Pueblos

El poblamiento de la región de influencia del Canal del Dique

Álvaro Rojano Osorio

01/07/2022 - 05:05

 

El poblamiento de la región de influencia del Canal del Dique
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, se produce una oleada fundacional en el Caribe y, por ende, en la zona del Canal de Dique / Foto: créditos a su autor

 

El poblamiento de la región de influencia del Canal del Dique promovido por españoles comenzó en 1533, cuando Pedro de Heredia fundó a Mahates con nativos de la región. Proceso que continuó Alonso de Heredia cuatro años después, cuando erigió una población a orillas del río Magdalena con indígenas traídos desde el Urabá, en el lugar en donde se encuentra hoy Barranca Vieja.

Sin embargo, el desarrollo poblacional de la zona de influencia inició en el siglo XVI con la apertura, en 1650, del Canal del Dique, en cuya boca, a orillas del río Magdalena, surgió Barranca Nueva. Nombre que le dieron para diferenciarla de la que era de propiedad de Mateo Rodríguez. Último lugar al que llamaron Barranca Vieja, y que, a partir de 1696, fue poblado por negros y zambos de San Basilio de Palenque y Cartagena, así como mestizos.  

Fue por ese tiempo cuando surgió la Real de la Cruz (Campo de la Cruz), lo que sucedió en tierras llamadas Guaimaral y Flecha, que para 1597 eran de propiedad de Clemencia Nova (Blanco. 2010). Población que, como parroquia, un siglo después tenía bajo su jurisdicción a varios sitios sobre los que pesaba la orden de ser destruidos. Era 1745 y esta decisión hacía parte de la política de reforma poblacional impuesta por el Virrey Sebastián de Eslava.

Entre ellos estaban Tasajera, Carreto y Manatí, cuyos habitantes evitaron que la orden se cumpliera pidiendo permiso a las autoridades de Cartagena para permanecer en esos lugares (A.G.N. 1745), además, comprometiéndose a construir las iglesias, hecho que en 1747 fue comunicado al gobierno colonial (Colmenares. 1999).  

Tasajera, que, después, fue llamada Nuestra Señora de la Candelaria, según datos de la Provincia de Cartagena en 1772, contaba con una feligresía de libre compuesta por 133 familias, 446 almas de confesión y 16 esclavos (Academia de Historia de Cartagena. 1909).   

No obstante la existencia de estos sitios, hasta la década de 1750 lo predominante en el área de influencia del Canal de Dique eran los montes, sabanas, playones, ciénagas, cañaverales y arroyos (AGN. 1752). Lo que iba de la mano con el proceso que se dio en el Caribe colombiano desde el siglo XVII, en gran parte a causa de la crisis demográfica originada por la extinción de las poblaciones aborígenes por el desplazamiento causado por la conquista y la sobreexplotación (Corpes, 1993).  

Es a partir de la segunda mitad del siglo XVIII cuando se produce una oleada fundacional en el Caribe y, por ende, en la zona del Canal de Dique, lo que fue de la mano con la recuperación demográfica sucedida en todo el territorio nacional, especialmente en las zonas del interior de la Costa (Corpes, 1993). Proceso del que hicieron parte los mestizos que fueron a poblar los espacios vacíos del interior y del sur de la provincia de Cartagena, tras ser considerados “hijos del pecado” e “inhábiles por derecho” (Conde. 1996).  

Poblamiento en el que también contribuyó la política reformista de los monarcas borbones, la que tuvo como objetivo controlar para gobernar a los habitantes de los sitios dispersos en la provincia de Cartagena, lo que se tradujo en algunas zonas del canal en la destrucción de poblaciones y su agregación en otras. Tal y como sucedió con Nuestra Señora de la Candelaria del Yucal, a orillas del río Magdalena, a la que fue agregada los pueblos indígenas o parcialidades de Malambo, Caracolí, Cotoré e Hincapié.  

Poblamiento que permitió que, en la parroquia de Mahates, según los resultados del Censo de 1777 realizado por García de Turín, existieran, aproximadamente, 18 fundos divididos entre haciendas, hatillos como San Cristóbal de Rebolledo, San Francisco de Arenal, Hatoviejo, Sincerin, así como haciendas de labranzas, hatos de ganado y trapiches  También evidencia la existencia de sitios habitados por libres de todos los colores (mestizos, zambos, cholos, etc.), españoles pobres, negros fugitivos e indios “inzimarronados” (AGN. 1777).  

