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La emigración española a América: el caso andaluz

Rosario Márquez

18/01/2023 - 05:15

 

La emigración española a América: el caso andaluz
La llegada de pobladores andaluces fue la fuente del proceso de mestizaje en América / Foto: cortesía

 

Respecto a la emigración española a América, es necesario afirmar que, desde la llegada de los españoles a América, hace ahora 500 años, España no ha dejado de proveer de habitantes al Nuevo Continente. El poder de atracción que estas tierras han ejercido sobre los españoles, además de su duración y el volumen de este flujo, no tiene parangón en la historia mundial. Así, podemos afirmar que las migraciones andaluzas a la América española, fueron el primer movimiento europeo de su clase a través del Atlántico. Estos hombres constituyeron la avanzada de una oleada que, a lo largo de siglos, llevaría millones de europeos a América y que no ha concluido todavía.

Para el control y regulación de esta emigración, se crea en Sevilla la Casa de Contratación, siendo éste el primer cuerpo administrativo creado en España para cuidar los recientes descubrimientos hechos en América. Según sus ordenanzas, la Casa estaba destinada al comercio, era igualmente el centro donde se fomentaba el trato de la Corona con las Indias, además de estas y otras muchas atribuciones, la Casa podía expedir licencias de embarque para todos aquellos que quisieran pasar a Indias una vez examinadas sus peticiones.

Cada emigrante tenía que ser registrado en un libro que era llevado por el Contador de la Casa, donde se mencionaba su nombre, parentesco, lugar de nacimiento, si era soltero o casado, el barco que lo llevaría y el puerto a donde iba. El viajar sin licencia se penaba con multas que fueron cambiando a lo largo de los años y que oscilaban entre el pago de cien mil maravedíes y diez años de destierro, hasta cien azotes, si el individuo era de baja condición social.  

Gracias a este control sobre la emigración hace su aparición una extensa documentación, por ello el profesor Koneztke afirma que ésta: «no fue un movimiento libre, no una desintegración espontánea de individuos, familias o grupos para encontrar una nueva patria. sino que constituyó un ejemplo de política metropolitana de emigración y asentamiento basada en la ley».

A lo largo de medio milenio esta emigración sufrió altibajos a la vez que cambios en su modalidad. En un tiempo tan largo, procedencias y destinos, condiciones y motivos, e incluso el propio marco legal no pudieron por menos que cambiar. Qué duda cabe, que los españoles que emigraron no fueron todos iguales, ni tampoco los impulsos que les llevaron a embarcarse; estos factores operaron de manera distinta en cada etapa, y es por lo que este trasiego de siglos no llega a conformar un solo bloque. Es conveniente pues, distinguir claramente sus partes.

Para el siglo XVI, el más estudiado de todo el período colonial y para el que contamos con importantes trabajos -como el Catálogo de Pasajeros a Indias, la obra de Peter Boyd-Bowman y el trabajo de Chaunu-, por citar sólo algunos de carácter general, se puede afirmar que, en líneas generales, acudieron a América deslumbrados por las oportunidades que estas tierras ofrecían para su enriquecimiento y ascenso social. No todos llegaron a realizar sus sueños, pero silos bastantes como para que los demás trataran de seguirles los pasos. Estos hombres, principalmente andaluces y extremeños, pertenecientes a las capas medias de la sociedad, prefirieron asentarse sobre todo en las ciudades, llegando así a formar el estrato alto y urbano del Nuevo Mundo.

Para el siglo XVII, surgen los verdaderos problemas a causa de la falta de trabajos exhaustivos que permitan acercamos al fenómeno migratorio en su globalidad. En un intento por aproximarse a las cifras, el historiador sueco Magnus Morner, nos da la cantidad de 250.000 individuos, Morner señala asimismo que, a partir de las primeras décadas de esta centuria, el ritmo migratorio no hace más que descender, lanzando la primera crítica al preconcepto no demostrado de un intenso éxodo hacia el Nuevo Mundo, que explicaría la despoblación de España en el siglo XVII.

