Pueblos

El comercio guamalero por el río Magdalena

Luis Carlos Ramirez Lascarro

08/11/2021 - 04:55

 

El comercio guamalero por el río Magdalena
El río Magdalena a su paso por la ciudad de Guamal, Magdalena / Foto: cortesía

 

Guamal nunca ha sido un puerto importante, como si lo fueron Mompós, Magangué, El Banco e incluso Gamarra, todos sobre el río Magdalena, en la Depresión momposina; sin embargo, fue esta arteria fluvial el primer y principal medio de conexión e intercambio del pueblo, con el resto del mundo.

En el sector de la plaza El Carmen, se construyeron las casas más antiguas, que aún se conservan, en la cabecera municipal, en algunas de las cuales se localizaron almacenes de variedades y agropecuarios, boticas, restaurantes y heladerías. En el puerto de la plaza, estuvo el primer mercado público de Guamal, en el cual se centraba todo el intercambio comercial con los corregimientos y demás pueblos vecinos y cobraban especial relevancia las llamadas garitas, unas construcciones elaboradas normalmente en madera y zinc y a manera de palafitos, como medida de protección frente a las crecientes del río, que causaron graves daños, siendo las más recordadas la de 1916, 1970 y 2011.

Como protección de las periódicas inundaciones fue necesaria la construcción de una muralla entre los puertos de la Plaza y el Zanjón, durante la administración de Manuel Villa de 1974 a 1976 y ampliada hasta el puerto de La boya, en el barrio San Martín, y del Matadero, en el barrio abajo, durante la administración del médico Robert Ramírez 2008 a 2011. Esta muralla ha servido también para evitar la constante erosión que el río causaba en los barrancos de la rivera y que causó la pérdida de tres calles del pueblo, registrándose la pérdida más reciente a principios de la década de 1960.

En el desarrollo del comercio del pueblo jugó un papel importante la navegación fluvial, razón por la cual este se centró en sus inicios en el puerto de la plaza. Se debe anotar, sin embargo, que Guamal no fue un puerto importante como Mompós o El Banco, principalmente porque la corriente del Brazo de Mompós del río Magdalena no pasó directamente por su cabecera sino hasta la década de 1920, cuando uno de los tantos cambios que este cuerpo de agua ha sufrido en su historia, unió este canal navegable con el caño grande a la altura de la boca de la Caciana, permitiendo una mayor y mejor navegabilidad e integración del municipio con los puertos aledaños. Este cambio de curso del río fue posterior a la que convirtió al Brazo de Loba en el canal de mejores condiciones para la navegabilidad, en detrimento del Brazo de Mompós, cambio al cual se le atribuye el declive económico de la ciudad Valerosa y lo que la dejó, de algún modo, detenida en el tiempo, llevándola a convertirse en Patrimonio de la Humanidad, lo cual implica que el momento en el que Guamal tuvo mejores condiciones de navegabilidad esta ya estaba significativamente disminuida por esa parte del río.

Entre las embarcaciones que se recuerdan con mucho cariño y entusiasmo, aún, entre los guamaleros, se encuentran: las lanchas La Alicia, La perra, La veloz, La Pocabuy, La Nancy Elvira, La gitana, La campesina, La fe, La Elena Isabel, La gaviota, La unión y Doribet, la última de estas embarcaciones de la que se tuvo noticias; los remolcadores El triunfo, El 4 de octubre, el Ariari y el Tamana; los yates Guamal y Vélez, las chalupas La puya guamalera y Mi lucha; los vapores: Juan B. Elbers, Cauca, Colón, Valdivia, Bremen y el famoso David Arango, en el cual arribó al pueblo el recordado profesor José Ignacio Erazo Paris (Ruíz, 2020), padre del reconocido cantautor Julio Erazo Cuevas y bisabuelo del laureado poeta Santiago Erazo. Estas embarcaciones cubrían diferentes rutas a nivel regional, algunas dentro de la Depresión momposina: El Banco–Guamal, Mompox–Guamal, El Banco–Mompox o Magangué–El Banco y otras de mayor cobertura: Magangué–Barrancabermeja, Barranquilla–Barrancabermeja y Mompox –Barrancabermeja.

