Lunes, 26 de jun de 2017
Valledupar, Colombia.

La Guajira (Colombia)

En tiempos de crisis, sequía o caos, no es solución la indiferencia pero tampoco el olvido de lo bueno; es lamentable e inaceptable la muerte de los niños y las niñas por desnutrición, los casos de corrupción o los asesinatos de mujeres que registran las estadísticas de nuestra tierra Guajira, pero es igualmente dañino no reconocer que pasan cosas buenas, cosas como conservar costumbres criollas de relacionarse como hermanos, compadres, mopris y familia, aún sin tener parentesco (biológico), compartir un buen café a la sombra de un palo de mango, esmerarse por ser el mejor anfitrión o anfitriona cuando alguien llega a casa a visitar, tener la riqueza oral de nuestros mentores, ver a las indígenas wayuú tejer esperanzas coloridas y a los jóvenes buscar reinventar nuestra historia. Eso bueno y esperanzador también pasa en la Guajira que vemos enferma y/o desahuciada  en diferentes reportajes.

La Guajira es una tierra que no se resigna a morir condenada al fracaso, que no se rinde ante la crisis, ni se olvida que nuevos soles vendrán para ella; como lo demuestran sus cactus y trinitarias, que entre más inclemente esté el clima y más adversidades puedan presentarse, siguen reverdecidos y florecidas respectivamente.

No corresponde esto a un ataque de optimismo sin sentido, es un llamado a los medios de comunicación, a las maquinarias políticas, a los sectores privados o públicos y a la ciudadanía en general a despertar nuevas miradas, a reconocer que no solo somos carbón, sal y gas; y no nos concentramos exclusivamente en las crisis de dichos recursos; también somos arte, emprendimiento, creatividad e innovación; somos vallenatos, palabreros, matronas, gastronomía, turismo, artesanías, fauna y flora.

La Guajira es una poesía viva y su territorio se estremece entre el calor de la naturaleza semidesértica y la esperanza de una guajira fértil y próspera, pues no por casualidad está ubicada en el norte de Colombia como cabeza visible de frente (y no de espaldas) al mar y revestida de mística, colores, sentimientos, humanidad y diversidad.

Estoy segura que serían muchas las cosas buenas que podría mencionar, esas mismas  que poco se ven en noticias pero para el contexto de esta nota las considero válidas y suficientes para argumentar que en La Guajira pasan cosas buenas; no pretendo pasar un borrador mágico a las situaciones dolorosas, solo que es bueno reinventarnos mediante la inspiración de esas cosas positivas que deben llevarnos a unirnos como guajiros y guajiras, para seguir adelante y lograr sacar esa casta de luchadores que no solo pensemos en el bien propio sino el común, en el que nos duela que se hable mal de nuestra tierra y eso nos motive día a día a trabajar para estar mejor.

Hay que creer en la Guajira, amarla, aportarle, transformarla, sin esperar a que un sector político de turno o un inversionista apasionado lo haga, cuando las realidades la podemos cambiar en cada acto de nuestras vidas, porque más allá de ser ejemplos vivos de resistencia debemos ser de transformación; dejar de criticar y actuar, renunciar a las zonas de confort y sacudir la creatividad para comenzar a producir nuevas ideas, pues el mundo no cambia si cada uno no lo hace y en la guajira falta que pase lo mejor de esas cosas buenas que ya pasan y es que se unan las voluntades de amor por la dama inclinada del norte de Colombia, que hagamos una sociedad que viva en unidad, amor y respeto por las diferencias. “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” Eduardo Galeano

En La Guajira, la dama hermosa del norte de Colombia pasan cosas buenas, ¡eso no hay que olvidarlo!

LA DAMA GUAJIRA
La guajira es una dama reclinada
Bañada por las aguas del caribe inmenso
Y lleva con orgullo en sus entrañas
Sus riquezas guardadas 
Orgullo pa mi pueblo
Majestuosa encabezando el mapa
Cual pedestal representando un reino,
Luciendo con soltura y elegancia
Una gigantesca manta y joyas de misterio.

Hernando Marín, canción “La Dama Guajira”.

 

Fabrina Acosta

@Facostac 

Evas&Adanes
Fabrina Acosta Contreras

Mujer natal de la hermosa tierra Guajira, nieta de Rita Contreras mujer de 105 años leyenda viva de Villanueva, es Psicóloga, Magister en Gestión de Organizaciones y Especialista en Alta Gerencia, actualmente cursa la Maestría en estudios de Género y violencia intrafamiliar, y ha realizado diversos diplomados en gerencia social, trabajo con comunidades indígenas e infancia.

Creyente absoluta del Arte en todas sus manifestaciones, considera que la literatura es el camino a la libertad pacifica de los pueblos. Amante fiel de la lectura y firme aprendiz del arte de escribir. Eterna enamorada de las tertulias y del arte en general, encuentra en ello el camino adecuado para el desarrollo social.

Es creadora y directora de la Asociación “Evas&Adanes” desde la cual, se proyecta como una empresa social de alto impacto para el desarrollo de la Guajira y lidera diversas actividades como la iniciativa cultural denominada: Foro Concierto La Mujer en el Vallenato.

Autora del libro Mujer Sin Receta: Sin Contraindicaciones para hombres, como poseedor de la magia de sus vivencias en diferentes culturas donde descubrió historias femeninas que metafóricamente tejen ese universo de la Mujer sin Receta; Autora del libro Evas culpables, Adanes inocentes.

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