Música y folclor

Las piquerias entre Luis Enrique Martínez y Abel Antonio Villa

Álvaro Rojano Osorio

05/11/2021 - 05:15

 

Las piquerias entre Luis Enrique Martínez y Abel Antonio Villa
Los cantautores Luis Enrique Martínez y Abel Antonio Villa mantuvieron una piqueria de largos años / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

 

Luis Enrique Martínez admitía que Abel Antonio Villa fue influyente para que hubiera hecho del acordeón y de la música vallenata su actividad económica. Recordaba que cuando éste llegó a Fundación y El Copey, él tocaba acordeón, pero su principal actividad era la de aserrador, oficio que abandonó por consejos de quien, posteriormente, fue su compadre y por un tiempo corto su cuñado. 

Fue Abel Antonio quien invitó a Luis Enrique a una correría por El Guamo, Bolívar, lo llevó como su ayudante, y, además, le indicó algunos caminos por donde fue a lugares en los que se hizo conocer como acordeonista. Sin embargo, esta amistad no fue constante, hubo un periodo en el que las piquerias entre ellos primaron en sus relaciones personales.

Abel Antonio argumentaba que las piquerias que por un tiempo tuvo con Luis Enrique fueron producto de malos consejos que éste recibió. De esta confrontación recordaba el primero:

“Entonces, nació la contrariedad entre nosotros y comenzaron los enfrentamientos musicales. Eso estaba como el partido liberal y el conservador. Los pueblos de la orilla del río se dividieron entre villistas y martinistas.  Era de pueblo en pueblo que hacíamos la ronda” (entrevista personal).

También decía que como “El pollo vallenato” no tenía una composición para atacarlo en las piquerias, lo hacía cantando “El tigre de la montaña”, de la autoría de Pacho Rada, y “El Pique del Paraíso” de Cesar Marín.  En esta última, el compositor dice que los villistas de Paraíso, Magdalena, le tienen rabia porque defiende a Luis Enrique frente a las afirmaciones de que no tocaba donde lo hacía Abel Antonio. Incluso, seguro de la capacidad de su defendido, dijo que apostaba su caballo ardito que tocaba más que el otro.

No obstante, lo dicho por Abel Antonio, él fue quien generó el pique con Luis Enrique, tras entrar en defensa de Buitrago, y lo hizo a través de la canción “El vallenato alabancioso” en el que lo trata de tramposo porque no le había pagado un acordeón. La génesis de esta controversia está en la interpretación que hizo Buitrago de la canción “La viruela”, en un programa radial que transmitía Emisora Atlántico de Barranquilla. El tema, cuyo compositor era Luis Enrique Martínez, fue anunciado como de la autoría del guitarrista cienaguero, lo que conoció a través de Julio Bovea, quien, además, lo indujo para que le reclamara lo sucedido.  Lo hizo a través de la canción “La rana blanca”:

Dígale a rana blanca

Que se asome y venga acá

Que acá tengo otro son

Para que lo vuelva a grabar.

 

Abel Antonio, que mientras prestaba el servicio militar conoció en Ciénaga a Buitrago, amistad que se fortaleció en Barranquilla, entró a participar en la piqueria componiendo, junto al guitarrista cienaguero, la canción “Vallenato alabancioso”, que en uno de sus versos dice:

 

Luis Enrique vallenato alabancioso

Sin criterio se vino de la montaña

Ay además es tramposo

Tiene una deuda que me debe y no me paga

 

La respuesta de Luis Enrique no se hace esperar por lo que grabó la composición “Falto de escuela”, en el que le dice a Buitrago, como coautor de la canción, que le está debiendo el son del paseo “La viruela”, y, demás, que para que cantara como él todavía le hacía falta escuela.  Mientras que a Abel Antonio le canta:

No te pongas bravo Abel

Abel no te pongas guapo

Ahora vas a conocer

La nota de un vallenato

 

Después, Luis Enrique compuso el merengue, grabado en acetato, “El negro caminante”, en el que le expresa a Abel Antonio que:

Ese negro caminante

No sé qué es lo que piensa

A él no le dará vergüenza

Andar ni judío errante.

