Música y folclor

Totó y la geografía del tambor

Diógenes Armando Pino Ávila

22/05/2026 - 07:25

 

Totó y la geografía del tambor
Totó La Momposina representó la continuidad de las mujeres cantadoras del Caribe colombiano / Foto: Ramasso Productora

 

Hablar de Totó la Momposina —que era de Talaigua Nuevo— en estos momentos requiere una mirada desprovista de emoción. Su estatura folclórica y lo que representó necesitan una lente propia del territorio, una mirada desde la llamada Depresión Momposina y, sin caer en excesos de zalamería, también evitar la acidez del comentario inapropiado.

Porque Totó la Momposina no fue solamente una cantante famosa del Caribe colombiano. Fue, quizás, la voz más universal de la cultura anfibia de la Depresión Momposina, esa civilización del agua donde el río, la ciénaga, el tambor y la memoria oral construyeron una manera particular de sentir el mundo. En ella se conjugaron muchos elementos que el habitante ribereño detecta sin mayor esfuerzo.

En su canto y en su obra encontramos el mundo anfibio del río Grande de la Magdalena y, con algo de concentración y conocimiento del territorio, palpamos la amalgama sincrética, la mezcla indisoluble indígena, africana y española, matizada además por los cantos de boga, las ruedas de tambora y las fiestas patronales. Ella heredó de las cantadoras de patio esa forma natural y poética que representa el diálogo permanente entre el agua y la tierra. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que Totó encarnó esa identidad híbrida y ribereña. Su música era prácticamente un mapa sonoro de la cultura de esta mágica hondonada denominada Depresión Momposina.

Tuvo la fortuna de convertir la música “local” en patrimonio universal. Antes de Totó, los ritmos tradicionales, los que narran la vida y la historia del territorio, de este Caribe de “tierra adentro”, eran vistos por las élites urbanas como “música de pueblo”, “de negros”, “de monte” o “de fiestas de corraleja”. Ella hizo algo extraordinario: llevó la tambora, el bullerengue, la chalupa, la cumbia ancestral, el son de negro y los cantos ribereños a los grandes escenarios del mundo. Cantó en Europa, África, Estados Unidos y América Latina cuando todavía el Caribe colombiano profundo era invisible para muchos colombianos. Totó logró que el mundo escuchara el sonido de una cultura que Colombia muchas veces había ignorado.

Fue guardiana de la oralidad femenina del Caribe. No aprendió la música en conservatorios; la aprendió en la cocina, en el patio, en el río y en la fiesta comunitaria. Se puede decir que Totó representa la continuidad de las mujeres cantadoras del Caribe colombiano. Su legado viene de las matronas cantadoras, las ruedas de tambora, las cantadoras de velorio, las parteras, las lavanderas de río, las mujeres que transmitían memoria cantando. Ella no salió de una academia musical: salió de la tradición oral, y eso tiene un enorme valor antropológico.

Totó tuvo una relación entrañable con la cultura anfibia. Esa cultura y esa forma de ver el mundo marcaron profundamente su identidad cultural. Permítanme ponerlo en contexto: la Depresión Momposina es una cultura moldeada por las crecientes, las sequías, la movilidad fluvial, la pesca, la trashumancia y la adaptación permanente al agua. Totó es hija de ese universo. Sus ritmos tienen cadencia de remo, de boga, de vaivén de canoa.

Muchos de sus cantos tienen estructura repetitiva y circular porque provienen del trabajo colectivo y de dinámicas comunitarias ribereñas. La música de Totó tiene geografía. Uno escucha sus tambores y siente el río Magdalena respirando detrás de cada golpe. Totó no solo interpretaba canciones; conservaba formas de hablar, de vestir, de bailar y de entender la vida. Con ella muere una generación conectada directamente con tradiciones centenarias del río Grande de la Magdalena.

Con Totó no desaparece solamente una artista; se apaga una de las grandes memorias vivas de la civilización anfibia del Caribe colombiano.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

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