Música y folclor

Ildefonso Ramírez Bula: el célebre compositor de Rosa Jardinera

Eddie José Dániels García

08/11/2022 - 05:10

 

Ildefonso Ramírez Bula: el célebre compositor de Rosa Jardinera
El compositor Ildefonso Ramírez Bula nació el 5 de septiembre de 1951 en Villanueva, Guajira / Foto: Villanueva 24h

 

El año 1974 fue de mucho florecimiento para el folclor vallenato. Los dos grandes conjuntos existentes en ese momento, “Los Hermanos López” con Jorge Oñate y “Los Hermanos Zuleta”, se encontraban equilibrados en simpatía popular, y la inmensa fanaticada caribeña esperaba con ansiedad y recibía con alborozo el lanzamiento de los nuevos trabajos discográficos. En agosto de ese año se había posesionado en la presidencia de la República el doctor Alfonso López Michelsen, quien había sido uno de los fundadores del Festival de la Leyenda Vallenata en 1968 y era un ferviente admirador de esta música costeña. Y, precisamente, este fue el año en que Ildefonso Ramírez Bula, al igual que otros grandes compositores, hizo su entrada triunfal al parnaso de la música vallenata, cuando su nombre apareció en el long play “Rosa jardinera”, publicado por los Hermanos López a finales de ese año. La hermosa canción, que le dio el título al long play, estuvo acompañada de otros letras inolvidables, como “Secretos del alma” de Sergio Moya Molina, “La muchachita” de Alejandro Durán Díaz, “Entre placer y penas” de Emiro Zuleta Calderón, “Patillalero de cepa” de Edilberto Daza Gutiérrez  y “Las bananeras” de Santander Durán Escalona.

Desde un comienzo, la bella composición de Ildefonso Ramírez Bula se ganó la admiración de la fanaticada y logró posicionarse, prácticamente, como el tema más escuchado del novísimo trabajo discográfico. Y algo que siempre llamó la atención fue el diseño que presentaba la carátula del disco, en el cual, el colorido y la figura de las letras armonizaban con el título de la canción, es decir daban la impresión de que se trataba de un jardín bellamente florecido. En esa época, llegó a comentarse que “Rosa Jardinera” era la mejor carátula de todos los elepés lanzados hasta entonces por los Hermanos López, y este comentario se hacía más evidente, cuando observábamos el reverso del long play, en el cual aparecían seis miniaturas en blanco y negro de las portadas anteriores. Sin embargo, hay que reconocer que todos los méritos se los llevó el autor de “Rosa jardinera”, porque a partir de entonces, el nombre de Ildefonso Ramírez Bula comenzó a popularizarse en el ambiente vallenato. Y a pesar de que su producción musical no ha sido muy copiosa, con el solo hecho de ser el creador de esta canción, su imagen se consagró eternamente como uno de los más grandes compositores de la música vallenata.

“Rosa jardinera” es un hermoso paseo lírico, recreado con recursos poéticos, cuyo título metafórico alude a la belleza de una mujer, que, al parecer, fue la fuente que motivó la inspiración del autor. Se estructura en cuatro estrofas de cuatro versos compuestos, de trece y catorce sílabas, con una ligera rima parcial y cuatro estrofas menores, dos que se cantan como estribillos y dos, a manera de coro. La estrofa inicial, que repite el primer verso, presenta algunos momentos críticos que viven los hombres, acompañados, muchas veces, de un pesimismo latente: “Hay grandes penas que hacen llorar a los hombres / hay grandes penas que hacen llorar a los hombres / a mí en la vida me ha tocado de pasarlas / fue cuando entonces se enlutaron mis canciones / hasta llegué a pensar que ya mi fuente se secaba”. La siguiente estrofa, manifiesta el renacer del compositor: “Pero volvió el compositor que no cantaba / regando con sus canciones florecitas / hoy ya de nuevo se escucha en la madrugada / ese bullicio de un parrandero que grita”. Sigue el estribillo: “Ay hombe, uepajé! / Es el grito de mi tierra alegre / ay hombe, uepajé / un grito que hace llenar el alma”. Y finaliza el coro: “De tanto sentimiento que uno tiene / y mi tierra querida lo reclama”. 

