life in Africa https://africa.uima.uiowa.edu/peoples/show/Karagwe

[xv] La historia de la kalimba. Kalimba, web especializada en kalimbas.

https://www.kalimbas.site/historia-de-la-kalimba/

 

2 Comentarios


Berta Lucía Estrada 21-02-2020 11:04 AM

¡Excelente artículo! Lo disfruté mucho. Para las personas que se interesen en el origen divino de la Herrería les aconsejo la lectura del Chamanismo y las técnicas arcaicas del extasis; una obra maravillosa sobre la antropología cultural.

Berta Lucía Estrada 21-02-2020 11:06 AM

El chamanismo y la técnicas arcaicas del extasis, de Mircea Eliade

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