Historia

La historia de Santa Marta, la ciudad más antigua de Colombia: del siglo XVI al siglo XVII

Álvaro Ospino Valiente

16/09/2020 - 05:50

 

La historia de Santa Marta, la ciudad más antigua de Colombia: del siglo XVI al siglo XVII
Santa Marta (Magdalena, Colombia) / Foto: cuadro extraído de la colección del Banco de la República

Situada a orilla de una de las bahías más hermosas de la costa norte de la república de Colombia, Santa Marta está enclavada al pie de la montaña litoral más alta del mundo. Es la ciudad más antigua fundada sobre el territorio colombiano, tuvo un papel importante durante los primeros años de la conquista española como sitio de intercomunicación entre la península ibérica y el "Nuevo Mundo".

El agotamiento de los metales preciosos, la hostilidad de los indígenas y los continuos ataques de piratas, impidieron su desarrollo urbano y económico durante la dominación española. A estos factores se sumó su proximidad a la ciudad de Cartagena que la perjudicaba considerablemente.

Vista de la ciudad de Santa Marta

Durante los siglos XVI y XVII, cuando los Habsburgo de la Casa de Austria estaban en el trono español, la ciudad de Santa Marta se mantuvo a la deriva, por fuera de las prioridades de la corona. En esta época permaneció indefensa, aislada, sumida en la pobreza y rodeada de los más belicosos indígenas como los Chimilas. Estos factores determinaron su dramática evolución histórica que, en diversos momentos, comprometieron su existencia, pero la tenacidad de los samarios con su terca persistencia de volver a empezar, la sacaba de las cenizas después del horror de un asalto de los enemigos de España, en especial el de la piratería francesa e inglesa.

El siglo XVIII abrió con el ascenso al trono español de los borbones de extirpe francesa, cambiando su destino. La segunda mitad de este siglo representó un significativo avance urbano y arquitectónico traducido en las obras militares y religiosas, alternada con medidas económicas que pretendieron sacarla del considerable atraso urbano, social y económico respecto a otras ciudades.

La reivindicación de la monarquía española con la atención administrativa es interrumpida por las ideas libertarias. Los desastres naturales como el terremoto de 1834, las revoluciones políticas y la apertura de la aduana de Barranquilla, volvieron a estrellarla con su dura realidad histórica.

La construcción del ferrocarril y su utilización en el negocio del banano le depararon sus mejores años iniciando el siglo XX. Las comodidades y tecnologías importadas por los norteamericanos irrumpieron en la cotidianidad samaria, efímera ilusión acabada por los conflictos sindicales. El turismo renace como una actividad redentora donde aún hoy están sentadas sus esperanzas.

Monumento a Rodrigo Bastidas en memoria de Rodrigo Bastidas en Santa Marta

Santa Marta en el siglo XVI

Los primeros navegantes españoles valoraron las magníficas condiciones geográficas de la bahía de Santa Marta, por su canal natural navegable propicio para embarcaciones de gran calado, protegido de los vientos del Norte gracias por a la formación rocosa que forman las llamadas abras de Santa Ana. Estas condiciones naturales fueron determinantes para el establecimiento del asentamiento urbano fundado por Rodrigo de Bastidas, complementado por la extensa playa donde se mecen las aguas tranquilas del mar Caribe. Este paraíso natural recibía las cristalinas aguas del río Manzanares, bautizado por Pedro de Heredia añorando su tierra madrileña, lugar ideal para hacer rada y sofocar las sedientas tripulaciones después de los tres meses de peligrosa travesía oceánica.

Génesis de una Fundación: Un Futuro Improductivo

Aunque existe una polémica referente a la fecha de fundación de la ciudad, la fecha del 29 de julio de 1525 es la tradicional. El nombre de la ciudad proviene de Santa Marta de Betania cuya festividad se celebraba ese día.

Después de su fundación, Santa Marta sirvió como cabeza de puente para la conquista de los territorios internos. Promediando este siglo su situación fue angustiosa y conflictiva.

Santa Marta era un sitio de tránsito por donde entraban hombres con ambición de riqueza, calamidades, envidias, intrigas, enfermedades, etc., que se arraigaron en el momento que la convirtieron en "plaza de armas" de la monarquía española.

Durante los primeros años el mayor problema junto a la resistencia indígena fue el hambre, debido al hacinamiento cuando coincidían en la ciudad varias "compañías". La mayor parte de estas empresas las conformaban hombres reclutados a la fuerza en las levas, sacados de burdeles, casas de juego, cárceles, vagos, etc, provenientes de las regiones de Castilla, Andalucía y Extremadura.