La segunda parte de la composición es antecedida por un concierto de bellísimas notas que demuestran la perfección y la maestría de Miguel López en el manejo del acordeón. La armonía y la sensibilidad con que éstas se producen causan un profundo deleite emocional que cautiva la máxima atención de los oyentes. La tercera estrofa, que destaca el título de la canción, presenta una actitud de indiferencia, asumida por el autor: “Miles razones tenías rosa jardinera / te marchitaste si ya yo no te regaba / al verte sola convertida en veranera / siendo que en primavera de tu aroma yo gozaba”. Y sigue la cuarta estrofa, que es igual a la segunda: “Pero volvió el compositor que no cantaba / regando con sus canciones florecitas / hoy ya de nuevo se escucha en la madrugada / ese bullicio de un parrandero que grita”. Complementa el estribillo: “Ay hombe, uepajé / es el grito de mi tierra alegre / ay hombe, uepajé / un grito que hace llenar el alma”.  Y culmina el coro: “De tanto sentimiento que uno tiene / y mi tierra querida lo reclama”. Para finalizar, sigue la secuencia de notas sublimes y embrujantes, de una manera consecuente, hasta llegar a la culminación melódica.

Un año antes de haberse publicado “Rosa jardinera”, Ildefonso Ramírez Bula ya había sido honrado en el mundo discográfico con el tema “Paso a paso”, que le incluyeron Los Hermanos Zuleta en el álbum “Mi canto sentimental”, lanzado a mediados de 1973. Esta canción, junto con “El trovador ambulante” de Pedro García Díaz, “No hay dolor en mí” de Gustavo Gutiérrez Cabello, “La herencia” de Emilianito Zuleta Díaz, “El gavilán atanquero” de Juan Francisco Mindiola y “Mi canto sentimental” de Alfonso Zuleta Díaz, fueron los temas más aclamados de este trabajo discográfico. El autor había hecho la composición cuando cursaba el último año de bachillerato en el Colegio Nacional Roque de Alba de Villanueva, su pueblo natal. El doctor Antonio Serrano Zúñiga, rector en ese momento, y quien era un destacado compositor vallenato, escuchó la canción, quedó fascinado con ella y prometió ayudarlo con un conjunto de prestigio para conseguir su grabación. Hecho el contacto con Los Hermanos Zuleta, y después de oírla vocalizada por el autor, éstos no dudaron en seleccionarla para su próximo trabajo. A los pocos meses “Paso a paso” fue grabado, originando con ello el bautizo de Ildefonso Ramírez Bula en el vastísimo y competido entorno musical.

“Paso a paso” es un bellísimo paseo costumbrista, estructurado en tres estrofas temáticas de cuatro versos mayores, generalmente de catorce sílabas, con rima consonante, y también rima vocal, alternada.  Después de cada estrofa se canta un   pareado octosílabo con rima parcial. La primera estrofa introduce una evocación: “Oigan amigos cuando escuchen acordeón / y de sus notas salgan aires vallenatos / vendrá el recuerdo con un poco emoción / de aquellos días que para todos fueron gratos”. Sigue el pareado: “Después vendrá un dolor / recordando, recordando”. La segunda estrofa evoca la separación de los amigos: “Nos dividimos y cada cual cogió un sendero / y que la suerte sea muy buena compañera / pa’ que más tarde nos vuelvan a unir de nuevo / y recordemos nuestras noches parranderas”. Continúa el pareado: “Si somos algo bueno / se le debe a viejo y vieja”. La tercera estrofa se refiere a los amigos del autor: “Enrique Ramos, Carlos Núñez y Oscar López / Carlos Arrieta, William Daza y Luis García / José Granados son amigos que conocen / cuando Ildefonso muy calmado les decía…”. El pareado final complementa el sentido: “No desesperen hombres / paso a paso llega el día”.

