Música y folclor
Pablo Barrios: hacedor de acordeones

Conversando telefónicamente con mi compadre Ramiro Ricaurte, amigo y seguidor de esta columna, residenciado en Fort Lauderdale, Florida, USA, le exponía la idea que tenía de surtir cinco crónicas alusivas a acordeoneros de la subregión del Río, ubicados en el sector Tenerife - Salamina, cuando me interrumpió:
—Compa, Pablito no se puede quedar por fuera, recuerde que él es el de la casa.
Y es que no podía quedar por fuera. La genealogía vallenata no es un simple árbol de apellidos, es la cartografía del sentir costeño, por ello rememorar sus parrandas hace parte del mapa afectivo de nuestro sentir.
Indudablemente, Pablo Barrios Curcio, nacido 2 de noviembre de 1970 —hijo mayor del gran Rufino Barrios Martínez y Mercedes Curcio Ortega, bautizado así en honor a su abuelo Pablo Curcio, el inolvidable Pablero, fallecido el 3 de noviembre de 2015— es el de la casa.
Conocido por todos como Pablito Barrios, es la estirpe sonora de quien con sus notas de acordeón nos ha acompañado durante largos años en incontables parrandas y serenatas tenerifanas, con amanecidas incluidas, que pertenecen a los recuerdos de un Tenerife de ayer, hoy valoradas por derecho propio, y Pablito es, sin duda, uno de sus custodios mayores.
Y no solo de Tenerife sino de la región. En varias ocasiones que tuve el honor de departir con Pepe Lozano, traté infructuosamente de visibilizarle otros acordeoneros; Pepe, con su pericia de folclorista curtido, los escuchaba con paciencia infinita y al final terminaba musitando:
—Mejor mándate a buscar a Pablito y con el mismo viaje se traen el MP4 tuyo, Albert Mójica, y su guitarra.
Pablito, además de excelente ejecutor, ha sido forjador de muchas generaciones de acordeoneros tenerifanos. Su estilo encaja en el vallenato tradicional, pero con unos matices sabaneros heredados de su padre, el gran Rufino Barrios, primer hacedor de acordeones en Colombia, pasos que hoy sigue.
Me cuenta una anécdota de un ganadero del corregimiento de Santa Inés, quien tenía la fama de "duro". Que emocionado al calor de los tragos, en plena parranda, le ofreció a Pablito un lote de ganado. Ya Pablito se pintaba tirando hierro y marcando novillas.
Pero al amanecer le cambió la propuesta a una hermosa novilla, y ya, cuando despuntaba el sol, le dijo: "Hombre, Pablito, ¿pa' qué te vas a complicar con esa vaina de ganado? Coge estas 50.000 barras y arranca...".
—¡Estaba que le competía al "Negativo" de Leandro Díaz! —me dice entre risas—. Claro que $50.000 pesos en esa época eran bastante —remata Pablito, con su sencillez de siempre.
También le ha correspondido vivir momentos luctuosos: “Mi papá Rufino Barrios y mi hermano Abelardo, murieron un 20 de octubre en 1999, iban de viaje para un toque en la Unión (Sucre), y pues sucedió esa tragedia, después más adelante, mi hermano José, que también tocaba acordeón, falleció…”
Pablito tiene a su haber trabajos musicales con “Chimicho” Padilla, 2 CDs con Heider Ortiz y Horacio Mora, pero últimamente se ha orientado en honrar el legado de su padre: la elaboración de acordeones. Sobre ese trabajo nos ilustra:
“La mayoría de los materiales los compro en Barranquilla y una parte en Bogotá. Se demora uno más o menos una semana para hacerlos, la fabricación es manual, artesanal; se le alcanzó a vender acordeones a Enrique Díaz, Rolando Ochoa y otros acordeneros de la sabana. Yo heredé varias herramientas de mi papá, pero desde que él murió, son ya casi 27 años y la tecnología ha cambiado. Por ejemplo: ahora existe un mecanismo que se llama el corte láser, nosotros cortamos la madera con un láser, y lo que es la pieza de acero también lo cortamos con láser. Yo heredé un afinador que mi tío trajo de Estados Unidos, que era la novedad en ese tiempo, pero ahora es más fácil con la tecnología, ya la afinadora la podemos tener en una aplicación en el teléfono o en un computador, entonces ahora es más fácil en ese aspecto”[1]
—Se las juego a la Honner! Remata con convicción.
Ya en el epilogo, Pablito se torna reflexivo:
“Como nos contestó una vez Pepe cuando le preguntábamos que cuánto nos iba a reconocer por la parranda, y nos dijo: ricos no van a salir, pero para el desayuno algo les queda…”.
“Hoy no tengo plata, pero, gracias a Dios y a mi acordeón, he logrado solventar y darles una educación a ms hijos y lo más importante: no tengo plata, pero soy millonario en amigos…”.
Enoc Adolfo Guzmán
[1] Pablo Barrios Curcio, entrevistas vía WhatsApp, 25 de septiembre 2026, 6:15, 6:28, 6:37 p.m.






