Tecnología

El chat: ¿Ángel o demonio?

Natalia Gnecco

20/06/2014 - 11:20

 

Los chats y SMS revolucionaron el mundo, impusieron una nueva tendencia para leer y escribir, a tal punto que el modo de relación entre parejas, compañeros de trabajo, amigos, vecinos, adolescentes cambió.

El análisis de los procesos tecnológicos y sociológicos que han desatado estas herramientas generan uno de los debates más interesantes que he presenciado en los últimos años.

La noticia más reciente que tengo es la del Diario brasileño Extra, que lanzó el pasado 2 de junio una red de colaboración por medio de Whatsapp entre los reporteros que cubren el crimen organizado en el continente. A través de un número de WhatsApp exclusivo para Narcosul, la red reunirá a los periodistas del continente que deseen intercambiar información, ideas o hacer preguntas unos a otros para ayudar en las investigaciones sobre el tráfico de drogas, el lavado de dinero, la trata de personas y la evasión fiscal.

El objetivo de Narcosul es facilitar la labor de los periodistas que deseen hacer periodismo de investigación transnacional, permitiendo, por ejemplo, el intercambio de información sobre los sistemas judiciales, las consultas a las bases de datos públicas de cada país, además del intercambio de contactos y fuentes. Pero mientras los periodistas nos unimos en torno al WhatsApp como si fuera una llamado del Palacio de la Justicia en la antigua serie de los *Súper Amigos, en la vida diaria el chat se ha convertido en una pesadilla.

La primera arremetida que observé contra los chats la vi en facebook cuando un café francés exhibió una imagen insólita que le dio la vuelta al planeta por las redes sociales, pues decía a sus clientes: “Ici, pas de Wifi. Parlez entre vous!” – Aquí no hay Wifi. Hablen entre ustedes.” Y si por allá llueve, por aquí no escampa. El Tiempo publicó la noticia sobra la guerra al chat que libran algunos restaurantes en Medellín, quienes le confiscan los celulares a sus clientes porque consideran que existe una problemática social que está ocasionando lo que ellos consideran como “la ‘nomofobia’ o dependencia a los smartphones”.

Pero si los restaurantes tienen en la lista negra a los chats, los corazones rotos los quieren hacer desaparecer. Las rupturas por WhatsApp están batiendo records, ahora las parejas prefieren terminar sus relaciones usando esta herramienta, así como lo explica Carolina, una estudiante de ingeniería de 18 años: “Supe que era en serio que mi novio me echó, porque Oscar jamás usaba un punto aparte… hasta ese día que me chateó textualmente: terminemos.”

Como podemos ver, el “diálogo” entre los denominados *nativos digitales, es muy peculiar, la impaciencia y la inmediatez de la respuesta pueden influir negativamente en la comunicación. A esto se le suma la temática, pues se tratan desde los temas más íntimos, hasta los más trascendentales. Inés Marchand, socióloga residente en Canadá va más allá, ella le agrega la parte psicológica al asunto: “Si no tenemos la persona frente a frente, no podemos impregnarle nuestros sentimientos a lo que estamos leyendo, desafortunadamente la gente asume emociones con cada palabra que lee en el chat, dependiendo de su estado de ánimo y las consecuencias pueden ser funestas”.

Ahora bien, en el plano laboral, esta situación pasa de castaño a oscuro. Está comprobado que el uso indiscriminado de medios impersonales para comunicarse causa problemas en los equipos de trabajo. Un estudio de Cisco Systems afirma que el aparentemente inofensivo comportamiento de los colegas puede causar un daño incalculable tanto en sus relaciones interpersonales como en la productividad de las empresas. Los investigadores hallaron que una confianza excesiva en el correo electrónico, fallas al responder los mensajes y el uso de métodos inapropiados de comunicación pueden dañar la confianza e incluso obstaculizar el progreso de proyectos críticos.

Al respecto, Juan Carlos, de 48 años, gerente de una importante EPS afirma: “El celular no puede ser una extensión de la oficina. Yo mismo desactivé los mensajes de mi correo institucional a mi celular personal y gozo de una mayor armonía en mis espacios de esparcimiento. Mis empleados saben que si les envío un correo el fin de semana es una instrucción clara de algo que necesito que hagan el lunes en la mañana. Pero nunca me entrometo en sus chats”.

Por su parte, Sussy una joven de 25 años quien trabaja para una tienda de ropa femenina afirma: “Creo que el Whatsapp lo inventaron para los jefes “workaholics” es alucinante cómo te escriben sin parar a cualquier hora del día, o fin de semana a preguntare si ya leíste el correo que te acaban de enviar hace tres minuticos, a dar instrucciones o asignar nuevas tareas. La verdad es detestable este comportamiento, vivo estresada. El chat es la nueva versión del acoso laboral”.

Lo cierto es que la tecnología ha desarticulado los límites de la jornada de trabajo y la polémica en torno al éxito o fracaso de los grupos de trabajo virtuales sigue en aumento. El estudio de Cisco, por ejemplo, asegura que “la confianza puede ser frágil en los equipos virutales debido a la invisibilidad del comportamiento”. Mientras países como Francia decidieron proteger a sus empleados de los molestos correos electrónicos fuera del horario d trabajo, una postura que gana adeptos y cuestiona aún más la invasión a la privacidad que promueve el chat en el ambiente laboral.

 

Natalia Gnecco

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Sobre el autor

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Natalia Gnecco Blog

Natalia Gnecco es una periodista y comunicadora social independiente. Ganadora del Premio Literario y Periodístico Cesar Vallejo 2011 (Caracas, Venezuela). Su columna “Natalia Gnecco Blog” contiene su trabajo periodístico producido en Canadá y en Colombia sobre personajes interesantes, temas culturales, sociales y turísticos.

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