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¿Cómo revalorizar la identidad del Ser sabanero? Reflexiones pertinentes de un activista cultural

Jorge Mario Erazo

16/06/2020 - 04:15

 

¿Cómo revalorizar la identidad del Ser sabanero? Reflexiones pertinentes de un activista cultural
A la derecha, el economista y activista cultura Frank Acuña. A la izquierda, los Corraleros de de Majagual y una vista de Sincelejos (Sucre)

 

Cuando comenzó a investigar la relevancia de Los Corraleros de Majagual comprobó lo que desde niño venía escuchándole a los mayores: la música tropical colombiana le debe gran parte de su identidad a esta pléyade de músicos que se gestó en el corazón del departamento de Sucre.

Frank Acuña Castellar, economista e investigador cultural sampuesano (Sucre, Colombia), viene hablando en tertulias y espacios académicos y políticos sobre la importancia de Los Corraleros de Majagual como núcleo de una idea que para él podría ser el detonante de un nuevo sentir musical sabanero.

¿Por qué considera que Los Corraleros de Majagual deben ser acogidos como el símbolo para motivar el surgimiento de un renovado orgullo sabanero?

Voy a responder invitando a hacer el siguiente ejercicio mental: cerremos los ojos y afinemos el oído en actitud de evocadora remembranza, les aseguro que aún podríamos ver entre la tenue luz de uno que otro calabacito alumbrador, el acompasado movimiento de los dedos y escuchar los rítmicos pulsos del acordeón de Alfredo, Calixto, Cesar y Lisandro, fusionados en perfecta sincronización melódica con el inconfundible sonido del trombón de Tomás y Chelo, el bombardino de Tobías y Rosendo, la trompeta de Manuel, el clarinete de Abraham y Michi, la tumbadora de Edilberto y Kike, la caja de Carmelo, el saxofón de Julián y Arturo, los timbales de Humberto y Julio Ernesto, el güiro de Rafico y la guacharaca de Danuil y Virgilio, integrados armónicamente con el bajo y guitarrón de John Mario, el saxofón de Armando, los platillos de Leonel y el cencerro de Chico con su grito excepcional, las voces y coros complementarios de Tony, Nacho, Julio, Armando, Eliseo y Lucho… en fin, es una escena que nos lleva en un revelador viaje de ida y vuelta por una época que debería ser el verdadero punto de partida para dimensionar la magnitud, la grandeza de nuestra música y lo que ello significó para terminar de forjar una identidad territorial tan propia, asociada a un invariable modo de ser que nos hace decir con orgullo “soy sabanero”. Dime si un sucreño o sabanero no siente orgullo después de imaginarse esa escena…

¿Por qué no ha sido posible que aprovechemos esa riqueza musical y la convirtamos en una industria cultural?

Nos hemos encontrado con accidentadas y frustrantes realidades en cuanto a apropiación social de la identidad musical sabanera y poca difusión; así como muy pocos proyectos que apoyen la revalorización, estudio y promoción de la música sabanera, tanto de acordeón, como de bandas; sin embargo, esto debe convertirse en un reto al que debemos sobreponernos con organización, calidad e innovación, si deseamos que nuestra música, cultura e identidad sean finalmente conocidas y reconocidas como una de las más notables de todo el territorio colombiano, y de la cual se han derivado muchas otras variantes musicales.

Pero, la responsabilidad ha sido nuestra…

Totalmente nuestra, y compartida entre el Estado y la sociedad civil, generando esta situación de desidia que ha llevado a que otros se apropien de nuestra música, hasta usurpar unos “derechos de autor” que nos corresponden por territorialidad y nos pertenecen históricamente.

¿Cómo se puede lograr esto?

Tratar de recuperar algo de esos espacios y mucho del tiempo perdido en cuanto al posicionamiento y arraigo de nuestra música sabanera en las actuales generaciones e imaginarios, es una labor que más que necesaria resulta ineludible, y que debemos emprender cuanto antes a través de estrategias de promoción, proyección, difusión y consolidación, pero sobretodo de visibilización de todo este acervo cultural.