Santa Marta signada por la flecha y el mosquete: poblar o despoblar, difícil dilema

Promediando este siglo, los metales y la pesca de perlas comienzan a escasear y de este modo las naves provenientes de España no tocaban fondo en el puerto samario, pasaban de largo hacia otros puertos como Nombre de Dios, Veracruz, Portobello y Cartagena.

La situación de Santa Marta era problemática en la segunda mitad de este siglo. Se hallaba sitiada por dos enemigos. Por el Este, los Bondas hostigaban frecuentemente con incendiar la ciudad. Por el oeste piratas ingleses y franceses inician sus retaliaciones al quedar por fuera del monopolio geoeconómico de los territorios recién descubiertos. Santa Marta es saqueada e incendiada frecuentemente.

Desde la primera mitad del silo XVI, Santa Marta sufre los consecutivos ataques de los enemigos de España que saquean y queman la ciudad en reiteradas ocasiones; primero los franceses con Robert Ball (1543), Pedro Braques (1544), Jaques de Sores (1555) y Martín Cote (1560). Luego, los ingleses John Hawkins (1565), Francis Drake (1585) y el portugués Cristóbal Cordello (1597); más otros ladrones de mar cuyos nombres no registra la historia.

Una férrea resistencia de los indígenas Bondas y Chimilas con emboscadas en los caminos impedían la búsqueda de alimentos, afectando su evolución urbana y las incursiones para explorar el territorio. La Corona española se enfrentó a la disyuntiva de poblar o desplobar la ciudad que, al pasar el tiempo, nunca pudo resolver.

El incipiente asentamiento urbano: la primera plaza de armas española

En principio, Santa Marta se levantó con casas construidas con materiales que proporcionaba el medio natural, estacadas de troncos de árboles cubiertas con palma, que se constituyeron en su punto débil por ser fácil presa del fuego, como el incendio fortuito de 1531.

Los hechos más significativos durante la consolidación de Santa Marta como ciudad, fueron en primer lugar el militar por ser base de las operaciones de conquista. Y religioso con el establecimiento de las compañías dominicas y franciscanas en su campaña de evangelización con la erección de improvisadas iglesias y conventos.

La plaza mayor es el núcleo del trazado de Santa Marta y se convirtió a través de los años en un espacio de alto grado de significación práctica y simbólica.

La utilización del ladrillo y la teja se inicia hacia 1580, no impidiendo estos novedosos materiales la destrucción de la ciudad como el ataque del inglés Francis Drake en 1585.

Las primeras fortificaciones como la Torre fuerte de Bonda y la Casa del gobernador García de Lerma, fueron construidas con estilos de la región de Castilla (España), aplicando los nuevos conceptos tácticos-técnicos generados por la vinculación de la pólvora a la guerra.

La delicada situación por los ataques de piratas e indígenas mantuvo a Santa Marta en una constante de reconstrucción parcial o total. Frecuentemente la ciudad se resarcía de sus cenizas, impotente ante un enemigo superior.

La ciudad de Santa Marta / Acuarela de Edward Mark Walhouse

Santa Marta en el siglo XVII

Durante este siglo, Santa Marta permaneció aislada del contexto geopolítico imperial español, complicada con la presión externa ejercida por piratas y corsarios de naciones enemigas como Inglaterra, Francia y Holanda. El puerto samario queda excluido de la ruta comercial determinada por la Corona española y con ello, toda posibilidad de desarrollo.

Las rebeliones indígenas no contribuían a su desarrollo económico que pudiera basarse en la agricultura, actividad propicia por la fertilidad de sus tierras y los grandes bosques cuya madera era ideal para construir grandes embarcaciones, que motivara el emplazamiento de un astillero en su puerto.

Su situación era grave había poco contacto con la península ibérica porque la búsqueda aurífera había concluido, hacia el interior de la provincia quedaban reductos Chimilas que se resistían al sometimiento.

Durante este siglo los samarios se enfrentaron con una desventajosa defensa ante un enemigo superior militar y en su logística. Fue atacada por el holandés Adrián Juan Patter (1630); los ingleses Willian Goodson (1655), Edward Doyley y Cristóbal Myngs (1658); los franceses Francisco Coz (1677), Jean D´Estrés (1680) y el holandés Petri Daniel (1693), más otros asaltos de piratas y corsarios de nacionalidades desconocidas.

