Música y folclor

Viaje al corazón del desfile folclórico más alegre de Colombia

Johari Gautier Carmona

05/05/2026 - 06:30

 

Viaje al corazón del desfile folclórico más alegre de Colombia
Una pilonera en pleno desfile del 59 Festival de la Leyenda Vallenata / Foto: Johari Gautier Carmona

 

Escuchen ese repiqueteo jovial y enérgico: las trompetas de la comparsa de turno suenan efusivamente dando el inicio al baile andante. Luego, los pasos de las piloneras esbozan en la avenida un trazado hipnótico. En sus manos, suben y bajan las polleras coloridas con arresto, buscando siempre la máxima coordinación, y a su alrededor los piloneros yerguen su pilón con orgullo.   

Luego, se impone el mensaje de bienvenida: “¿A quién se le canta aquí a quien se le dan las gracias? ¿A los que vienen de afuera o a los dueños de la casa?”. Y el público presente, venido de todos los rincones de Valledupar y de Colombia –que al principio observaba expectante desde las vallas cercanas–, acompaña ahora con fervor y complicidad.

El juego de espejos es asombroso. La letra ya no va en una sola dirección, sino en dos. Los espectadores, exaltados por la euforia visible en los rostros de los bailarines, los alienta, los aplaude y los arenga como si de una competición deportiva se tratara. Suena entonces un gran “Jueeeepa” al unísono, marca de una unión visceral y misteriosa, y los rostros se llenan de sonrisas. 

Los piloneros y el público se hacen compañía en una calle que antes los dividía. Esa arteria por la cual centenares y miles de vehículos transitan cada día se ha convertido ahora en el escenario de un encuentro multitudinario de dimensiones improbables. Este espectáculo citadino que transcurre sólo una vez al año, en los primeros días del Festival de la Leyenda Vallenata, parece algo milagroso, espectacular y surrealista. Es algo tan portentoso y natural como la llegada masiva de aves migratorias a la Guajira o el apareamiento de las ballenas en el Pacífico, pero a escala humana y en un lenguaje construido con instrumentos musicales.  

¿Quién hubiera imaginado que ese baile que recrea escenas del campo, como la molienda del maíz, y en donde las mujeres pilan el grano en morteros de madera o cantan para amenizar la jornada, terminaría siendo el canto de acogida de una fiesta convertida en vitrina regional? ¿Quién hubiera dicho que las duras escenas laborales de ayer serían el gran entretenimiento de hoy?

***

Las 170 comparsas de piloneras inscritas en los desfiles del Festival de la Leyenda Vallenata se suceden con un ritmo frenético. La mayoría procede de Valledupar o del departamento del Cesar en representación de colegios, fundaciones o empresas locales, y muchas otras acuden especialmente de los departamentos del Atlántico, Magdalena, la Guajira o Sucre para escenificar las conexiones que existen entre un lugar y otro del Caribe colombiano. 

Desde las 2 de la tarde hasta más allá de las 7 de la noche las comparsas se siguen una tras otra, dejando un espacio de aproximadamente cien metros entre ellas. Todas ellas se mueven con su banda respectiva, pero al mismo ritmo, repitiendo la misma letra y el mismo estribillo, recreando así una sensación envolvente, un trance musical que las ayuda a aguantar la distancia y el calor.

No es fácil sobrellevar esas temperaturas abrasadoras. Tampoco es fácil mantenerse de pie y recorrer esos kilómetros en una avenida que no termina nunca, siempre expuestos al agotamiento y a la sed extrema. Por eso, el aliento recibido de parte del público es tan importante. Por eso reconocer a un amigo, un familiar o un conocido entre los presentes es clave para aligerar la marcha.

El progreso, la concentración, y sobre todo ese estado de felicidad se construyen entre todos. El desfile de piloneras es, sin lugar a dudas, un trabajo (o baile) en equipo, conformado por constelaciones de grupos cercanos, a su vez compuestos de multitudes de almas alegres. Por eso éste es quizás el evento más fraternal y empático de los que existe en Valledupar. Miles de estudiantes, empleados, vecinos, turistas, feligreses, artistas y bailadores se organizan en la Simón Bolívar o la Novena para celebrar el momento presente y cantar con los bailarines estos versos: “Por ser la primera vez que en el festival yo canto, gloria al padre, gloria al hijo y gloria al Espíritu Santo”.

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La fiesta es espontánea, sí. Los saludos y los gritos de alegría alimentan el baile minuto a minuto. El ambiente se vive en cada esquina y la actitud del pilonero o la pilonera repercute directamente en el resultado visual. Vivir el presente es elemental, y, sin embargo, la preparación es fundamental. No hay nada más importante que ese espacio de cuatro a seis semanas de ensayos que se anteponen al evento.

El primer objetivo de esos encuentros nocturnos reside en ensayar los pasos hasta conseguir una coordinación técnica intachable. El grupo debe mostrar una sincronización y una compenetración extraordinarias para fluir airosamente por la avenida y ganarse el reconocimiento de los jurados. El segundo objetivo es entenderse como grupo, conocer a los compañeros, aprender a sonreír, a sentir el ritmo del Pilón, a llevarlo por dentro (incluso cuando la banda ha dejado de tocar), saber seguir el paso de los demás, hallar su espacio en el grupo y defenderlo hasta el final. Así se conquistan las aclamaciones del público.

