Música y folclor

Freddy Molina: el recordado poeta del “Amor sensible”

Eddie José Dániels García

26/07/2021 - 04:55

 

Freddy Molina: el recordado poeta del “Amor sensible”
El compositor y poeta de Patillal, Freddy Molina Daza / Foto: créditos a su autor

 

La trágica y repentina muerte de Freddy Molina Daza, ocurrida en Patillal el 14 de octubre de 1972, causó una inmensa consternación, no sólo en los amantes de la música vallenata, sino en toda la gente de la costa Caribe y de otros lugares de Colombia, que sentían una gran admiración por este joven y talentoso compositor. Sus honras fúnebres, que se cumplieron al día siguiente de su fallecimiento, se convirtieron en un acontecimiento histórico que quedó impreso en la memoria de los millares de seguidores y curiosos que, visiblemente compungidos por la tristeza y el dolor, asistieron al sepelio. Ese día se hicieron presente los grandes conjuntos de la época, y el féretro fue conducido bajo las notas de algunas de las canciones que lo inmortalizaron en las páginas de la música colombiana: “Los novios”, “La verdad”, “Dos rosas”, “Amor sensible” y “Tiempos de la cometa”. Asimismo, durante varios días, las emisoras de Valledupar y Barranquilla, Sincelejo y Montería, Riohacha y Santa Marta, y demás ciudades y pueblos de la costa no cesaban de escuchar los discos de Freddy Molina Daza. Éste era el mejor testimonio para rendir un homenaje póstumo a quien, en el momento de su inesperada partida, era considerado como uno de los mejores compositores de la música vallenata.

Y, casi cincuenta años después, parece que el tiempo no ha transcurrido y el talento musical de Freddy Molina Daza permanece intacto en sus canciones, las cuales se siguen escuchando con la misma intensidad y ahora, tal vez, con más admiración que cuando deleitaron al público en los tiempos de sus lanzamientos. Y asombra, o llama mucho la atención, que en las generaciones actuales, a pesar de la gran influencia que ejercen los nuevos cantantes y las nuevas canciones, que han querido imprimirle al vallenato algunas variantes de fondo y de forma, es común encontrar muchos fanáticos y simpatizantes de sus composiciones. Con naturalidad, en cualquier lugar, en cualquier parranda callejera, nos topamos con jóvenes escuchando “Tiempos de la cometa” o “Amor sensible”, con el mismo entusiasmo con que lo hice yo y mis contemporáneos hace larguísimos años. Y también es común oír constantemente algunos conceptos que se han generalizado y se han convertido en premisas rigurosas: “Si Freddy Molina no hubiera muerto hoy, sería el mejor compositor de la música vallenata”, o ésta otra, aún más arriesgada: “Las canciones de Freddy Molina fueron las que hicieron famoso a Alfredo Gutiérrez”.

Freddy Molina Daza nació el 4 de agosto de 1945 en Patillal, un pequeño y hermoso pueblo situado al norte del departamento del Cesar, a pocos kilómetros de Valledupar. Su territorio hace parte del valle de las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta y se encuentra bañado por las aguas del río Badillo, una hermosa corriente natural, cuyas aguas cristalinas y pedregosas han sido fuente de inspiración para muchos compositores.  Por ser un pueblo fértil en talentos musicales ha sido llamado “Tierra de compositores”, título que le dio origen al festival del mismo nombre, que se celebra todos los años entre el 23 y el 25 de diciembre y donde se descubren los nuevos valores artísticos que brotan en la población. En este paraíso de la música, también nacieron: el pintor y caricaturista Jaime Molina Maestre y los destacados compositores: Tobías Enrique Pumarejo, Rafael Escalona Martínez, Octavio Daza Daza, José María “Chema” Guerra, Edilberto Daza Gutiérrez, José Hernández Maestre, José Alfonso “Chiche” Maestre y Freddy Peralta, el recordado cantante que acompañó al conjunto de los Hermanos López entre 1975 y 1976.

