Literatura

“Personajes históricos como Pambelé significan mucho para mí”: Luis Carlos Ramírez Lascarro

Johari Gautier Carmona

22/09/2020 - 04:35

 

“Personajes históricos como Pambelé significan mucho para mí”: Luis Carlos Ramírez Lascarro
El autor Luis Carlos Ramírez Lascarro junto a la portada de su libro El acordeón de Juancho

 

En sus escritos, el Caribe vive y se expande. Dedicado a revivir las historias con todos sus detalles, y a hacer de la memoria una forma de superar las dificultades regionales (o los debates estancados), cada texto de Luis Carlos Ramírez Lascarro explora una faceta desconocida de un tiempo, un lugar o un personaje.

En su columna de PanoramaCultural.com.co (A tres tabacos), el escritor guamalero ha ido indagando en temas tan retadores y variados como la poesía en la música vallenata, la figura de los juglares, la vida de Álvaro Cepeda Samudio, las relaciones que existen entre el Vallenato y la Salsa, o aspectos de la vida cultural de Guamal. En ella (su columna), hemos visto también a un escritor escrupuloso que resucita a los muertos o los fantasmas, para que la discusión se enriquezca y también se llene de fantasía.

Con la publicación de su nuevo libro “El acordeón de Juancho y otros cuentos” (Fallidos Editores, 2020), Luis Carlos Ramírez Lascarro nos ofrece nuevas ventanas sobre el Caribe, nuevas perspectivas sobre grandes momentos y personajes de una región, pero también grandes historias escritas a pulso, con calma y mesura, ritmo y paciencia. 

Las historias que contiene este libro reúne a personajes tan reconocidos como Juancho Polo Valencia, García Márquez, Kid Pambelé o Jaime Garzón, todos geniales en lo que hacen, y también, de alguna forma, condenados por su excelencia. Estas son historias que nos hacen viajar en el tiempo, pero también en la psiquis de un país atrapado en sus dolencias.

Aprovechando el lanzamiento de “El acordeón de Juancho y otros cuentos”, pudimos entrevistar el autor y descubrir que, además, del gran valor que le presta a la palabra, destaca la marca sensible de un hombre que se acerca a su región –y su ciudad– con ganas de verla crecer y trascender.  

¿Cómo surge este libro y cómo elegiste los cuentos que lo componen?

La editorial Fallidos Editores, de Medellín, realiza unas convocatorias anuales, para la publicación de libros de: Poesía, Teatro, Narrativa y Ensayo. De este proceso surge el libro, aunque los cuentos no fueron escritos para esta edición. Hacen parte de una serie de escritos que he venido realizando desde el 2010, aproximadamente, estando casi todos conectados de alguna manera, construyendo así una unidad superior. Escogí los que integran esta edición, inicialmente, apegándome al límite de sesenta páginas impuesto por la convocatoria, luego, seleccioné los que permitieran dar una muestra de las múltiples temáticas que abordo en mis escritos, tales como las costumbres de la región, la violencia que han sufrido muchos de nuestros pueblos y el homenaje a mis ídolos y a mis amigos, como sucede en algunos de los relatos, aunque el lector en general no lo pueda saber.

El título es revelador. Se impone el nombre de un juglar, Juancho Polo Valencia, que vivió una tragedia en vida y sigue sufriendo después de la muerte. ¿Es éste un libro que revive los fantasmas de Macondo?

El fantasma de Juancho no tiene el mismo tipo de asuntos pendientes por resolver que Medardo Pacheco o Prudencio Aguilar, que es el eje del cuento que protagoniza, pero, indudablemente, tiene varias cosas en común con ellos, tales como el espacio geográfico en que se desarrollan las historias o la misma música vallenata; sin embargo la intención del libro no es revisitar o revivir Macondo, aunque soy consciente de que en el entramado del cuento en el cual la figura central es el niño Gabo, se pueden encontrar ecos de su obra e incluso en toda mi obra, pero no por imitación sino, creo, debido a que tenemos muchas cosas en común: un entorno rural condenado al olvido del establecimiento, golpeado por la violencia y la corrupción, en el cual se entremezclan la realidad y la fantasía, en las historias costumbristas de los mayores y de los amigos y parranderos. Esos ecos son casi ineludibles. Adicionalmente, pueden y deben existir influencias técnicas o estilísticas al abordar los textos, no sólo de él sino de Cepeda Samudio, Sánchez Juliao y Zapata Olivella, quienes también han hecho parte de mis lecturas formativas y favoritas.

Aparecen otros grandes personajes de la historia reciente de Colombia, como García Márquez o Jaime Garzón, muchas veces frente a situaciones del pasado o después de tener un sueño incómodo. ¿Cómo escoges tus personajes y por qué precisamente ellos?

Además de los nombrados antes, personajes históricos como Pambelé significan mucho para mí. Han sido o son referentes en algún aspecto. Hacen parte de mi vida y me pareció importante poder decir algo acerca de ellos, como un tributo. Los cuentos que protagonizan Gabo y Garzón surgieron a partir de un ejercicio propuesto tras la lectura fascinante de “Sueños de sueños”, de Antonio Tabucchi, por eso tienen, básicamente, la misma estructura que los cuentos de ese libro del autor italiano. Esos cuentos de Gabo y Garzón son una especie de juego: uno para decir algo un poco diferente acerca de la obra extremadamente comentada del Nobel colombiano y el otro para abordar de manera tragicómica uno de los tantos magnicidios dolorosos que se hicieron paisaje en los años noventa del siglo pasado en este país de innumerables tipos de violencia.