Para eso se necesitan recursos, voluntad política…

Es un propósito que solamente podría llevarse a cabo si se inicia una cruzada desde varios frentes, donde el gobierno, la empresa privada y la sociedad civil en un trabajo colegiado, a través de la investigación principalmente, por medio de entrevistas, escribiendo artículos y crónicas para periódicos y revistas, creando programas de radio o interactivos, ganando espacios televisivos en canales regionales, programando en las emisoras la música sabanera, proyectando nuevos artistas y algo muy importante… interviniendo el espacio público tipo parques o plazas o creando nuevos espacios que manejen diseños arquitectónicos conceptuales.

¿Cómo serían esas intervenciones en el espacio público?

Como se hace en las ciudades donde la historia es un factor aglutinador: con placas conmemorativas, esculturas y monumentos, tanto a personas, como a canciones y lugares, así como a manifestaciones culturales que se integren acertadamente en un renovado paisaje cultural, y que a la vez demuestre y enseñe de manera gráfica y con el suficiente contenido patrimonial, que nuestra cultura musical e identidad rítmica y melódica aún está vigente y tiene un soporte histórico. Y que más que un gentilicio asociado a un género musical, es un estilo de vida y una manera excepcional de andar por el mundo… el ser sabanero.

¿Cuál sería un buen primer paso?

Un paso estratégico dentro del propósito de revalorización identitaria sabanera, sería declarar oficialmente Bien de Interés Cultural la Plaza e’ Majagual y erigir un monumento a Los Corraleros donde se inmortalice su nombre, así como un estilo y un momento irrepetible en la historia musical de Colombia. Eso permitiría comenzar a posicionarnos en el imaginario colectivo regional y nacional como una rica, diversa y prolífica región multicultural, dueña de un estilo musical único que sirvió para el nacimiento y desarrollo de otros estilos y géneros.

¿Cuáles serían las características de ese monumento?

Podría ser un mural donde al interior de una iconografía Zenú  se lean los nombres con su correspondiente instrumento musical, de todos los integrantes que hicieron parte de esta afamada agrupación en sus distintas etapas, lo cual le generaría un muy pertinente valor agregado cultural a la mencionada Plaza, a un nivel de extraordinaria majestuosidad en cuanto a calidad y concepto, que haría sentir literalmente el ritmo de la historia musical sabanera, cuando al atravesar la Plaza e’ Majagual y tomarse una fotografía, los visitantes, turistas y transeúntes se nutran de todo un contenido cultural que nos haría renacer, crecer otra vez y reproducirnos en identidad e idiosincrasia de manera permanente.

Y sería también un atractivo turístico y cultural…

Más que convertirse en un atractivo desde el concepto de turismo cultural, dicho monumento constituiría para los sincelejanos y sabaneros un reencuentro con nosotros mismos desde la esencia de sentipensantes, artistas y revolucionarios del lenguaje musical que traspasó las fronteras nacionales y aún sigue vivo con la Cumbia en países como Perú, Argentina, Venezuela, Costa Rica y México, legado que debemos salvaguardar.

¿Qué tan preparada está nuestra sociedad para acoger esta propuesta de cambio?

Tenemos que empezar cuanto antes a fortalecer y proyectar nuestro entorno y contenido cultural, eso que nos dio a conocer desde hace más de 50 años ante el resto del mundo musical caribe, colombiano y latinoamericano, -incluyendo Europa y Estados Unidos-; como el gran territorio musical del Caribe colombiano, posicionándonos como la región donde el acordeón y las bandas de viento se fusionaron con excelsa maestría. Esa debe ser nuestra meta.

 

Jorge Mario Erazo

Comunicador Social y periodista. Director de Comunicaciones de la Universidad Autónoma del Caribe

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