El Yate Guamal, propiedad de la familia Flórez Ospino, y panes de queso, tomados de El recetario de Uba

Entre los productos locales de mayor recordación que eran distribuidos en medio del movimiento, en ocasiones frenético, del puerto, están las Granjerías, que se pueden definir, de manera general, como dulces pequeños, aunque existen de todo tipo: Quequis, Caballitos, Almojábanas, Cucas, Panochas, Marialuisas, Panes de queso, Galletas cerradas y de Coco, Polvorosas, Cocadas, Enyucados, Encocados, Esponjados de coco, Bocadillos, Pasabocas y Merengues, además de los cuales también se vendían Chichas: de grano o de arroz con piña, Avena caraqueña, Peto, Mazamorra, Kibbes y Butifarras. Estos productos fueron preparados, a través del tiempo, por varias personas, tales como: Jacinta Rodríguez, Ángela Martínez, Isabel Pedrozo conocida como "Chabe" Pisco, Rosa Mora, Evelia Zambrano, Maximina Trespalacios, Sarita "Miqui" Saucedo, Bertha Miranda, Lira Pedrozo, Ida Páez y Robustiano Yépez el popular “Catoto”.

Es necesario recordar a las mujeres de la familia López, que hicieron parte del ajetreo de la producción y venta de granjerías en el puerto desde inicios hasta la primera parte de la segunda mitad del siglo XX. La primera de estas mujeres que prepararon granjerías, de las que se tiene memoria, fue Ana de Jesús y, posteriormente, su hermana Evangelista López. Luego aparecieron Silvia Martínez López, hija de Ana de Jesús, Ubaldina Ocampo, nuera de Evangelista López, a quien esta le enseñó y de quien sus hijos y nietos guardan un pequeño recetario, en expansión, llamado: “Las recetas de la Magüe”, luego de su reciente fallecimiento. Finalmente, pero no menos importante, en esta pequeña línea de tiempo, está Gratulina Rodríguez de López.

Entre los inmigrantes extranjeros que llegaron a Guamal, ocupan un lugar destacado las hermanas Carmen y Consuelo Cuevas Bayarri, debido a que fueron quienes introdujeron un delicioso postre de origen español, como ellas: la Marialuisa. Estas, inicialmente, eran una torta de gran tamaño y que, posteriormente, a petición de los clientes, se empezó a vender por mitades y cuartos, siendo la señora Luisa Ribón Ortiz, quien actualmente custodia la receta familiar, quien puso de moda la venta de este producto en porciones individuales pequeñas, más accesibles al consumidor, como se hace hoy día. En esta familia también prepararon Marialuisas: Consuelo y Mariana Ribón Cuevas, hijas de Consuelo Cuevas Bayarri; Emperatriz Erazo Cuevas, hija de Carmen Cuevas, quien las preparaba en Bogotá y la señora “Chabe” Pisco, suegra de Luisa Ribón Ortiz. Este postre, ya típicamente guamalero, lleva como relleno entre las dos galletas un dulce de piña, a diferencia del preparado en San Juan Nepomuceno que lleva arequipe o dulce de leche. El glaseado en ambas es de merengue, pero la de San Juan se adorna con unas figuras dibujadas sobre el merengue blanco con otro tinturado de rojo y las de Guamal se adornan con grajeas multicolores.

Otros inmigrantes extranjeros que también contribuyeron al desarrollo comercial del municipio fueron: los italianos Celestino y José Ángel Puccini, ganadero y comerciantes, respectivamente; Víctor Bagarozza, ganadero y los libaneses Abraham Raad, quien tuvo una garita donde posteriormente se ubicó el billar de don Benito Rodríguez, hoy día billar Centenario, que hizo famoso Diofante Mejía; Elías Ramón Faisal, quien trajo el primer automóvil al pueblo, un Volvo al que llamó El Líbano y fue comerciante de telas y ganadero; el popular “Turco bara, bara”, Salvador Guerra, Jorge Hazbún y Jorge Beyeh, comerciantes de telas, inicialmente y luego ganaderos, aunque don Jorge, posteriormente, montó la primera distribuidora de Cerveza águila.