Cuando se produjo el súbito fallecimiento de Freddy Molina, ya su nombre era ampliamente conocido en el ambiente musical de la Costa, pues sus canciones habían sido popularizadas por Alfredo Gutiérrez, quien desde finales de los años sesenta era el acordeonista preferido por todos los seguidores de la música vallenata. Sus canciones llenas de una riqueza expresiva, de letras exquisitas y de notas musicales modernas, no tenían rivales en el ambiente y eran la felicidad para todos aquellos fanáticos de la música de acordeón, como también solía denominarse en aquel entonces. En ese momento, era tanta la riqueza artística existente, que Alfredo Gutiérrez se daba el lujo de grabar tres y cuatro elepés por año, y en el período comprendido entre 1968 y 1974 alcanzó a lanzar veintiún trabajos discográficos que contenían en total más de 250 canciones, y casi todas de impecable factura. Y a pesar de que, en esa época no había tanta tecnología musical como sucede hoy, las canciones de Alfredo Gutiérrez se oyen y suenan mejor que muchas de las que se escuchan actualmente. Y lo mismo sucede con las primeras canciones de los Hermanos López y los Hermanos Zuleta, las dos agrupaciones estelares que surgieron los albores de los años setenta.

La coronación estelar de Freddy Molina Daza como compositor se produce en la antesala del Festival Vallenato de 1969, cuando Alfredo Gutiérrez  lanza el elepé “Romance Vallenato”,  y aparece el  tema  “Los novios”, un paseo romántico,  de una letra  exquisita, que cautiva la atención de los vallanatófilos desde los versos iniciales. Se estructura de dos estrofas de ocho versos endecasílabos con rima parcial alternada. La introducción canta: “Ya tengo tus besos, ya soy feliz / al fin esta pena se pudo acabar / ya tengo tu amor no hay pa’ qué sufrir / sólo quiero vida pa’ poderte ama. / Antes con mirarte recibía martirio / que sufrido fui para ser feliz, / hoy que somos novios todo es distinto / un inmenso amor guardo para ti”. Y sigue el coro, que repite los versos: “Ya nos queremos, ya nos amamos / viva el amor / vivan los novios cuando se aman de corazón”. La estrofa conclusiva dice: Ninguno conoce mi novia querida / tiene cabellos negros, mirada serena / me siento morir cuando me mira / qué ojos penetrantes tiene mi morena. / Nunca podré querer como ahora quiero / todo lo que es amor te lo he dado a ti / si no me caso contigo seguiré soltero / lamentando mi destino hasta morir”. Y finalizan los versos del coro.

A finales de ese mismo año, “El rebelde del acordeón” publica el álbum “Romance Vallenato”, volumen 2, y Freddy Molina es laureado con dos canciones: “Adiós noviazgo”, un paseo nostálgico como si fuera una canción de despedida a “Los novios”, y el paseo  “A nadie le cuentes”, donde siembra una incógnita sobre un nuevo noviazgo. Se estructura en varias estrofas de ocho versos octosílabos con una ligera rima vocal, distribuida a su gusto. La introducción dice: “Ayer temprano se fue / qué triste la vi partir / olvidarla no podré / sin ella no se vivir. / Fue una mañana muy triste / cuando se fue pa’ el colegio / imposible que la olvide / yo vivo de su recuerdo”. Entra el coro, que presenta el título de la canción: “A nadie le cuentes / que sufro por ti / a nadie le cuentes / que sufro por ti. / Pa’ que no sepa la gente / si por tu amor llego a morir. / Porque si llego a perderte / la muerte pronto llegue a mí / porque si llego a perderte / la muerte pronto llegue a mí”. Y sigue el coro, que repite los versos para armonizar la composición: “Aunque eso no importa si por ti llego a morir, / si toda mi vida pertenece solo a ti. / Aunque eso no importa si por ti llego a morir, / si toda mi vida pertenece solo a ti”.

En el long play “Matilde Lina”, también de Alfredo Gutiérrez, que honra la célebre canción del maestro Leandro Díaz Duarte, lanzado a finales de 1970, figuró el tema “Indiferente”, un merengue romántico, donde le expresa a una dama, de nombre desconocido, la duda que siente sobre ella y la indiferencia que ella manifiesta con él. Esta canción, como caso llamativo, es cantada en alternación con los coristas. Su estrofa inicial dice: “Yo quiero que tú me quieras / como nunca me has querido / y si no quieres que muera / vuélveme a querer lo mismo. / Te muestras indiferente / cuando estás al lado mío / dando a comprender a la gente / que tú nunca me has querido”.  En la estrofa del coro se expresa la duda: “Quiero mirar tus ojos / para ver si es que me quieres / si es que estas queriendo a otro / como hacen ciertas mujeres”. En la estrofa final, sigue la inseguridad: “Yo no sé ni que pensar / con tu mal comportamiento, / si proporcionarte mal / tú me causas sufrimiento”. Y para finalizar se cantan y se repiten nuevamente los versos del coro: “Quiero mirar tus ojos / para ver si es que me quieres / si es que estas queriendo a otro / como hacen ciertas mujeres”. 

