Música y folclor

Vallenato: de palabra despectiva a denominación de origen

Joaquín Viloria De la Hoz

20/09/2021 - 05:05

 

Vallenato: de palabra despectiva a denominación de origen
Una representación artística del Vallenato tradicional / Foto: archivo panoramacultural.com.co

 

Un explorador francés encontró en 1876 que en diferentes poblaciones del Caribe colombiano le llamaban "vallenato" a las personas que padecían la enfermedad cutánea denominada carate o vitíligo, que en su mayoría eran originarias del Valle de Upar. El autor describe a unos individuos que "tenían la marca distintiva de los habitantes del Valle. Un salpicado de manchitas azules les cubría el rostro y un jaspeado blanco las partes salientes de las manos. Eran vallenatos" (Striffler, 2000. pp. 28, 60). Una de las composiciones más emblemáticas del vallenato, Compae Chipuco, del compositor Chema Gómez, hace referencia a esta característica de la población del Valle de Upar.

Por el contrario, los jóvenes estudiantes y políticos de Valledupar que residían en Santa Marta, la capital departamental, utilizaban el gentilicio de "valduparense" para diferenciase de esos "vallenatos" que tenían las piernas, los brazos y la cara "bien pintá". Como lo dice Striffler, en la década de 1870, la palabra "vallenato" ya se utilizaba para referirse a un grupo humano con unas características específicas, pero a mediados del siglo XX comenzó a ser utilizada para denominar así la música de acordeón que se interpretaba en todo el Magdalena Grande.

Brugés (1940) definió el "merengue" como la danza típica del departamento del Magdalena, especialmente de las zonas rurales ubicadas entre los contrafuertes de la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, que se extendían, por un lado, hasta las orillas del mar Caribe y, por el otro, hasta el río Magdalena. Para la misma época, De Lima (1942) encontró que en "algunos pueblos de Bolívar bailan y cantan merengue, acompañado de tambor, gaita y acordeón. Es de los pocos bailes en que la mujer va en los brazos del hombre, porque en las otras danzas, siempre va separada la pareja". En los años siguientes este ritmo será rebautizado como vallenato y empezarán las grabaciones de los primeros discos: al parecer, en 1936, Pacho Rada grabó en Barranquilla el primer disco con acordeón, pero las copias desaparecieron.

Muchos de estos juglares, como Pacho Rada, Alejo Durán, Leandro Díaz o Juancho Polo Valencia, entre otros, se desempeñaban como vaqueros o mozos de finca. Ellos irán con su acordeón de pueblo en pueblo "a lomo de burro" y llevarán su música "a lomo de acordeón". Estos juglares serán los pioneros del vallenato, música proscrita de los clubes sociales durante muchos años. Consuelo Araújo (1973) se refiere específicamente a los estatutos del Club Valledupar, que en su artículo 62 estipulaba: "Queda terminantemente prohibido llevar a los salones del Club música de acordeón, guitarras o parrandas parecidas". Como puede apreciarse, en los estatutos no hacen referencia a la música vallenata, dado que a mediados del siglo XX ese nombre todavía no se utilizaba. Por su parte, el compositor José Barros recuerda cómo en las décadas de los veinte y treinta en El Banco solo se escuchaba boleros, rancheras y tangos: "Contra el vallenato nos tenían prevenidos, con el argumento de que se trataba de una música vulgar".

Para entender a estos acordeoneros de origen popular se debe conocer la historia de la música regional. En los orígenes del vallenato se destaca "el papel de la hacienda, el ganado y el contrabando en el surgimiento de los cantos de vaquería, una de las fuentes más importantes de la música costeña, con o sin acordeón". Los investigadores arriba citados ofrecen una explicación histórica y sociológica sobre el origen del vallenato, muy diferente de las afirmaciones de Escalona: "Cuando comencé a hacer canciones no había compositores vallenatos, sino acordeoneros. El acordeonero era un tipo analfabeta, el ordeñador, el mozo de la finca. Y yo irrumpí en ese mundo...".

Escalona transformó el concepto de la música vallenata, a partir de composiciones mejor estructuradas que empezaron a ser escuchadas por un público urbano más preparado y exigente. A partir de sus composiciones se fue creando una "denominación de origen" con un universo propio de personajes y lugares de su comarca que son identificados por sus seguidores en Colombia y otros países. En muchas de sus composiciones Escalona reivindicaba el contrabando como una práctica común en la provincia de Padilla: por La Guajira sacaban café y ganado para Venezuela y las Antillas holandesas (Aruba y Curazao) e introducían productos de alta demanda local como whisky, cigarrillos e incluso armas de fuego. Las composiciones más famosas de Escalona sobre el contrabando y las duras jornadas del "macho contrabandista" fueron las siguientes: Paraguachón, El Chevrolito y El Almirante Padilla.

Las letras de las canciones compuestas por Alejo Durán, Pacho Rada, Abel Antonio Villa o Rafael Escalona se escuchaban por los diferentes pueblos de la provincia costeña, cantadas por esos mismos juglares que van llevando el mensaje de una nueva música.

El primer registro de una grabación de la música del Magdalena fue en 1943, cuando el guitarrista cienaguero Guillermo Buitrago grabó para Discos Fuentes de Cartagena las canciones Las mujeres a mino me quieren y CompaeHeliodoro. Al año siguiente, Abel Antonio Villa grabó con acordeón, caja y guacharaca, además del acompañamiento en la guitarra por parte de Buitrago. Estas grabaciones rudimentarias hechas entre 1943 y 1945 fueron el inició de la industria discográfica colombiana, con Discos Fuentes de Cartagena y Discos Tropical de Barranquilla.

Desde muy joven Buitrago salió de Ciénaga con su guitarra y se presentó en radioteatros de Santa Marta, se estableció por un tiempo en Fundación y recorrió la provincia del Valle de Upar, para conocer de cerca la música que se estaba haciendo en esa comarca magdalenense. De allá trajo muchas canciones y fue el primero que grabó en guitarra a compositores desconocidos hasta ese momento como Rafael Escalona, Emiliano Zuleta Baquero, Tobías Enrique Pumarejo y Andrés Paz Barros, entre otros. Buitrago fue el músico que hizo la transición entre los tríos de cuerda que tocaban boleros cubanos y rancheras mexicanas con los conjuntos de acordeón de la provincia que interpretaban sones, paseos y merengues del Magdalena.

 

Joaquín Viloria De la Hoz

Universidad del Magdalena, Colombia

Acerca de esta publicación: el artículo “ Vallenato: de palabra despectiva a denominación de origen ” de Joaquín Viloria De la Hoz, corresponde a un capítulo del ensayo académico publicado anteriormente bajo el título: “ Un paseo a lomo de acordeón: Aproximación al vallenato,la música del Magdalena Grande, 1870 - 1960 ” por el mismo autor.

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