En el censo también se destaca la existencia de dos pueblos de naturales, de doctrina, y vecinos libres, llamados San Antonio de Timaná de los frailes franciscanos, en el que habitaban 230 de aborígenes; y Santa Catalina de Turbaco habitado por 507 naturales, mientras que las libres eran 340 personas.  

Otra localidad surgida en la zona de influencia del Canal fue Santa Bárbara de Arroyo Hondo, cuya fundación se produjo en 1789 por mandato del virrey Francisco Gil de Lemos. El encargado de cumplirla fue Pablo José Torregrosa y Escalante, con el argumento que, ubicada entre Barranca del Rey y Santa Cruz, fuera un sitio de refugio de los transeúntes negociantes en los casos de suma urgencia que ocurrían en aquella montaña.  

En el siglo XIX surgieron, entre otras, Calamar, San Cristóbal, Santa Lucía, producto de razones distintas a las que dieron impulso al proceso dado antes. Calamar, creció en el playón Gamarra a partir de 1849, después de que el ingeniero norteamericano Totten armara su campamento para abrir la nueva boca del Dique en el río Magdalena.    

El otro lado del río Magdalena  

El Canal hizo de Tenerife el portal de Cartagena (Fals, 1979), debido a que era el punto de descanso de los bogas y pasajeros que se transportaban en embarcaciones por el río entre Honda, puerto de Santafé, Barranca y esa ciudad. 

Mientras que, para el resto de los habitantes de ambas orillas del Magdalena, fue la ruta para ir a Cartagena, tanto que en 1659 un encomendero de Tenerife se quejaba antes las autoridades virreinales que un teniente de las milicias asentadas en ese lugar le impedía transitar por el Dique para llevar a esa ciudad los productos del campo sembrados y recogidos por los indios encomendados (AGN. 1659).  

Fue debido a su existencia como vía por el que abrieron un camino en la ladera oriental del río que iba desde Santa Martica, predio de propiedad de José Fernando de Mier y Guerra, en Tenerife, hasta los playones de Cerro de San Antonio, por el que movilizaba el ganado de engorde que levantaba en sus islas Junco e Isla Canarias, y luego llevaba a Cartagena.  

Actividad comercial que interesó a los habitantes de Cerro de San Antonio, tanto que el cura de esa población, Nicolás Joseph Moreri, señaló en una misiva dirigida al gobernador de Santa Marta que los cerranos vivían esperando tener unas copiosas crías de ganado vacuno, caballar y cerda para concurrir con ellos a su tiempo al abastecimiento de Santa Marta y Cartagena (AGN. 1789). 

 

Álvaro Rojano Osorio

 

Bibliografía:

Academia de Historia de Cartagena de Indias. Boletín Historial. Cartagena 1909.

Archivo General de la Nación. (1659). Encomiendas, 18, D,15. teniente de Tenerife, impide navegación en el Dique. Folios 569-602

Archivo General de la Nación. (1752). Caciques Indios, 6, D.2/Indios del Yucal: visita oficial y censo de población. Folios: 284-321.

Archivo General de la Nación. (1789). Carta del Cura Nicolás Josep Moreri. Curas, obispos. Sc.21-31. Folios 757-764.

Blanco, J. (2010). El sur de Tierradentro en el Departamento del Atlántico: paisaje físico y poblamiento. Academia colombiana de Historia. Colección German Arciniegas, no 4. Bogotá.

Colmenares, G. (1999). Historia Económica y Social de Colombia 1537-1719. Tomo I –Bogotá.

Conde, J. (1996). Poblamientos ilegítimos, organización y distribución del espacio en la provincia de Cartagena, 1533-1740. Revista Huellas, 46,15-23.

Corpes, Costa Atlántica. (1993).  Mapa Cultural del Caribe colombiano. Santa Marta.

Fals, O. (1979). Mompox y Loba, Historia Doble de la Costa. Bogotá, Colombia: Universidad Nacional de Colombia. Banco de la República. El Ancora Editores.

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

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