En 1970, Freddy Molina resultó ganador en el Concurso de la Canción Inédita del Festival Vallenato. Participó con el tema “El Indio desventurado”, un paseo lírico-elegiaco que narra la tragedia vivida por una pareja indígena. El jurado calificador, integrado por Hugues Martínez Sarmiento, Santander Díaz y Gabriel Muñoz, no tuvo reparos en escoger el tema del joven compositor patillalero. La canción fue grabada por Alfredo Gutiérrez en el elepé “El envenenao”, publicado a mediados de 1971, y fue uno de los éxitos más aclamados, sobre todo, por la ternura de la letra. Se estructura en tres estrofas de versos octosílabos, incluyendo el coro, con rima parcial alternada. “Al saber la triste historia / que me contaron de un indio / juré no dejarte sola / y eternamente estar contigo. / Dicen que el indio partió / volviendo a los pocos días / y de soledad murió / su compañera que le quería”. Y los versos del coro son aún más penetrantes y significativos: “Y cuentan de esa leyenda / del indio desventurado / cual noble sería su pena / que fue y murió a su lado. / Eso demuestra que aquél / que ama sinceramente / con mucha calma pa’ ser feliz/ recibe la muerte”.

Cuando despuntó 1972, el nombre de Freddy Molina Daza ya era ampliamente conocido en la Costa y en gran parte de Colombia, sus temas grabados habían alcanzado la gloria musical y Alfredo Gutiérrez seguía proclamando sus canciones. En el álbum “A escondidas”, lanzado a mediados de ese año, apareció “La verdad”, un hermoso paseo romántico, considerado por la crítica vallenatóloga como una de las canciones más bellas del autor patillalero. Su estructura presenta cinco estrofas de versos libres con rima parcial, que incluyen las dos entradas del coro. Con un lenguaje sencillo, adornado con un ligero aire metafórico, el autor introduce el tema utilizando una pregunta: “Cuando me miras, qué es lo que sientes / dímelo pronto, pronto mi vida/ ay, si tus lindos ojos no mienten/ tú me amas cuando me miras. / Quiero saber la verdad / lo que dicen tus ojos”. El coro presenta un recurso expresivo que contrapone los términos cantar y lloras para darle más fuerza al interrogante: “Ay, si me quieres, canto / si no me quieres, lloro / sufro tanto cada vez / que te vas y no te puedo ver”. Los dos primeros versos se repiten para darle más elegancia a la estructura melódica.

Las estrofas siguientes animan los sentimientos amorosos del autor, buscando una respuesta positiva de la referida mujer: “Ay, cuando te miro, vibra mi alma / siento morirme lejos de ti / ni el bullicio de las parrandas / logra ausentar tu imagen de mí”. En la última entrada, el autor insiste en conocer la respuesta: “Es una pena no comprender / los lindos ojos que me fascinan/ estoy que me muero por saber / qué es lo que sienten cuando me miran / quiero saber la verdad / lo que dicen tus ojos”. Y nuevamente, el coro hace su entrada para finalizar la canción. Casi por la misma época, “La verdad” fue grabada por los Hermanos López y Jorge Oñate en un disco de menor revolución, como se acostumbraba entonces. Su salida originó una discusión permanente en la fanaticada, sobre cuál de las dos versiones estaba mejor interpretada. Al final, recuerdo, que la simpatía se decidió por Alfredo Gutiérrez. En 1974, “La verdad” fue grabada por el recordado conjunto “Los Cañaguateros”, con Pedro García, pero esta versión, cantada con un ritmo más rápido, resultó poco atractiva para los vallenatófilos. Años más tarde, tuvo la gloria de ser interpretada por algunas orquestas internacionales, entre ellas, la Pastor López y su combo, de Venezuela.  