Durante esas sesiones de preparación, el trabajo físico y mental transforman a los participantes. Pero también a las parejas que se inscriben. El compás los invita a acercarse, a mirarse, tocarse y a animarse en los momentos duros o vacíos. Aquellos que se preparan para bailar en pequeños comités, se preparan también para brillar (y sufrir alegremente) en público.

Esas reuniones nocturnas de abril, en las que los concursantes se preparan juiciosamente, representan los runruneos que anuncian el Festival Vallenato. Poco a poco, ocupan las calles y las plazas de Valledupar. Gracias a ellas, el pueblo entero, los vecinos, comerciantes, trabajadores y visitantes entienden que el festival se está acercando. Algo grande está llegando y no hay nada más hermoso que ese sentimiento que va creciendo en el lugareño, esa emoción cálida que le reconecta con lo que alguna vez ha sentido, y con lo que está a punto de pasar.

Esa gran alegría, mezcla de nostalgia y alborozo, de anhelo y picardía, de elegancia y coquetería, es lo que motiva al bailador en su preparación diaria. Aunque también le empuja ese imparable deseo de ser partícipe de algo que identifica profundamente a la ciudad: el Festival de la Leyenda Vallenata. Porque algo es innegable: los piloneros abren el gran baile de la ciudad. Son los voceros de una tradición viva. Los portadores de un mensaje de júbilo. Los tejedores de una cercanía vecinal.

No hay nada más bello que prepararse para desfilar en una comparsa de piloneras.    

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Con el desfile de las piloneras, se celebra la esencia seductora de la mujer. Ella asume el papel principal de este gran espectáculo a cielo abierto. Todos los ojos se dirigen hacia ella. Ella brilla por su sonrisa, su postura corporal y su mirada. El hombre acompaña, alienta, dirige en ocasiones, pero su papel no deja de ser el de un satélite que gira con calma alrededor de un planeta radiante. La pilonera es el alma del desfile.

El maquillaje de las piloneras se hace siempre notar. A veces, en ese esfuerzo de resaltar la belleza del rostro, las pinceladas y los colores terminan siendo exagerados, casi caricaturescos, y, por eso, las mujeres ostentan rostros amarillentos y cachetes sonrojados. Aun así, la pilonera se ve hermosa. Con el pelo siempre recogido y brillante, y los labios rojos carnosos, ella transmite delicadeza y voluptuosidad a pesar de la carrera incesante.

También se alaba el mestizaje: esa gran riqueza del mundo hispano. Las pieles de todos los colores y matices se unen en una declaración de igualdad, solidaridad y hermosura: el blanco-algodón, blanco roto, blanco marfil, el trigueño, marrón acanelado, el dulce de leche, el moreno acaramelado, el ébano carbón o negro azabache. Todas las tonalidades brillan por igual.     

Y en ese esfuerzo colectivo admirable, el público busca conectar espontáneamente con esa belleza multifacética. Pero desde la alegría. Siempre con alientos positivos. Con un “Juepae”. Con una foto. Unas palmadas. Y así es cómo se generan reacciones agraciadas y espontáneas: una sonrisa, una mirada encendida, un saludo, un guiño y hasta un beso inocente lanzado con la mano…

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Después de casi cuatro kilómetros de recorrido, el trayecto culmina en la rotonda de la Pilonera Mayor, ante el monumento que enaltece a Consuelo Araújo, “La Cacica”. Con este final asombroso, las piloneras rinden homenaje a la mujer que dio vida al Festival de la Leyenda Vallenata, junto a otras grandes figuras como Rafael Escalona y Alfonso López Michelsen.

Aunque parezca que siempre estuvo presente, el baile del Pilón tardó su tiempo en integrarse en esta gran fiesta de los acordeones. Dieciséis años después de su creación, en 1984, Consuelo Araújo propuso que el evento tuviera un baile representativo que sirviera como puerta de entrada.

Así fue cómo el Festival Vallenato terminó asimilando un desfile que surgió en 1981 gracias a Cecilia "La Polla" Monsalvo, quien organizó de forma independiente un primer desfile de piloneras. En 1994, La “Polla” asumió el liderazgo y el desfile de piloneras se convirtió en la gran celebración de apertura con concurso incluido.

El baile del Pilón no había mantenido vínculos directos con la música vallenata. Era una expresión que se había consolidado y formalizado al aire libre, en los salones de baile, y en formaciones locales como el Ballet Vallenato. Sin embargo, esta entrada en el universo del Festival de la Leyenda Vallenata convirtió, de repente, la danza del Pilón en insignia del folclor vallenato.

Hoy, extrañamente, las piloneras marcan el arranque del Festival. Son su cartel más vibrante. Su rostro más popular y festivo. Y puede decirse también que un Festival vallenato sin piloneras no es un festival…

 

Johari Gautier Carmona  

@JohariGautier

Sobre el autor

Johari Gautier Carmona

Johari Gautier Carmona

Textos caribeños

Periodista y narrador franco-español. De herencia antillana. Dirige PanoramaCultural.com.co desde su fundación en 2012.

Escribe sobre culturas, África, viajes, medio ambiente y literatura. Todo lo que, de alguna forma, está ahí y no se deja ver… Autor de "El hechizo del tren" (Ediciones Universidad Autònoma de Barcelona, 2023), "África: cambio climático y resiliencia" (Ediciones Universidad Autónoma de Barcelona, 2022), "Cuentos históricos del pueblo africano" (Ed. Almuzara, 2010), Del sueño y sus pesadillas (Atmósfera Literaria, 2015) y "El Rey del mambo" (Ed. Irreverentes, 2009). 

@JohariGautier

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