Como podemos apreciar, el doctor Serrano Zúñiga no se equivocó al valorar la canción del alumno compositor, y, por su parte, Los Hermanos Zuleta también acertaron en la escogencia de esta composición, porque “Paso a paso” quedó, inmediatamente, convertido en un clásico de la música vallenata.  A partir de ese momento, Ildefonso Ramírez Bula comenzó a escalar una posición reconocida en el medio musical y todos los habitantes de Villanueva observaron satisfechos el surgimiento de un nuevo y promisorio compositor. Un hecho bastante común en esa tierra pródiga, que siempre se ha caracterizado por ser dueña de una fertilidad musical extraordinaria. A partir de ahora, y con un tremendo éxito en las espaldas, cantado nada menos que por el prestigioso conjunto de Los Hermanos Zuleta, al creador de “Paso a paso” no le quedaba más remedio que consagrarse a su vocación para lograr otro tema fabuloso que respaldara su talento musical y su capacidad para la composición. Y logró conseguirlo, porque al año siguiente se produjo el novedoso impacto musical que causó “Rosa jardinera”, la hermosa canción que titulaba el nuevo álbum lanzado por los Hermanos López, con la insuperable vocalización de Jorge Oñate, llamado poéticamente “El Ruiseñor del Cesar”.

En 1975, debido a algunos cambios que se originaron en las agrupaciones vallenatas existentes, como fueron: Los Hermanos López con el cantante Freddy Peralta, Poncho Zuleta con Colacho Mendoza y Emilianito Zuleta con Jorge Oñate, estos últimos lanzaron a mediados de año el elepé “La parranda y la mujer”, en el cual figura “Terco corazón”, la tercera canción de Ildefonso Ramírez Bula. Desde un comienzo, esta composición, al lado de “Mujer conforme” de Máximo Movil Mendoza, “Mal entendimiento” de Jorge Oñate, “Bello lunes” de Enrique Calderón Medina y “La parranda y la mujer” de Poncho Cotes Junior, fueron los temas más escuchados de la larga duración. “Terco corazón” es un bello paseo romántico, cuyo título metafórico se refiere a una mujer, que constantemente experimenta cambios en el amor, sin importarle los sentimientos ajenos. La canción se estructura en tres estrofas de seis versos mayores que combinan diferentes medidas y que son perfectas en la marcación de los acentos interiores. La utilización de la rima, total o parcial, alternada le imprime una belleza a la interpretación, artificio que causa una sensación agradable desde su entrada.

La estrofa inicial reprocha la actitud de la mujer de conseguir un nuevo amor: “Ay, terco corazón ya te volviste a enamorar / te hacen sufrir bastante y después estás arrepentido / ya no te acuerdas cuando estabas en olvido / y decías que lo mismo no te volvería a pasar”. Y sigue: “En ese caso ya estás prevenido /por si el intento te vuelve a fallar”. La segunda estrofa comenta los reveses y desengaños que con frecuencia suelen presentarse en las relaciones amorosas: “Amar es un calvario y muchas veces recibir / reveses de la vida en compañía de desengaños / tantos golpes de tristeza y de sufrir / y vienes a salirme con que ahora estás amando”.  Y continúa: “Claro que razones no te han faltado / porque ahora creo que supiste elegir”. La tercera estrofa es un llamado de atención a la mujer para que no siga cometiendo errores en el amor. Y finaliza con una expresión filosófica que encierra e induce a mucha reflexión: “Pueda ser que mañana no te vaya a suceder / lo mismo que hace tiempo te ha podido lastimar / y si te vieras en ocasión de caer / sería de más valor que te volvieras a parar / y nuevamente volver a empezar / como hace el sol en nuevo amanecer”.