En otro elepé del “Rebelde del acordeón” que apareció a los pocos meses, titulado “La diosa coronada”, también glorificando la fabulosa canción del Maestro Leandro Díaz Duarte, se incluyó el novedoso tema “Tiempos de la cometa”, un tremendo paseo costumbrista, armado en cinco estrofas, que consiste en una apología a los años infantiles del autor. Su introducción dice: “Cuanto deseo porque perdures mi vida / que se repitan felices tiempos vividos, / el primer trago a escondidas, / mi primera novia en olvido / ya mi juventud declina / al compás de tiempos idos”.  El coro inicial canta: “Yo le pregunto qué me diga / esa luna patillalera / porque el remplazo de mi vida / por qué sufrir mi madre buena, / porque hay sufrimientos lunita / que no llora el niño siquiera”. Más adelante recuerda: “No volverán los tiempos de la cometa / cuando yo niño brisas pedía a San Lorenzo / mariposa en la Malena, revolotean son recuerdos / el profesor que me pega por llegar tarde al colegio”. Esta canción también fue cantada por Jorge Oñate, con un ritmo más rápido, algunos cambios expresivos y dos estrofas adicionales. Y, precisamente, estando “Tiempos de la cometa” en todo su esplendor, sucedió el fatal acontecimiento que truncó la vida del reconocido y apreciado compositor patillalero. 

Pero, la muerte de Freddy Molina no fue obstáculo para que sus composiciones siguieran acumulando triunfos. Como el autor prolífico que fue, en el momento de su partida tenía un arsenal de canciones inéditas. En el elepé titulado “Los dos inseparables”, grabado a dúo por Alfredo Gutiérrez y Calixto Ochoa en 1973, se incluyó el tema “Noches de amor”, un paseo lento, donde canta con mucha tristeza la partida de una novia querida.  Ese mismo año le grabó en un disco pequeño el tema “Buscando un nido”, un paseo romántico donde dice que “anda en busca de una mujer así como un pajarito anda en busca de su nido”. Antes de presentarse al Festival Vallenato de 1974, Alfredo Gutiérrez lanzó un álbum titulado “EL legítimo rey del acordeón” y en él aparecieron dos temas de Freddy Molina, los paseos “Dos rosas” y “Remembranzas”. El primero es una alusión metafórica a dos corazones humanos que están profundamente enamorados. El segundo es un tema lírico que evoca los sentimientos de un amor pasajero. Y en el long play “Camino Agreste”, el último trabajo vallenato de Alfredo Gutiérrez, lanzado a finales de 1974, se incluyó el paseo “Recuerdos de ella”, y también en 1975, “Los Cañaguateros” con Pedro García Díaz, le graban “Cartagenera”, que figuró en “Linda Margarita” el segundo álbum musical de esa agrupación.

Asimismo, son muchísimas las personas que coinciden en afirmar que la canción más representativa de Freddy Molina Daza es el paseo “Amor sensible”, que apareció en el álbum “El jardincito” grabado por los Hermanos López con Jorge Oñate en los días cercanos al Festival Vallenato de 1972. Este tema junto con “Mi gran amigo” de Camilo Namén y “Campesino” de Poncho Zuleta, fueron los éxitos indiscutibles de este trabajo discográfico. “Amor sensible” es un hermoso paseo romántico que recrea un noviazgo del autor, embellecido con el uso abundante de recursos poéticos, y estructurado en seis estrofas de versos irregulares. La metáfora está presente en todo el discurso narrativo: “Tanto te quiero que pienso / sin saber lo que he pensado / nos acariciamos y luego / sólo sé que yo te amo”. “Es un amor que nació profundo / limpio como se ve la Nevada / de misterios está lleno el mundo / no sé qué sentirá tu alma”. Dos versos que se repiten sirven de coro: “Será sensible como el silencio / que domina la montaña”. Ahora, sigue la identificación del autor: “Freddy Molina te quiere / eres mi luz de esperanza cuando el Guatapurí se crece / al sentir mi pasión se calma”.