Además de estos inmigrantes extranjeros, se recuerdan unos inmigrantes de otras regiones del país, que aportaron significativamente al desarrollo del comercio del pueblo. Los antioqueños, de quienes no se recuerdan los nombres y tuvieron sus negocios ubicados en la carrera 5 entre calles 2 y 3: Caicedo, almacén de víveres; Montaño, almacén de telas y bisutería; Jaramillo, almacén de insumos de panadería; Ospino, quien tuvo una tienda en la casa que fue de Francisco Guerra Blanco, que hoy día no existe, pues esa calle se la llevó el río. Antonio Rodríguez, tuvo una tienda en la calle 6 con carrera 5; Víctor González, quien tuvo un almacén de telas en la casa que actualmente es de la familia Paz Guerra; Pompilio Ramírez, quien se dio a conocer en el pueblo vendiendo drogas en bicicleta por los pueblos vecinos, posteriormente comerciante de productos agropecuarios de la región hacia Barranquilla y artesanías momposinas para el Valle del Cauca.

Dibujo del primer mercado público bajo techo, en la Plaza de Guamal-Magdalena / Foto: cortesíaAntes de que se construyera el primer mercado público bajo techo, el comercio se daba entre el puerto de la Plaza y el del Zanjón. El día principal de mercado era el domingo, día en el cual se llenaba el puerto de bultos de panela, maíz, ajonjolí, frijol, arroz, queso, plátanos, esteras, tinajas, curumuta y manteca de cerdo, entre otros productos que iban y venían por el río (Zambrano, 1997). Este comercio fue trasladado a un edifico construido en la calle 3 con carrera 4 A, donde se ubica actualmente la Escuela urbana de niñas N°2, a mediados de la década de 1940. En la década de 1960, el mercado se trasladó al edificio donde actualmente funciona la UMATA, en la calle 3 con carrera 6 A. Este mercado dejó de funcionar del todo a finales de la década de 1990, época solo era usado para la venta de carne de res, debido a la implementación de expendios en otros puntos con mayor dinámica comercial para la época.

Tuvieron establecimientos comerciales alrededor de la plaza Ana de J. Aguilar y Gualterio Guerra Blanco, tiendas; Carmen Cuevas Bayarri, restaurante; José de la Cruz Mejía y Manuela Ospino, almacén ganadero; "Conchi" Mejía Ospino y Maruja Ramón de Abughos, almacén de bisutería; Rafael Díaz y Germán Ribón, droguerías; Francisca Blanco, Botica; Gualterio Guerra, almacén de variedades y heladería; Elías Ramón Faisal y Jorge Hazbún, almacén de telas.

En el comercio de productos agropecuarios, durante esa corta época de bonanza comercial guamalera, destacaron: José de la Cruz Mejía, Pedro Saucedo, Tulio Angarita Ibarra, Tránsito Ramos, Israel Rangel, Manuel Octavio Lara, Sebastián Cantillo, Humberto Rangel, Norberto Mendoza y Juan Saucedo.

En la década de 1990, entró en desuso el transporte fluvial con el mejoramiento en el transporte terrestre, lo cual también condujo a que el aeropuerto El Carmen dejara de funcionar en la década de 1980. Esto trajo consigo, también, una caída drástica, casi irreparable en el comercio centrado en el rio, trasladándose el centro del comercio a otros puntos, principalmente la calle 5 y las carreras 4 y 5. Comercio que se ha dinamizado y diversificado con la pavimentación de la transversal de la depresión momposina y la construcción de los puentes sobre el rio entre Guamal y Margarita, Talaigua y Santa Ana y Cicuco y Magangué. Historia que apenas se está escribiendo y pronto tendremos que escribir para que otros sigan sus huellas en años venideros.