 

Lo de judío errante también tiene su connotación étnica debido a que, a partir del siglo XVI, este personaje fue representado como semita. Desde entonces los judíos fueron considerados como causantes de las desgracias, crisis de hambre y epidemias. Además, éste era un individuo condenado a perpetuidad a vagar por haber cometido blasfemia o desobedecido a Dios.

La respuesta de Abel Antonio fue una composición que llama “La bandera”, en la que asegura que, con la nota de su acordeón, es quien lleva la bandera, y cada vez que quiera iba a Fundación a tocar acordeón. Después llegaron otras canciones, destacándose tres, “El zorro vallenato”, “La gallina” y “La demanda”. De la historia de la primera dijo su compositor, Abel Antonio Villa:

“Luis Enrique, después de un enfrentamiento musical en Real del Obispo, me compuso la canción “La gallina”, esa en la que me dice: Abel Antonio déjate de fechorías porque el zorro te va a hacer la cacería. Entonces, un día, mientras viajaba para Cartagena, iba leyendo una revista en la que estaba la historia del zorro del desierto, que era un militar alemán de la Segunda Guerra Mundial llamado Erwin Rommel, al que dibujaron como cabezón y patón como mi compadre. Me inspiré en él, y lo de vallenato era por llamarlo despectivamente” (entrevista personal).

El zorro vive en las laderas

Él es bayo patarrajada

Tiene la cabeza como fiera

Y cabeza degenerada.

 

Sin embargo, acorde con el contenido de la canción “La gallina” esta es la respuesta a la primera:

Él me trata de cabeza degenerada

Ponga cuidado, se lo dijo a mis amigos

En acordeón yo le doy en que pensá

Es negro maluco no puede tocar conmigo.

 

Rosalbina Serrano, esposa de Luis Enrique, descartaba cualquier tipo de enfrentamiento personal entre estos dos juglares, en lo que coincide el sobrino del primero, Sebastián “Chan” Martínez, quien asegura que lo que se vivía era la pugna entre los seguidores del acordeonista.  Es “Chan” Martínez quien recuerda un hecho sucedido en Real del Obispo, Magdalena, donde se encontraba Abel Antonio, después de que su tío llegara a ese lugar en la lancha La gacela:

“Luis Enrique, que había entusiasmado a sus seguidores haciendo sonar su acordeón a través de las bocinas de la lancha, fue esperado en la orilla del río por una multitud, encabezada por “La Negra” Felipa Daza, y llevado a hombros por las calles del pueblo, pasando por la casa de Jorge Piña, donde Abel Antonio amenizaba una parranda. Abel Antonio esa misma tarde éste se dirigió a Tenerife donde denunció a Luis Enrique por agresión física.

Al día siguiente un grupo de policía condujo a Luis Enrique hasta la cárcel de Tenerife. Mientras era llevado, “La Negra” Felipa se movilizó en una lancha, con un grupo de amigos, para apoyarlo. De este hecho surgieron dos canciones: una que le hizo a “La Negra”, la otra a Abel Antonio, en la que en uno de sus versos le dice” (entrevista personal).

Voy demandado para Tenerife

Abel Antonio ya demandó

Porque no quiere que le toque en pique

Porque no quiere que le toque yo.

 

Para entonces Real del Obispo y Nervití eran el epicentro de las confrontaciones entre los dos juglares, en ambos lugares existieron bandos que los apoyaban. Tema al que se refería Abel Antonio Villa:

“Los míos eran lo de mayor solvencia económica. Los de mi compadre Luis Enrique eran pueblerinos, pescadores. La gente mía cuando llegaban mis discos contrataba los picot y no dejaban que otros los usaran. Fue en Nervití, en la casa de mi compadre (Luis Enrique), donde hicimos las paces” (entrevista personal).