En las estrofas siguientes, las metáforas sublimizan el amor: “Es un río que nace en la Nevada / que en todo el Cesar fuerte se siente / pero mi gran pasión la iguala / el ímpetu de su corriente”. Los versos del coro encierran una hipérbole profunda, también relacionada con la intensidad del amor: “Si no me miras, el propio cielo / siente mi pena y se entristece”. Y siguen las expresiones cargadas de recursos subjetivos para darle más fuerza y colorido a la imaginación: “En Valledupar yo canto / versos de mi inspiración / si algún día sufro un desengaño / me voy lejos de esta región”. En los versos siguiente la comparación resulta bastante compleja: “Como pájaro que vuela alegre / y aun estando herido no lo encuentran / y que en la inmensidad se pierde / como si no llevara pena”. Los versos del coro cierran el contenido temático a manera de reflexión: “Pa’ qué cantar el sufrimiento / cuando el amor sufrir no deja”. Lo que significa que un amor bien cimentado fortalece las relaciones e impide cualquier clase de sufrimiento. Actualmente, cada vez que por casualidad suena esta canción, se paraliza el sentimiento colectivo.

A pesar de que Freddy Molina Daza sólo alcanzó a vivir 27 años, éstos fueron suficientes para tener un amplio conocimiento de la vida, apreciar el entorno provinciano, saborear el costumbrismo y, sobre todo, imprimirle un romanticismo delicado a sus composiciones. Su carrera musical la inició desde muy joven, pues apenas tenía quince años cuando dio las primeras sorpresas, al demostrar la facilidad que tenía para hacer versos, tararear y vocalizar sus canciones. En esa época, se inició tocando la violina y más tarde se apasionó por la guitarra, la que punteaba con mucha perfección. Su fama de compositor se regó fácilmente y esto le facilitó el contacto amistoso con otros personajes reconocidos en el medio musical, entre ellos, Rafael Escalona, Armando Zabaleta y Tobías Enrique Pumarejo. Amén de que era primo de Octavio Daza Daza, otro destacado compositor.  En 1967, grabó en compañía de Gustavo Gutiérrez, quien cantó y tocó el acordeón, un long play titulado “Concierto vallenato”, en cual fue corista y aparecieron dos temas suyos: “Los novios” e “Indiferente”, los mismos que años más tarde hiciera trascendentales Alfredo Gutiérrez.

De la entrañable amistad que Freddy Molina Daza mantuvo con Jorge Oñate, fallecido recientemente, quedó un fabuloso recuerdo  que permanece indeleble en la memoria de sus admiradores, pues “El ruiseñor del Cesar”, al igual que Alfredo Gutiérrez,  también inmortalizó los temas “Tiempos de la cometa”, “Dos Rosas” y “La verdad”. Y para rendirle un homenaje póstumo, en 1974 incluyó el paseo “Cristina” en el elepé “Rosa Jardinera” y en 1975, el tema “Canto a mi tierra”, dedicado a Patillal”, le dio el título al último trabajo discográfico que éste lanzó con los Hermanos López.  Por su parte, Diomedes Díaz también sintió admiración por sus canciones y honró su memoria grabando los paseos “Buscando un nido”, “Sufro por ella” y “El indio desventurado”. Lo mismo hizo Juan Piña y la revelación, quien interpretó “Dos rosas” de manera magistral.  Actualmente, en Patillal, el recuerdo de Freddy Molina Daza permanece intacto en el sentimiento popular, y algunos versos inmortales, como “No volverán los tempos de la cometa / cuando yo niño brisas pedía a San Lorenzo / mariposa en la Malena, sus cacimbas son recuerdos / el profesor que me pega / por llegar tarde al colegio”, son cantados permanentemente y constituyen una especie de identificación patria para todos sus habitantes.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

3 Comentarios


Victor Meriño 28-07-2021 03:47 PM

Excelente ilustración escrita para mantener en nuestros recuerdos vivo a Freddy Molina Daza y en las nuevas generaciones q conozcan que en la region del valle existio y vive musicalmente un compositor excepcional...

Jorge Luis Orozco 31-07-2021 10:55 PM

Felicitaciones por este gran trabajo cultural de profundo análisis sobre la obra inmortal del siempre recordado Fredy Molina.

Carlos Arturo Gutiérrez tejera 04-08-2021 05:59 PM

Que hermosas canciones del maestro Dios todopoderoso lo tenga en su santa gloria.

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