Turismo

Cucambas, diablos y negros danzan en Atánquez

María Ruth Mosquera

08/06/2015 - 06:30

 

Corpus Christi en Atánquez / Foto: Richard Leguízamo

Atánquez es un pueblo de arquitectura colonial, con callecitas empinadas, de piedra, que se abren paso entre los cerros surorientales de la Sierra Nevada. Es un lugar de amaneceres con brisa fresca que transporta el olor a café recién colado y arepas de maíz.

Hay laboriosidad allí: Los hombres se despiden temprano para ir a limpiar los cultivos de caña, a procesar los alfandoques o abonar los sembrados de plátano, café y aguacate, hoy menguados a causa de los fenómenos ambientales. Las mujeres se sumergen en los quehaceres cotidianos, criando a los hijos, atendiendo el hogar, tejiendo mochilas, oficio éste último que ya dejó de ser exclusivo de ellas, para adoptar a los hombres de la comunidad que han en encontrado en la artesanía un mejor presente que en la agricultura.

No obstante, en Atánquez hay un día al año que es distinto, especial. Un día de fiesta, que convoca a sus casi siete mil habitantes a la celebración milenaria de su identidad religiosa, de su herencia y esencia ancestral, símbolo de lo que son como pueblo. Se trata de la celebración del Corpus Christi.

Antes del amanecer, se ve a los miembros de las danzas atravesando las calles para llegar al lugar de reunión, donde todo empieza. “Desde muy temprano, las cuatro de la mañana, estamos iniciando el recorrido; a las seis llegamos a la plaza principal, donde está la parroquia y allí, alrededor de la fiesta, está el pueblo”.

Lo que narra Amilkar Arias, atanquero, docente, secretario de la Junta del Palenque Negro, ocurrió el pasado jueves, cuando tuvo lugar la tradicional celebración, que año tras año convierte a este corregimiento del norte de Valledupar en receptor de visitantes de otros municipios, departamentos o países, que acuden para fortalecer su religiosidad o simplemente para indagar sobre el significado de los rituales que allí tienen lugar y admirar los atuendos elaborados con palma de iraca verde y plumas, a semejanza de pájaros gigantes; trajes rojos de satín con adornos muy brillantes y zapatos puntiagudos con cascabeles; sombreros adornados con flores, polleras y machetes.

“Esta es la manifestación religiosa más grande hoy como pueblo. Nos congregamos todos los atanqueros. Hemos venido realizando con las manifestaciones culturales que hemos tenido a través de la historia”. Amilkar hace especial énfasis en el sincretismo religioso que se representa a través de las danzas que recorren las calles, representando a los indígenas, blancos y negros, con un baile propio, distinto a los que pueden apreciarse en otras latitudes del planeta donde también se celebra el Corpus Cristi. “Tenemos las Cucambas, que representan la humildad indígena; la Danza de los Diablos, que simbolizan a los europeos que estaban colonizando el territorio, y el Palenque Negro, que es la humildad, trabajo, esclavitud y libertad de los negros”.

Hay ceremonias religiosas y a partir del mediodía, los danzantes visitan las casas de los que han pasado por las danzas y ya no hacen arte de ellas. En el ocaso del día, regresan a la iglesia u hacen una última presentación colectiva. Ya después del mediodía se bebe chirrinchi, pues en la mañana los actos se acompañan con agua.

Pero ahí no termina todo. Ocho días después se realiza la Octava del Corpus, es un día de nostalgias, de revelación de misterios. Los danzantes llegan de madrugada a un punto especial; cuando empieza a salir el sol, las nubes predicen si algún danzante fallecerá durante el año y no estará en la siguiente celebración. Luego hay misa, procesión y visitas, esta vez a quienes ya han abandonado este mundo material, pero que siguen presentes en el recuerdo y los corazones de los atanqueros.

Al final del día se escenifica un juego, al que llaman la pelea, en la plaza principal danzan de nuevo Cucambas, Diablos y Negros, lo que termina en una demostración de arraigo, unidad y armonía, de triunfo del bien sobre el mal. La Octava termina con una ceremonia de despedida de la tierra, que simboliza la terminación de las fiestas, se hacen dos vueltas al pueblo, centonando cantos que hablan de nostálgicos adioses a la fiesta, en la que no se sabe si estarán el próximo año.

El Corpus Chisti  (Cuerpo de Cristo, en latín) es una fiesta religiosa que se celebra en unos sesenta países del mundo, el jueves siguiente al domingo de la Santísima Trinidad, sesenta días después del Domingo de Resurrección: tiene como fin primordial la promoción de la fe cristiana.

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya

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