Música y folclor
Diáspora y génesis afrocaribeñas: el merengue dominicano

Es la época dorada de la habanera en el estilo llamado Upa y la Calenda Antillana por 1844, cuando surge el Merengue dominicano desde el Cibao, y, a través de diversas selecciones expresivas, conquista logros de virtuosismo y madurez, desplazando la Tumba. Hay referencias del Merengue juangomero, así como el apambichao en tempo más lento.
En el aspecto rítmico-percusivo, en el Merengue cibaeño afloran factores de raíz africana, y la impronta dancística caribeña se evidencia en el baile, a la vez que remite a lo melódico al cancionero iberoamericano.
Esta nueva síncopa musical se afinca en el alma popular, y los conjuntos típicos, y orquestas afamadas seguían la trilla de su fuerza coreográfica y de su ritmo vivaz y pegajoso. La historiografía musical desde Gómez Cairo, hasta Ma. Teresa Linares, en sus estudios sobre la relación de diversos géneros musicales del Caribe, en Puerto Rico, Cuba y República Dominicana, afirman nuestras creencias de que el mayor aporte a la cultura universal por parte de los pueblos de América Latina y el Caribe, ha sido la gran riqueza polirítmica que nos han legado los géneros afro-latino-americabeños y sus bailes, como nos señala rotundamente el investigador de la U. del Valle, Alejandro Ulloa.
El merengue dominicano eleva sus niveles característicos de tan destacado ritmo esencial, lo cual ha sido objeto de interés para músicos estudiosos y académicos, que encuentran grandes posibilidades rítmicas y melódicas, incorporándole aspectos rockeros y sonoridades modernas que son puntos fundamentales de referencia para la música afrocaribeña en otros países, tiempos y modas, como nos lo muestran sus variantes en Venezuela, Puerto Rico y Colombia.
Destacadas orquestas, conjuntos e intérpretes propios y foráneos se ocupan de este género atractivo musical, desde Alfonseca, director de orquesta en el siglo XIX, Chaposeaux y Damiron, Angel Viloria, Billo y Johny Ventura, Joseíto Mateo, el Grupo 4:40 de Juan Luis Guerra, Cuco Valoy, Wilfrido Vargas y Los Vecinos, y tantos otros que han enriquecido la impronta dancística y musical del Caribe.
Juana Aquilina va llorando / porque la llevan merengueando
Es un pareado de la composición de Juan B. Alfonseca ( 1810-1875), en las primeras ruralidades en conjunto típico de merengue, conformado por un cuatro o un tres, una tambora, el güiro. El acordeón europeo -que desplaza las cuerdas- se integra después de medio siglo. Luego, se acoplan el saxofón y un bajo o la marímbula, agrupación rústica conocida como perico ripiao.
Estructura del Merengue dominicano
Su compás ternario de dos por cuatro: Introducción o paseo -con instrumentos de viento o cuerda; copla cantada, o cuarteta de carácter narrativo, jocosa y amatoria, hecho por un solista- es el propio merengue; y el jaleo, que contiene cuatro compases con tónica y dominante alternadas y repetidas.
Existen variantes rítmicas de dos compases, llevada por la tambora y el güiro, cuyos fuertes acentos impulsan o frenan a las parejas al final de cada frase melódica de cuatro compases. Los bailadores dan pasos de lado, hacia la derecha y hacia la izquierda, con las rodillas dobladas, combinando tales pasos básicos alrededor de todo el salón de baile. Realizan figuras y vueltas juntos o separados, completando el núcleo de dieciséis compases, que se repiten dando paso al estribillo.
Existen melodías muy populares dentro del género como: ¡Ay Cocó!, Ecos del Cibao, Todas las mujeres tienen, El gallo, El fanfarrón, y toda la gama impulsada por tantas orquestas, como la Fania, por el director, instrumentalista y arreglista Johny Pacheco, lejos del “perico ripiao” original; desde otras latitudes se componen merengues mezclados con guaracha, como en Cuba, con un ritmo más rápido al que se le han anexado saxofones, piano, batería, trompetas, bajo eléctrico y trombones.
Jairo Tapia Tietjen