La ciudad sufre un retroceso después del ataque del inglés Goodson (1655), entra en un proceso de despoblamiento en medio del pánico escénico. Las familias que podían generar economía emigran a otras ciudades como Maracaibo, Mompós, Santa fe de Bogotá, Cartagena, Honda, etc.

En la medida que Cartagena crecía, Santa Marta decrecía. La construcción de las fortificaciones en Cartagena y el Canal del Dique que la comunicaba fácilmente con el interior del país a través del río Magdalena, fueron la estocada final para Santa Marta. La actividad comercial se revolucionó en Cartagena radicando los intereses de España en aquella ciudad en detrimento de las aspiraciones samarias.

La indefensión de su puerto y su pobreza económica: reflejo de su imagen urbana

Los continuos ataques y el estado de indefensión de la ciudad originaron su estancamiento urbano. La pobreza económica se vio reflejada en su arquitectura y en sus escasas iniciativas de desarrollo urbano.

Las pocas casas reconstruidas frecuentemente, repitieron el mismo patrón utilizado en el siglo anterior. Edificaciones de mala factura de una planta de mampostería con cubierta de teja o levantadas con barro y bahareque con cubierta de palma, diseminadas en escuetas manzanas rodeadas de solares.

En el perfil de la ciudad solo se destacaba por su altura y tipología los edificios religiosos como la Iglesia Mayor construida por el obispo Sebastián de Ocando y la iglesia de San Francisco.

Disminución de la piratería: punto de partida para la consolidación de su morfología urbana

Durante este siglo se inicia el proceso de protección del puerto con la construcción de los fuertes de San Juan (1602), San Vicente (1644) y Betín (1663) de una manera desincronizada. En la segunda mitad de este siglo se inicia el desfile de ingenieros militares con Francisco Ficardo (1667), cuya misión era diagnosticar el estado de la ciudad e informar a la monarquía las alternativas de fortificar el puerto, que se prolongaría hasta las postrimerías del siglo XVIII.

A finales de este siglo hay un significativo interés por parte de la monarquía española por la seguridad de la ciudad, se aumenta la guarnición y reparan las defensas. Esto contribuye al retorno de la tranquilidad y confianza en su población, como también a consolidar en definitiva el tejido urbano de la ciudad al no registrarse más destrucciones e incendios.

La compleja cotidianidad de Santa Marta: el temeroso vecindario mirando hacia el mar

A mediados del siglo XVII y en prevención de las naves enemigas que navegaban por las aguas del mar Caribe azotando el litoral, las autoridades apostaban un centinela en la Torre del Veladero que estaba ubicado en la parte más alta de la Abras de Santa Ana, para alarmar a la población en el evento de avistar una de estas embarcaciones, utilizaban un caracol grande que llaman Fotuto como instrumento de viento y poniendo una banderilla inclinada a la bahía, señalaban a los vecinos el peligro de ingreso. La alarma era aterradora, los hombres se preparaban en armas, mientras las mujeres despavoridas corrían cargando sus hijos hacia el monte.

Además de este curioso sistema los veladores de Betín utilizaban humadas quemando cardón para anunciar la presencia de naves inglesas, francesas y holandesas, era la señal para que el gobernador, los pocos soldados y parte del vecindario para una defensa inútil por las precarias condiciones bélicas en las arruinadas fortalezas de San Juan de las Matas y San Vicente.

 

Álvaro Ospino Valiente

Santa Marta | Arquitecto y urbanista 

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ La historia de Santa Marta, la ciudad más antigua de Colombia: del siglo XVI al siglo XVII ”, de Álvaro Ospino Valiente, corresponde a la primera parte de un ensayo titulado “Breves anotaciones sobre la historia de la ciudad de Santa Marta (Colombia)” del mismo autor, publicado anteriormente en Monografías.

2 Comentarios


Alejandro Carranza 15-09-2020 02:24 PM

Lamentable enfoque: Los aborígenes no se "rebelaban" resistían una invasión y cargar las culpas sobre los sindicatos como causante de la decadencia de la industria bananera es directamente tendencioso. Tal vez el autor entiende que los obreros deberían dejarse explotar por la compañía norteamericana. Lo que no entendí fue lo del pánico escénico (?) porque se entiende que ese miedo lo sienten los artistas sobre el escenario.

Juan Debe 07-10-2020 04:51 AM

Bella cronología. La historia de Santa Marta debe incluir la herencia española e indígena, sin rencores ni desvíos tendenciosos.

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