Historia

La estruendosa caída de Alfonso López Pumarejo (1)

Eddie José Dániels García

14/06/2021 - 04:45

 

La estruendosa caída de Alfonso López Pumarejo (1)
El presidente Alfonso López Pumarejo (1886-1959) / Foto: Banrep Cultural

 

Jamás pensó el presidente Alfonso López Pumarejo que el desconocer el pacto, o más bien el compromiso, que acordó con el doctor Laureano Gómez Castro en 1934, iba a ser la causa de su distanciamiento con el jefe conservador, que duró más de veinte años, y de la estruendosa caída que sufrió el 19 de julio de 1945 cuando tuvo que renunciar a la presidencia de la república, a la cual había sido reelegido en 1942. Se trataba de un pacto de caballeros, que surgió gracias a la amistad que los unía, prácticamente, desde 1910, cuando ambos se iniciaron en el ambiente político y, a pesar de que pertenecían a partidos diferentes, la empatía que los acercaba, había sido demostrada durante más de veinte años y no existió en ese tiempo ninguna fuerza negativa que lograra enemistarlos. Inclusive, la tenaza que formaban hacía pensar que ambos pertenecían al mismo partido, puesto que siempre perseguían un objetivo similar y se identificaban con los mismos puntos de vista.  Por esta razón, durante muchísimo tiempo circuló el comentario de que eran compadres de sacramento, chisme que fue desmentido por Alfonso López Michelsen en su libro “Palabras pendientes”, publicado a comienzos del 2001.

A pesar de que solamente los diferenciaban tres años de edad, los dos habían pertenecido a la “Generación del Centenario”, un selecto grupo de escritores, artistas, políticos e intelectuales que floreció entre 1910 y 1915, y tomó ese nombre como un motivo para recordar el grito de nuestra independencia nacional, que se había proclamado cien años antes. Asimismo, ambos simpatizaron con los principios de la Unión Republicana, un nuevo partido formado por liberales radicales y conservadores históricos, que se había creado para hacer oposición a los asomos dictatoriales del presidente Rafael Reyes Prieto, quien se vio precisado a dimitir en 1909, faltándole un año para terminar su sexenio, tal como lo consagraba la Constitución de 1886. La Unión Republicana, llamada más tarde “El canapé republicano”, porque se decía en el ambiente capitalino que todos sus miembros “cabían en un sofá”, respaldó la candidatura de Carlos E. Restrepo, quien fue elegido Presidente para el periodo 1910-1914, y le tocó afrontar la férrea oposición que le montaron los partidos tradicionales, en cabeza de los jefes liberales Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera, y los conservadores Marco Fidel Suárez y José Vicente Concha. 

La amistad de Alfonso López Pumarejo con el doctor Laureano Gómez Castro comenzó a gestarse gracias a la afición periodística que ambos empezaron a cultivar desde muy jóvenes y que ejercieron hasta los últimos días de su existencia. López Pumarejo en el periódico “El Liberal” y Laureano Gómez en el diario “La Unidad”, informativos que utilizaron para defender los ideales de la Unión Republicana. Esta amistad se afianzó más tarde en la Cámara de Representantes, donde ambos combatieron ferozmente al presidente Marco Fidel Suárez, hasta hacerlo renunciar en noviembre de 1921, faltándole nueve meses para culminar su mandato. En las elecciones presidenciales de 1922, realizadas el 12 de febrero, el general Benjamín Herrera, candidato liberal, es derrotado por el conservador, general Pedro Nel Ospina Vásquez, quien obtiene una amplia mayoría en el país, que casi duplica al candidato liberal. Con la derrota del liberalismo, López Pumarejo expresa su simpatía por el gobierno conservador, que en 1923 lo designa como delegado a la Conferencia Económica de Londres, evento en el cual participó activamente, luciéndose en el manejo de temas económicos y mostrando su perfecto dominio del inglés.

Las óptimas relaciones del político liberal con el gobierno conservador sirvieron para afianzar más la confianza entre los dos jefes naturales, quienes ya habían escalado una posición privilegiada y empuñaban las banderas de la dirigencia en ambas colectividades. Esto significaba que ya los políticos antiguos habían cumplido su ciclo y estaban en plena decadencia, sobre todo, porque en esa época el promedio de vida en Colombia se ubicaba entre los 65 y 70 años de edad. Ambos partidos estaban ahora remozados y dirigidos por líderes jóvenes, que serían los encargados de despejar el camino para que el País hiciera su entrada a la modernidad del siglo XX. Y debido a la derrota de Benjamín Herrera, el liberalismo se abstuvo de presentar candidato a la contienda presidencial de 1926. Alfonso López Pumarejo, influido por su amigo, dio la orden de la abstención liberal, al tiempo que sugería que quien quisiera ir a las urnas, bien podía hacerlo para respaldar al candidato conservador. De esta manera, en las elecciones realizadas el 14 de febrero resultó elegido, sin opositor, el doctor Miguel Abadía Méndez, de origen tolimense, quien combinaba la política con el ejercicio de la cátedra de derecho en la Universidad Nacional.