Los personajes que son referentes públicos o culturales entran en mis cuentos o mis poemas, como objeto de reconocimiento. Los que no pertenecen a esta categoría, por su parte, son un ejemplo de la cotidianidad, con frecuencia inspirados en alguien que he conocido en persona, como en el caso del joven mantero de Corraleja o Jose, a quien le asesinaron el padre en La última lágrima.

La corraleja es otro elemento distintivo de la costa Caribe que aparece en tus cuentos. ¿Qué te hace sentir este escenario?

Las corridas como tal no me gustan, me estresan. Sufro con la proximidad constante de la muerte durante las faenas para los actores humanos y con el sufrimiento infligido a los animales. Debo anotar que, a pesar de que no me gustan, me parece más natural y equitativa la lucha de las corralejas que la que se da en las grandes plazas de toros tipo Las Ventas o Cañaveralejo. Lo que me encanta de esta fiesta es la música. Hace parte de la banda sonora de mi vida y es tan importante en ella como la cumbia, el bolero, la salsa y el vallenato. Con piezas de cada una de estas músicas me elevo, me conectan con algo superior a mí y que a veces pueden ser simples recuerdos, pero en otras puede ser el universo mismo, como cuando los oigo frente al mar en Cartagena. En esta música, hay algunas de mis canciones favoritas, como Los sabores del Porro de Pablo Flórez, cuya letra me hubiera gustado escribir o Caribe triste e Imágenes de Leonardo Gamarra, que son unas de las canciones más bellas del cancionero del caribe colombiano. El escenario de las corralejas, en suma, me aterra y me hipnotiza, de manera paralela.

En tu cuento “El día que aprendimos a ganar” haces referencia a las proezas del boxeador Kid Pambelé. Es una gran reflexión sobre la superación y sobre cómo ganar confianza. ¿Qué te sugiere ese deporte y esa figura del Caribe?

El boxeo, el fútbol, la música y algunos otros deportes y actividades susceptibles de ser convertidas en espectáculo, son de esas pocas opciones de redención que tienen los pobres de este país. Así consiguieron un reconocimiento y en ocasiones cambiar su estilo de vida, a pesar de las dificultades en medio de las cuales nacieron y crecieron, personajes como: Rocky Valdez, Lucho Bermúdez, Carlos Valderrama y Omar Géles, por dar un ejemplo. Me sugiere una lucha constante por encontrar un lugar en el mundo, en la cual hay que dar todo de sí, aunque duela y aunque cueste, pero siempre respetando las reglas y a la autoridad. Con él conocí la lucha de los miembros de la Nación del Islam, a la que pertenecía Muhammad Alí y de la cual fue un gran líder Malcolm X, cuya franqueza y claridad en el discurso siempre me ha gustado, aunque me inclino más por la faceta más moderada que alcanzó hacia el final de sus días, que la incendiaria inicial. Pambelé es una leyenda viviente y una muestra clara de lo que es un verdadero influencer, una persona con ascendencia ante su comunidad y las autoridades podría lograr por una comunidad, a la vez que una muestra de que es necesario saberse rodear en la vida, sobre todo en los momentos de fama y gloria, para no dejarse llevar al esmierde.

En ciertos cuentos, como “La condena”, hablas de la prisión y de la miseria, la soledad y la humillación, y en “La última lágrima”, describes escenas de muerte y desolación en Guamal. ¿Se puede decir que tus cuentos son también estampas del dolor que ha padecido esta región?

Definitivamente. Uno de mis temas obsesivos es la violencia que ha azotado a nuestros pueblos, pero no busco hacer en mis relatos ni en mis poemas un inventario de muertos, ni una descripción pormenorizada de los hechos, para eso están, por ejemplo, los informes del Centro Nacional de Memoria Histórica, muy valiosos para conocer la historia reciente del país y sus conflictos. Mi intención en todos los cuentos del libro es dar testimonio de algún aspecto de mi tiempo y de mi mundo. En este caso en concreto de la violencia paramilitar desatada vorazmente entre la década de los 90 y los 2000 y que últimamente se está recrudeciendo de manera lamentable, así los grupos sean llamados de otra forma, volviendo a sumirnos en unos escenarios de desesperanza y dolor que creíamos habían empezado a quedar atrás, pero no hemos sido capaces, como sociedad, de construir la paz. Parecemos condenados o querernos condenar a perpetuar la violencia en todas sus manifestaciones.

Entre todos estos valiosos relatos, ¿cuál es tu favorito? ¿Y por qué?

Pienso que “No quiero aplausos, sólo tu amor”. Porque es el más guamalero de todos los relatos, por los personajes, que muchos de sus nombres son los de mis amigos o mis familiares, por los espacios en los cuales se desarrolla el cuento, que son del pueblo, porque me encantaban los circos que venían cuando era un niño y en él reflejo muchas cosas de esa época. Con todo esto, el cuento me permite empezar a lograr un objetivo que me planteé hace unos años, cuando ya escribía con cierta disciplina y seriedad: poner al nombre de mi pueblo en la historia de la literatura colombiana y espero poder tener la oportunidad de lograrlo. De resto, todos son muy importantes, todos me han permitido decir algo que quise y necesitaba, en su momento. Todos son como un hijo, hacen parte de uno, tienen algo de uno, aunque no lo sean del todo.

 

Johari Gautier Carmona 

@JohariGautier

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