Literatura

Le vendí mi obra al diablo

Baldot

20/10/2021 - 05:40

 

Le vendí mi obra al diablo
Obra del artista Uvaldo Torres (Baldot)

 

Visité en uno de mis tantos sueños a un cliente para venderle una de mis pinturas, llegué a una mansión blanca, con el blanco más radiante, las puertas eran tan grandes que desaparecían en el cielo. Al llegar a la recepción, me esperaba un hombre de piel clara estaba sentado en un sofá enorme de colores blanco hueso, erguida su espalda, no tocaba el espaldar del mueble.

––Buenas tardes ––le dije––. Soy el pintor Baldot, me dijeron que usted necesita una pintura ––seguía hablándole y me respondió.

––Sí, supe que te ha ido bien desde que estás pintando y quería conocerte, eres tal cual como me contaron.

Le contesté de inmediato: 

––Señor, ¿con quién tengo el gusto? Vine aquí, desde muy lejos, alguien me dijo que usted quería un cuadro; perdón pero no sé su nombre...

El hombre se levantó del gran sofá y su estatura era como de diez metros, su cabellera entrenzada de color ocre, vestía una falda que le llegaba más abajo de las rodillas casi hasta sus pantorrillas y con una voz de trueno me fijo:

––Soy el diablo.

Le respondí: 

––Señor, ¿usted es el diablo? Qué bien, gusto en conocerte, viejo no eres como te pintan, qué elegante, eres genial...

Al su lado jugaban un par de niños, parecían sus hijos porque cada rato les pasaba muy suavemente la mano en la cabeza y acariciaba esos cabellos dorados como el sol. Él se volteó y me dijo:

––Vamos, pintor, te presentaré la casa...

Caminaba él delante de mí. Su caminado era la elegancia total, parecía un modelo en una pasarela. Ya dentro de aquella casa, encontramos mujeres hermosas por todos lados, parecían sus sirvientes. De repente, habló con una mujer que salió de la nada de un aposento y me la presentó, le habló de mí como el pintor de moda, ella poco nos escuchaba, estaba entretenida con su cabello largo y una de la servidumbre la peinaba con un cepillo. Su cabellera brillaba como el mismísimo oro. Bajamos unos escalones que separaban dos grandes salas. Llegando a una pared inmensa y explicándome que él quería una de mis pinturas en ese mismo lugar, tomé un rollo que tenía colgado en mi espalda, enrollado y amarrado por unas tiras, lo extendí y comprobamos que aquella pintura era de 10 metros. Le hablé y le dije que esa serie la llamé humanidades, se sonrió y me dijo:

––Ésta es la pintura que luciré, aquí en mi mansión. Te la compro de una, Baldot.

El muy hijo de puta ni siquiera me pidió rebaja, de inmediato mandó destapar uno de los mejores vinos que tenía en su cava, en su bar, aquellas bodegas rebosaban de licores, añejados, llenos de telarañas. Imagínense ustedes lo viejo que es el diablo, pues así de añejo eran sus botellas. ´Nos sirvieron un vino tinto seco de la época romana, luego, orgulloso y sosteniendo la copa en su mano, sacudió el polvo con un suave soplo que salía de su boca.

––De este mismo vino bebió Ulises, Alejandro Magno, y hasta el mismo Cesar.

Aquella tarde hablamos de su vida, de la mía, de Dios (a él poco le interesaba tocar el tema sobre Dios). Habíamos tomado más de dos botellas, yo me sentía embriagado talvez igual que él. Durante esa conversación, fuimos picando de una tabla de quesos, jamones serranos; comparé al Sr. Diablo tan sibarita como yo, un anfitrión estupendo. 

Empezó a contarme su historia, a hablar de su vida íntima, se sentía dolido porque la humanidad lo ha tratado de hijueputa, de malvado, le interrumpí por un momento y le dije:   

––¡Eche diablo!, ya que entramos en confianza, "pero es que tú eres malo desde la creación de los tiempos, ahora no te la vas a tirar de angelito".

Y me dijo:

––Ése es el cuento que se inventaron los que escribieron la biblia, pa´ jodeme, yo que los salvé a ustedes desde el comienzo pintor.

––¿Cómo así, llave? ––le respondí––: Embarájame ese cuento. 

––Sí, ¿tú te acuerdas lo de la manzana, lo de Eva?

––Clarinete, compa.

El éxtasis del vino me hacía entrar en confianza y le respondía con palabras costumbristas de mi región. El diablo seguía sentado en su trono, recostado con elegancia en su sofá blanco como el marfil, contando su historia y yo perplejo mirándolo fijamente. 

––Bueno, sólo les di a comer del conocimiento, para que despertaran, para que pudieran trabajar, para que salieran adelante, para que no anduvieran por ahí sin ropa, desnudos, yo soy el man del camello del trabajo, del intelecto, de la misma cultura, ése soy yo, "¿eche, qué? ¿se iban a quedar en un paraíso flojeando, contando pajaritos preñados? No, señor. Pa´lante, el mundo es de desarrollo, no se detiene, por allá está la nueva civilización, la nueva conquista ––me señaló el planeta Martes que yo veía porque la casa no tenía techo, parecía la verdadera casa en el aire. El diablo seguía hablándome y yo con ganas de irme porque ya tenía el billete de la pintura en el bolsillo, y me dijo:

––Se lo dije al mismo Cristo hace dos mil años y tampoco me paró bola. Le mostré la riqueza, los negocios que se podían hacer, el desarrollo...sin robar a nadie, pero no, no me creyó, se puso fue a pelear en una iglesia, cogió a garrotes a todo el mundo. A todo el que vendía le dañó el plan, quería era andar con ese poco de manes, lo jodieron, lo colgaron, lo crucificaron, por no hacerme caso, y me echan a mí la culpa... Yo no tengo culpa que ustedes los humanos sea tan irrazonables a con ustedes mismos. A ustedes se les debería llamar Diablo, te salvarás tu por ser pintor, los pintores son unos bacanes, unos bohemios que no se meten con nadie, sólo ven la vida de colores. A mí como diablo no me ha ido mal, a mi lo que me gusta es que la gente trabaje, eso sí, sin mentiras, sin engaños, yo no soy de esos.

Le dije: 

––Señor diablo, tengo que irme gracias por todo, me envía una foto cuando lo enmarque pa´ subirlo a las redes.

Me puso su mano en el hombro, y me dijo:       

––El placer es mío, Baldot. Serás el mejor...

De pronto, me desperté con una resequedad en la boca como si de verdad me hubiese embriagado en el sueño, y sí que lo hice, había botellas muy cerca de mi cama, de vinos baratos que había comprado en el supermercado.

 

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Sobre el autor

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Fintas literarias

Uvaldo Torres Rodríguez. “Baldot”. Artista que expresa su vida, su historia, sus sueños a través del lienzo, plasmando su raza, lo tribal, lo ancestral, y deformando la forma en la búsqueda de un nuevo concepto. Redacta su vida a través de la pintura, sus fintas literarias las escribe con guantes de boxeo. Con amor al arte y a la literatura desde niño.

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