La división del Partido Conservador en 1930, entre el general Alfredo Vásquez Cobo y el destacado poeta Guillermo Valencia Castillo, dos eternos aspirantes a la presidencia, quienes no pudieron ponerse de acuerdo para unificar al partido, fue el punto débil que aprovecharon los liberales para presentar un candidato a la presidencia de la república. “El liberalismo debe prepararse para asumir el poder” había dicho Alfonso López Pumarejo al observar la inoperancia y el físico desgaste de la administración de Miguel Abadía Méndez. A la división conservadora, se sumó la actitud vacilante del Arzobispo Ismael Perdomo, al respaldar primero al uno y después al otro candidato. Por esta causa, el 11 de diciembre de 1929, la generación de los nuevos liberales, entre ellos, Eduardo Santos Montejo, Gabriel Turbay Abunader, Francisco José Chaux y Alfonso López Pumarejo lanzan la candidatura liberal Enrique Olaya Herrera, quien desde 1921 venía vinculado al conservatismo, desempeñándose como embajador de Colombia en Estados Unidos. Informado de esta decisión, el candidato informa que “solo aceptará la postulación si cuenta con el apoyo de ambos partidos para realizar un gobierno de concentración”.

La ruptura conservadora sigue su curso y ninguno de los divisionistas declina la postulación. Mientras tanto la candidatura de Olaya Herrera continúa recibiendo adhesiones de ambos partidos y éste decide aceptar la postulación. Enseguida emprende su regreso a Colombia, vía marítima, pues aún no había vuelos internacionales. El 8 de enero 1930, estando aún ausente, más de cuarenta mil personas de ambos partidos proclaman su candidatura en la Plaza de Bolívar de Bogotá y se consolida la candidatura de la “Concentración Nacional”. El 18 de enero desembarca en Barranquilla, donde lo reciban más de treinta mil personas, que lo aclaman y lo pasean por las calles principales. El 23 llega a Medellín y en presencia de sesenta mil personas reafirma su aceptación a la candidatura y expone el programa de “Gobierno de Concentración Nacional”. El domingo 26 de enero, cuando faltan justó 15 días para las elecciones, arriba a Bogotá, donde es aclamado por una muchedumbre que supera las 150 mil personas. Finalmente, el domingo 9 de febrero es elegido presidente de la república para el periodo 1930-1934. Asumió el mando el 7 de agosto y con él se inicia la llamada “Republica Liberal”, 1930-1946.

De tal suerte que la campaña presidencial de Enrique Olaya Herrera ha sido hasta el momento la más corta en la historia de Colombia: una semana. Para darle cumplimiento a su palabra, comenzó su gobierno a nombre de una coalición formada por antiguos republicanos, conservadores democráticos y la totalidad del liberalismo. Era la forma más visible de darle veracidad a la “Concentración Nacional”. Sólo tenía la oposición del clero y de los conservadores de ultraderecha. El doctor Laureano Gómez fue nombrado embajador en Alemania y regresó a los dos años, en 1932, para ocupar su escaño en el Senado, el cual desempeñó durante varios periodos legislativos. A partir de ese momento, comparte curul con Alfonso López Pumarejo, quien también había resultado elegido en 1930. Y paralelo a ellos se encuentra Jorge Eliécer Gaitán realizando encendidos debates en la Cámara de Representantes, a donde había llegado en 1929. A mediados de noviembre de 1932, una junta de políticos liberales designa a Alfonso López Pumarejo como jefe único del Partido y al año siguiente, 2 de noviembre, la Convención Liberal lo proclama candidato a la Presidencia de la República para el periodo 1934-1938.

Este es el momento del pacto, o del acuerdo, entre los dos líderes políticos: el doctor Laureano Gómez, quien también había sido designado jefe único del conservatismo, se acerca a López Pumarejo y le dice: “El conservatismo no presentará candidato a la Presidencia en 1934, voy a ordenar a la colectividad que apoye tu candidatura. Esto lo haré con el compromiso de que tú me apoyes en 1938”. López Pumarejo aceptó la propuesta, se dieron un fuerte apretón de manos y un abrazo entrañable. La campaña arrancó con un solo candidato, y el 6 de enero de 1934 apareció el indígena Eutiquio Timoté como aspirante del Partido Comunista Colombiano, PCC, que estaba recién fundado en el país. En las lecciones realizadas el domingo 10 de febrero, con una votación que casi corona el millón de sufragios, Alfonso López Pumarejo fue elegido presidente de Colombia para el periodo 1934-1938. El triunfador asume la presidencia el 7 de agosto y comienza a ejecutar su programa llamado la “Revolución en Marcha”. Mientras tanto, el doctor Laureano Gómez continúa en el senado, observando los movimientos del gobierno y esperando que llegue 1938 para que López Pumarejo le dé luz al compromiso.

La reelección no inmediata era una de las tantas reformas que había sufrido la Constitución de 1886, por esta razón, apenas Olaya Herrera abandonó el Palacio de la Carrera, como se llamaba en ese entonces la sede presidencial, sus fervientes partidarios comenzaron a mencionar su nombre como candidato para suceder a López Pumarejo en 1938. En este episodio, muchas líneas históricas afirman que desde 1932, cuando comenzó a sonar el nombre de Alfonso López Pumarejo como sucesor del presidente Olaya Herrera, éste no vio con buenos ojos su candidatura, porque, en el fondo, él simpatizaba más con la postulación de Eduardo Santos Montejo, su amigo personal. Y muchas fuentes afirman que, por su parte, López Pumarejo también mostraba cierta antipatía por Olaya Herrera. Entonces, como buen estratega que era el presidente López, tuvo una idea maligna: sacar al expresidente del país para alejarlo de sus simpatizantes. Por eso, a comienzos de 1935, lo nombró embajador en el Vaticano. El expresidente viajó a Roma, y el 18 de febrero de 1937 el país fue sorprendido con su súbito fallecimiento. Tenía 57 años de edad, había nacido en Guateque, Boyacá, el 12 de noviembre de 1880.

Con el grito ¡López me engañó!, ¡López me engañó!, para todo el que quisiera oírlo, reaccionó el doctor Laureano Gómez cuando se enteró de que el presidente López apoyaba la candidatura de Eduardo Santos Montejo, proclamada por los olayistas, apenas falleció el expresidente. Ellos consideraban que este personaje era quien mejor encarnaba el legado político del estadista guatecano. La actitud hipócrita del presidente López Pumarejo, ignorando el acuerdo, rompió las relaciones cordiales con el jefe conservador, quien inmediatamente aprovechó las páginas de El Siglo, periódico que él había fundado en 1936, para atacar al gobierno y arremeter contra el “eje López-Santos”. El 22 de julio de 1937, la Convención Nacional del Liberalismo proclama la candidatura de Eduardo Santos y lo nombra jefe único del Partido. El conservatismo denuncia que no ve garantías en el proceso electoral, declara la abstención y afirma que hará oposición al gobierno santista. En las elecciones realizadas el domingo 1 de mayo de 1938, Eduardo Santos es elegido, sin opositor, presidente de la república para el periodo 1938-1942. Asume el 7 de agosto y comienza el tercer gobierno de la “Republica Liberal, llamado “La gran Pausa”.

Y así como sucedió con Enrique Olaya Herrera cuatro años antes, no muy bien había dejado López Pumarejo la Presidencia, cuando ya andaban sus fieles devotos afirmando que éste debía aspirar a la reelección en 1938 para que continuara política de la “Revolución en Marcha”. El exmandatario, por su parte, se sentía halagado, opinaba desde las páginas de El Diario Nacional, del cual era copropietario, y no dejaba de manifestar su aspiración reeleccionista. Con el paso del tiempo se originaron dos fracciones: los lopistas furibundos, simpatizantes de la relección, y los antilopistas, quienes se hicieron llamar “Antílopes”, enemigos de la misma. Esta última corriente tenía como líderes a los destacados políticos Jorge Eliécer Gaitán Carlos Arango Vélez, Gabriel Turbay Abunader y Carlos Lozano y Lozano, quien tenía el guiño del presidente Santos. Contaba, además, la reelección con el rechazo total del Partido Conservador en cabeza de su jefe natural. Sin embargo, nada pudo atajar la aspiración lopista, y el 4 de septiembre de 1941 es proclamada su candidatura oficial para el cuatrienio 1942-1946. En su discurso de aceptación el candidato reconoce “la existencia de grupos antagónicos en el seno del liberalismo”.

Con el propósito de atajar la reelección lopista, el 26 de febrero de 1942, el Directorio Nacional Conservador y el doctor Laureano Gómez proclaman la candidatura coalicionista del liberal Carlos Arango Vélez, quien acepta la designación e inicia su campaña proselitista. Es acompañado por los dirigentes “antílopes” que entraron en la coalición. Pero, el triunfo de López no tenía reversa y apenas se proclamó su nombre se dio por descontado. En las elecciones realizadas el domingo 3 de mayo de 1942, Alfonso López Pumarejo derrota, por más de 200 mil votos, al candidato de la coalición liberal-conservadora, y es elegido Presidente de Colombia para el periodo 1942-1946. Ese día hubo varios muertos por causa de la violencia política, la cual venía paseándose silenciosamente por el país en los últimos años. El 7 de agosto, el presidente electo, vestido con el tradicional sacoleva y el sombrero de copa, toma posesión de su segundo mandato presidencial y es acompañado por los dirigentes liberales que apoyaron la reelección. El conservatismo y los jefes “antílopes” brillaron por su ausencia. “Solo tengo una ambición, un interés y un deber: servir al país”, dijo el López Pumarejo en su discurso de posesión.

 

Eddie José Daniels García

 

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

1 Comentarios


Darío Cortés 15-06-2021 02:13 PM

Saludos. El artículo se titula La estruendosa caída de Alfonso López Pumarejo y el contenido sólo habla de sus triunfos. ¿ Qué pasó aquí?

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