En Nervití el bando que acompañaba al “Padre del acordeón” estaba compuesto por personas con capacidad económica e importancia política y social, mientras que el de Luis Enrique estaba liderado por el rico ganadero Rafael Gutiérrez, tal como lo recuerda Luis Barrios Hamburger.

Fue en este último lugar donde acordaron cesar la polémica, lo que según el acordeonista se produjo en la casa de Rafael Gutiérrez, mientras que Sebastián “Chan” Martínez asegura que fue en la casa de Luis Enrique. Luis Barrios Hamburger, por su parte, dice que sucedió en la esquina de “El Niño” Piña donde los acordeonistas con sus seguidores se encontraron.

En presencia de sus seguidores Abel Antonio, tras arrodillarse, hizo un disparo al suelo como rubrica de que a partir de ese momento se acabaría el pique en el que se mantenía con Luis Enrique. Decisión en la que, según “Chan” Martínez, intervino Alejandro Durán, quien abordó a Abel Antonio en Bálsamo, Magdalena, para pedirle que abandonara la rencilla. A Luis Enrique no se olvidó hecho por el temor que le causó observar a Abel Antonio desenfundar el arma de fuego.  Después, entre ellos se reinició la amistad nacida en Fundación, tanto que fueron padrinos de hijos de cada uno. 

Pero no solo en ese lugar se reunieron con tal fin, también lo hicieron en Barranquilla, en la cantina “La Nave”. De ese acuerdo quedó una canción en la que los acordeonistas cantan versos en prueba de amistad:

Oye Luis Enrique como tu bien lo sabes

Oye Luis Enrique como tu bien lo sabes

Sabes que te estimo

Soy Abel Antonio Villa

Se acabaron los rumores en la calle

Se acabaron los rumores y las intrigas

Vamos a apartar esa rabia

Vamos a apartar ese odio

Porque la discusión es mala

Martínez y Abel Antonio

Martínez dime si me consideras

Abel Antonio te viene a escuchar

En prueba de la amistad

Adelante del amigo Peña

Como te dice Abelito

Martínez si me consideras

Delante de García

Delante del amigo Peña.

 

Mientras que Luis Enrique cantó:

 

Me saludan a Abel Antonio sin intrigas

Sin intrigas lo saluda Luis Enrique

Ya se acabaron los piques

Que tenía en Barranquilla

Muchachos pongan cuidado (bis)

Muchachos pongan cuidado

Todo el mundo se da cuenta

En presencia de Lucho Barrios

Y en presencia de Valencia.

 

La Nave, a la que también llamaban “La embajada”, era una cantina ubicada en cercanías a la intendencia fluvial, donde se reunían estos y otros músicos, como Juancho Polo Valencia, a quien mencionan en la canción. En el Traganíquel de este lugar, Abel Antonio hacía sonar los acetatos que grababa donde Lucho Barrios y otras casas grabadoras de Barranquilla.

Esta había sido escenario de una escaramuza entre estos juglares cuando Abel Antonio entró a ella, acompañado de un grupo de amigos, y encontró a Luis Enrique interpretando una canción, oportunidad que aprovechó para lanzar versos al recién llegado. Este abandonó la cantina y al día siguiente lo buscó en el lugar donde Martínez acostumbraba a hospedarse, para reclamarle.

A donde quiera que llego siempre me pongo a cantar

Se me presenta un perro negro con ganas de ladrar

Ese perro no es valiente

Y cuando me ve se esconde

Él se mete entre la gente

Porque ve que soy el hombre.

 

Álvaro Rojano Osorio

 

Bibliografía:

Rojano A, Oñate, J. (2021). Abel Antonio Villa, el padre del acordeón. Santa Marta. Fundalibros.

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

1 Comentarios


Edwin Peralta 15-02-2022 08:01 PM

Que historia de lujo como aporte a la grandeza de villa y Martínez.

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