 

Luis Carlos Ramírez Lascarro

Sobre el autor

Luis Carlos Ramirez Lascarro

Luis Carlos Ramirez Lascarro

A tres tabacos

Luis Carlos Ramírez Lascarro, Guamal, Magdalena, Colombia, 1984. Estudiante de Historia y Patrimonio en la Universidad del Magdalena. Autor de los libros: El acordeón de Juancho y otros cuentos y Semana Santa de Guamal, una reseña histórica; ambos con Fallidos editores en el 2020. Ha publicado en las antologías: Poesía Social sin banderas (2005); Polen para fecundar manantiales (2008); Con otra voz y Poemas inolvidables (2011); Tocando el viento (2012) Antología Nacional de Relata (2013), Diez años no son tanto y Antología Elipsis internacional (2021). Ponente invitado al Foro Vallenato Clásico en el marco del 49 Festival de la Leyenda Vallenata (2016) y al VI Encuentro Nacional de Investigadores de Música Vallenata (2017). Su ensayo: El Vallenato protesta fue incluido en el 4to Número de la Revista Vallenatología de la UPC (2017). En el 2019 escribe la obra teatral Flores de María, inspirada en el poema musical Alicia Adorada, montada por Maderos Teatro y participa como coautor del monólogo Cruselfa. Algunos de sus poemas han sido incluidos en la edición 30 de la Revista Mariamulata y la edición 6 de la Gaceta Hojalata (2020). Colaborador frecuente de la revista cultural La Gota fría del Fondo mixto de cultura de La Guajira. 

 

6 Comentarios


Emma Liliana Zambrano Flórez 09-11-2021 06:57 AM

Excelente reseña histórica de nuestro amado pueblo Guamal Magdalena. Mi querido primo Luisca, gracias por traer a memoria y a conocimiento de todos ésta tan olvidada tierra que pujante, se ha mantenido viva en los corazones de quienes viven allá y de quienes salimos por diferentes motivos y que cada vez que se escribe sobre ella (Tierra Colorá) nos llena de nostalgia y más amor al conocerla más. Felicidades y deseándote éxitos en todo lo que escribas y emprendas.

Marcial Martínez 11-11-2021 10:10 PM

Buen relato, una reconstrucción secuencial bien contada.

Alfonso Cortés M 15-11-2021 07:07 AM

Me gustó su relato, felicitaciones y éxitos con salud y bienestar. Un abrazo

Jorge C. Mejia 23-11-2021 04:01 PM

Excelente trabajo Luis. Gracias por enseñarnos y recordarnos nuestra historia.

Fabio Hincapié R 28-12-2021 08:23 AM

Conozco Guamal, recuerdo tomar cerveza fría al lado de la iglesia en un kiosko a orillas de bazo del río. El sector de la iglesia y su parque es de lo más apacible en sus atardeceres. Saludos a sus habitantes.

José Gregorio Flórez Ruidíaz 29-12-2021 03:39 PM

Fascinante relato Luis Carlos lo felicito por su investigación, que nos hizo reversar en el tiempo y recordar la tienda de Carmela Arteaga con su TV de 4 patas, la reja de madera de cachico donde nos reuniamos a ver El Llanero Solitario, El Gran Chaparral y otros programas televisivos. La luz por sectores, el pozo público, las chichas de maiz de la Señora Petrona y el Señor Félix, las chichas embotelladas en panchitas de Don Amado Guerra, los caballitos y la venta ambulante de quesos de libra y media libra de la que también fui vendedor, las madrugadas que había que hacer para llegar a comprar 1, 2, 3 libras de carne y hueso que había que combinar porque sino no nos la vendían, la algarabía que se formaba y algunas veces se venía con la olla vacía porque no alcanzaba para todos. Son tantas cosas por recordar y que hoy se nos vino a la memoria gracias a su fascinante relato.

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