Turismo

El Carnaval de Barranquilla, Patrimonio de la humanidad

Redacción

10/02/2017 - 03:25

 

El carnaval de BarranquillaEn estos días de Febrero tiene lugar en la costa colombiana una de las celebraciones más vibrantes de América Latina: el Carnaval de Barranquilla. Todos los ojos de la región se han girado hacia ese evento único que, además de ser la vitrina de una cultura mestiza y alegre, se ha impuesto como un importante motor comercial y promocional. El formato ha cambiado mucho desde que en 2003 el evento fue nombrado Patrimonio de la Humanidad.

Una fiesta de todos y para todos

Todo empezó unos siglos atrás, cuando los esclavos afroamericanos aprovechaban unos días libres que tenían al año para congregarse en las calles del Caribe colombiano y celebrar los días de la cuaresma. Los ritmos y el espíritu de un continente se mantuvieron vivos en las celebraciones, renacieron en las procesiones y los disfraces, y se fueron mezclando con las creencias católicas e indígenas. ¿Quién hubiera dicho en aquel entonces que una fiesta originada por los más marginados de un sistema esclavista acabaría siendo uno de los pilares de la vida actual del Caribe colombiano?

Hoy en día, miles de personas venidas de todas partes del mundo se congregan a lo largo de sus más de 5 kilómetros de recorrido en la ciudad costeña de Barranquilla para disfrutar del espectáculo de las carrozas y las comparsas. Las cifras oficiales hablan de más de un millón y medio de personas atraídas por los colores vivos de las vestimentas, la alegría desbordante, el ritmo de los tambores: es decir los elementos más emblemáticos de una fiesta que dura más de una semana (incluyendo las jornadas que preceden los desfiles). Pero eso no es todo. A este ardor festivo hay que agregarle el encanto de las Reinas y sus inolvidables siluetas (mujeres de la región elegidas anualmente para presidir el evento), la gracia de los Reyes Momos (la contraparte masculina de la Reina del carnaval), la fantasía de ciertas compañías de baile, la carroza fiestera de la policía nacional y, cómo no, la participación popular que, desde los palcos, transmite sus clamores y duplica el impacto visual del espectáculo.

En el cielo, los helicópteros de las autoridades locales y diversos canales televisivos contemplan el avance de la fiesta con insistencia. El runruneo de las hélices genera los gritos y las gesticulaciones de miles de personas que buscan un motivo más para vibrar porque esta fiesta es de todos y todo es motivo de satisfacción.

Historia reciente del carnaval

La importancia simbólica y el arraigo comunitario del evento fueron reconocidos oficialmente en el año 2001 cuando el senado colombiano otorgó al carnaval de Barranquilla el título de “Patrimonio cultural de la Nación”. Dos años después, la UNESCO registraba en París su importancia universal al nombrarlo “Obra maestra del Patrimonio oral e intangible de la Humanidad”.

Evidentemente, es algo más que un simple elemento identitario. Es una razón de ser. “La danza que expone el carnaval es la esencia del ser Caribe”, nos explica la historiadora Denis Esther Chinchía Zuleta. “Es, por excelencia, la expresión de una sensualidad. En el carnaval, la danza propicia que los cuerpos se encuentren, se entrecrucen, se toquen, se insinúen y se alejen”.

Desde este reconocimiento mundial, los cambios se aceleraron. Para bien y para mal. Los disfraces ganaron en detalles y colores, las comparsas se multiplicaron, pero también, el aspecto popular fue perdiendo peso y la rentabilización de un evento elogiado mundialmente se impuso. “Con los palcos, ya no se disfruta de la misma forma”, expone un visitante costeño en pleno desfile, nostálgico de los años en que uno podía acercarse a los bailarines, juntarse con ellos en las avenidas o seguir el movimiento frenético de “las marimondas” (disfraces graciosos e irónicos que recuerdan un miembro viril).

Lo mismo opina Denis Esther Chinchía: “Antes, era imprescindible la figura del presidente de la república de Colombia en la batalla de las flores, al inicio del carnaval. Además, era totalmente gratis. Pero ahora, se privatizó y se comercializó”. Innegablemente, los palcos y tribunas oficiales tienen sus detractores pero también muchos otros defienden el orden que genera. Un componente importante para el crecimiento de una festividad con tanto peso y de semejante tamaño. 

 

PanoramaCultural.com.co 

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

Moscú, una ciudad esplendorosa en continuo movimiento

Moscú, una ciudad esplendorosa en continuo movimiento

Nueva, arriba, abajo... Vayamos por partes. Moscú es, desde luego, antigua. Ya en el siglo VI era lugar de paso de los eslavos, antepa...

Un paseo por el cementerio San Miguel de Santa Marta

Un paseo por el cementerio San Miguel de Santa Marta

  El cementerio San Miguel fue construido en atención al mandato de Carlos III según Cédula Real promulgada en 1787, en la cual se...

La Pilonera Mayor: de la controversia a la consagración

La Pilonera Mayor: de la controversia a la consagración

  Entrando a Valledupar por el puente Hurtado, la Pilonera Mayor es uno de los grandes símbolos que acogen al visitante. A pocos met...

El monumento de las guitarras: un homenaje al foclor vallenato

El monumento de las guitarras: un homenaje al foclor vallenato

En el barrio Primero de Mayo de Valledupar, la guitarra es el instrumento más querido. No sólo por el Festival de música vallenata e...

Las rutas de la Sierra Nevada

Las rutas de la Sierra Nevada

Tratar de vivir una aventura diferente es lo que anima a muchos extranjeros a descubrir los paisajes exóticos de la Sierra Nevada de S...

Lo más leído

Te equivocaste, Fabio

Fabrina Acosta Contreras | Opinión

Libros de cuentos para conocer África

José Luis Hernández | Literatura

La agricultura urbana en Colombia

Redacción | Medio ambiente

La varita de caña y su historia, un episodio de la vida real

Álvaro Rojano Osorio | Música y folclor

El reloj del Tío Tomás

Diógenes Armando Pino Ávila | Opinión

Una señora Patillalera formó en el Valle una gritería

Juan Rincón Vanegas | Música y folclor

Pa la Matecaña nos fuimos: anécdotas de juglarías (Parte I)

Alfonso Osorio Simahán | Música y folclor

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados