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Seis monumentos que ensalzan el acordeón en Colombia

Redacción

09/08/2019 - 07:05

 

Seis monumentos que ensalzan el acordeón en Colombia
El monumento Mi pedazo de acordeón en Valledupar / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

El acordeón se ha convertido en un símbolo del sentimiento y de la alegría que alberga la costa Caribe, y a lo largo de los últimos años ha ido ganando visibilidad en los centros urbanos y museos.

El acordeón es hoy uno de los monumentos más representativos en ciertas ciudades del litoral caribeño (como Riohacha o Valledupar), e incluso un elemento destacable de la identidad local.

A continuación, encontrarán seis monumentos que ensalzan el acordeón en la costa Caribe de Colombia.

1-. Mi pedazo de acordeón, en Valledupar

Colocado en la glorieta del mismo nombre, donde culminan la carrera 9 y 19, este monumento creado por el escultor bogotano Gabriel Beltrán rinde homenaje al acordeonero, compositor y cantor Aejandro Durán, el primer Rey de la historia del Festival Vallenato.

De dimensiones imponentes (6 metros de alto, 10 metros de largo y 4,5 metros de ancho), y constituido de materiales tan robustos como el Hierro, el bronce bruñido o el cobre rojo, el monumento aparece como un símbolo firmemente enclavado en el panorama cultural (al igual que la canción que representa).

2-. Francisco El Hombre, en Riohacha

El monumento a Francisco El Hombre en Riohacha

En el cruce de la carrera 7 con calle 15, la leyenda de Francisco El Hombre revive con fuerza. El juglar que venció el diablo con su acordeón, uno de los personajes más representativos de la oralidad caribeña, también ayuda a que el acordeón sea visto como un instrumento poderoso en toda la costa.

La obra realizada por el escultor Javier Julio Mendoza, autor de ‘El Palabrero’ que se encuentra en el malecón, impresiona por su expresionismo y por sus dimensiones: 5,4 metros de alto por 3.5 de ancho. Los materiales empleados (fibra de vidrio pigmentada reforzada con acero) contribuyen a su carácter: es uno de los monumentos de mayor volumen de la ciudad.

3-. “Génesis”, un homenaje al acordeón en Riohacha

Sentado en los kiosquitos de la avenida La Marina, este majestuoso tributo al acordeón fue realizado por Nicolás Freyle Oñate en 2010. La obra se caracteriza por estar fragmentada, lo que permite tener distintas perspectivas y diferentes sensaciones o aires (al igual que la música que representa).

Por sus fuelles imaginarios circula inevitablemente el viento del mar Caribe, el mar alegre que trajo a Riohacha los primeros acordeones que llegaron al país. Ante esta obra, es imposible olvidar que la Guajira es vallenato.  

4-. “Los tres grandes del Vallenato” en Valledupar

Monumento a los tres grandes del Vallenato en Valledupar

Originalmente ubicado al lado del monumento de los Poporos, frente al coliseo cubierto, el monumento fue transferido a la orilla del río Guatapurí, en la misma glorieta en la que se encuentran los monumentos de Diomedes Díaz y Martín Elías.

Este monumento representa un gran homenaje a tres grandes voces de la música vallenata: Jorge Oñate, Diomedes Diaz y Poncho Zuleta, pero también al acordeón que sirve de gran marco. El acordeón, una vez más, da la nota.

5-. Monumento “Los cuatro aires vallenatos” en Patillal

Los cuatro aires del Vallenato en Patillal / Foto: Hernando Vergara

Inaugurado en diciembre 2018, junto con la gran plaza de Patillal, el monumento de “Los cuatro aires vallenatos” busca resaltar el papel importante de Patillal en la composición vallenata.

Es una obra minimalista que brilla por su sencillez. La atención se dirige inevitablemente hacia sus colores y su forma, inspirados en las emociones y los sentimientos que nacen del acordeón, y esto nos recuerda aquella frase inolvidable de García Márquez: “No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento”.

6-. Monumento al acordeón, escultura de Walter Arland en la entrada de la casa museo Beto Murgas

El artista Walter Arland y su obra / Foto: Johari Gautier Carmona

Tan cálido como la música que representa, el acordeón instalado en la entrada de la Casa Museo de Beto Murgas es una bella forma de inaugurar una visita a un museo.

La obra fue realizada por el escultor Walter Arland en 2013, y desde entonces, se ha convertido en el mejor recuerdo.   

 

PanoramaCultural.com.co

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