No obstante, podemos afirmar que los españoles que llegaron en los dos primeros siglos de la época colonial, no sumaron un conjunto muy importante, pero esta llegada de peninsulares fue la fuente del proceso de mestizaje, que a su vez constituyó en muchos países de América la base de su población actual.

Por lo que respecta al siglo XVIII, la información que poseemos es todavía más dispersa y fragmentaria, pudiéndose caracterizar este período por una disminución drástica de la emigración española al Nuevo Mundo, con respecto a lo que ésta supuso en el siglo XVI. Esta disminución en el aporte de españoles se vio compensada con un crecimiento endógeno de la población criolla y un incremento notorio de la trata negrera.

Pero, a pesar de esta disminución, es necesario afirmar, que los flujos migratorios a través del Atlántico en la época borbónica, tienen un carácter sustancialmente distinto a los de la época anterior, no siendo descabellado calificarlos en conjunto, como el puente que enlaza los desplazamientos de población a larga distancia durante la etapa preindustrial, con la consolidación de un mercado internacional de trabajo ya en los siglos XIX y XX.

Las causas principales que van a favorecer la emigración de este período van a ser, en primer lugar, un cambio en los incentivos. Si durante la Edad Moderna los factores que predominaban eran sustancialmente el progresivo empobrecimiento de la vida campesina a causa de la presión tributaria, de las continuas levas, y el temor a las enfermedades endémicas, en el setecientos cobran superior relieve los factores de atracción que parten de la economía colonial, como puede ser la demanda de un artesanado cualificado, el deseo de realizar especulaciones mercantiles o el disfrute de algún cargo público.

Además de esto, contamos con que la administración española fue siempre reacia a permitir el éxodo masivo de peninsulares al Nuevo Mundo, llegando este intervencionismo en la época borbónica a extremos exagerados, ya que se limita la concesión de licencias a casos muy concretos: funcionarios, eclesiásticos, encomenderos con sus criados, y familiares cercanos de algún español ya establecido en América. Es precisamente a causa de estas restricciones, que la emigración fraudulenta se ve aumentada de forma considerable. A este hecho se une la apertura de una docena de puertos gracias al Decreto de Comercio Libre.  

Estos límites a la emigración caen dentro de la política ideológica de los Borbones, cuya preocupación por un país poblado estuvo siempre presente en su ideario. A diferencia de siglos anteriores, en los que los dominios americanos sólo aparecían de forma ocasional, en el XVIII, América llegó a ser un tema obsesivo y argumento principal de infinidad de informes, memorias y proyectos, llevados a cabo por políticos, filósofos y escritores de la época. Dentro del tema americano, fue la emigración una de las principales cuestiones a debatir.

Así, nos encontramos, con la opinión que Melchor de Macanaz tenía acerca del problema de la despoblación de España «Ninguno permita V. M. que pase a Indias si no fuera colocado en cosas del Real Servicio y aún para esto que sea los menos, que se puedan, por dos especiales razones: La primera porque quedan estos miembros menos en el reino, que puedan ser útiles en él y en la América infructuosos y aún perjudiciales... y la segunda porque siendo los naturales de aquellos vastísimos dominios de V. M. vasallos tan acreedores de servir los principales empleos de su patria, parece poco conforme a la razón que carezcan aún de tener en su propia casa manejo...» y continua diciendo «No es menos daño la trasmigración a la América, que despoblando España, no pueblan aquella vastísima porción del Universo. El conjunto de la trasmigración de gentes al Nuevo Mundo es 10.000 almas que anualmente salen en mis remos».  

El Marqués de la Ensenada denuncia igualmente la emigración como causa de la despoblación en la península y dice: «La España está poco poblada porque las guerras ultramarinas y la América han consumido mucha gente».

Por su parte, el navarro Jerónimo de Uztáriz, preocupado igualmente por la despoblación de España, argumenta que ni la despoblación ni la pobreza de algunas provincias de España provienen de la posesión de las Indias y afirma que, en el XVIII, son las provincias de Cantabria, Navarra, Asturias y Montañas de Burgos, las que -más emigrantes envían y por lo contrario se mantienen dentro de las más pobladas.

 

Rosario Márquez

Extraído del ensayo académico: “La emigración española a América en la época del comercio libre (1765-1824)”.

 

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