Después del inmenso éxito alcanzado con “Terco corazón”, el joven compositor conoce muy bien el compromiso que tiene con el arte musical, el cual debe seguir cultivando con mucha consagración para seguir cosechando triunfos. Entonces, aparece su cuarta canción, “El ruiseñor herido”, incluida en el álbum “Dos estrellas”, que lanzaron Los Hermanos Zuleta a mediados de 1977. Este tema, junto con “Mal entendido” de Edilberto Daza Gutiérrez, “El trovador sentimental” de Álvaro Cabas Pumarejo, “La cosita aquella” de Lino J. Anaya y “Dos estrellas” de Sergio Moya Molina fueron los más aclamados por la fanaticada. “El ruiseñor herido” es un magnífico paseo que narra la tristeza que siente el autor por el abandono que le hizo una mujer. Su título metafórico, en el cual se personifica en este hermoso pájaro, alude al sufrimiento que siente por la repentina separación de la dama. Es, sin duda alguna, una composición magnífica que arroba al sentimiento colectivo.  Su estructura está armada en seis estrofas de seis y cuatro versos que se alternan en la interpretación. En ella se percibe el cabal dominio de los metros mayores, especialmente el endecasílabo.

El apartado inicial canta: “Cuando supe que muy solo me dejabas / quise volverme loco en mi tormento / yo que siempre fui feliz en mis parrandas / muy alegre y bullanguero todo el tiempo / y mis sones te cantaba con el alma / ahora me encuentro solo y ya muriendo”. Sigue el coro, que introduce el título de la canción: “Y estoy ni el ruiseñor herido / con honda tristeza en el pecho”. Y finaliza el cantante “Qué voy a hacer si todo está perdido / te di mi amor y recibo desprecios”. Sigue la segunda estrofa, entristecida por las evocaciones: “Como cosa pasajera fui dejando / a ver si con el tiempo olvidarías / y en mis noches de reposo te sentía / como si siempre estuvieras a mi lado / pero al verme abandonado me reía / al ver que sólo te había imaginado”. Sigue el coro: “Y así me verán afligido / si ya se fue mi compañera. / En otros tiempos ella me daba alivio / ahora no tengo quien de mí se duela”. Y culmina la estrofa del cierre con metáfora profundamente significativa: “La agonía termina el resto de mi vida / y ya se aleja el ruiseñor herido / y en el alma una melodía sentida / que aunque sabes que se pierde en el olvido / pero si tú lo escuchas negra querida / sabrás que siempre te llevo conmigo”. Finaliza el coro: “Pa’ Dios digo a mis alegrías / si al fin el dolor no ha cedido / miren que triste realidad la mía / quise vencer y resulté vencido”.

Ildefonso Ramírez Bula, llamado fraternalmente “Upo” por todos sus familiares y amigos, es natural de Villanueva, el viejo municipio de La Guajira, muy famoso por ser la cuna de un selecto grupo de compositores y cantantes. Vino al mundo el 5 de septiembre de 1951, por los tiempos en que el país atravesaba la peor crisis de su historia, generada por la violencia bipartidista que truncó la vida de millares de colombianos. Hizo parte de una familia humilde y trabajadora, encabezada por sus padres, Rafael Ramírez Vallejo, de origen campesino, y Eusebia Bula Díaz, dedicada al oficio de la tabaquería. Sus tiempos infantiles los recreó al lado de sus hermanos, familiares y amigos, gozando y disfrutando de las andanzas y travesuras propias de la niñez. Y, como bien sabemos, estos son los años que nutren la imaginación creadora y han sido cantados y venerados por muchísimos compositores. Su primer contacto con las letras los tuvo en la escuela primaria, años que cursó en  el Liceo Colombia, una institución privada dirigida por el recordado  maestro Rafael Peñaloza López, quien gozaba de mucho respeto y apreció,  no solo en Villanueva, sino en toda la región.

En 1967, inicia el bachillerato en el Colegio Nacional Roque de Alba, una institución que se había creado hacía pocos años para satisfacer los deseos de superación educativa que manifestaban las nuevas generaciones. Y es precisamente en este colegio donde experimenta sus primeros impulsos por el arte musical. “Todo surgió por un reto que tuve un compañero del colegio” manifiesta actualmente el compositor con muchísima nostalgia. La anécdota se refiere a que el alumno Enrique Ramos Churio, permanentemente, llevaba composiciones de su autoría y las cantaba en los actos culturales, pero los compañeros, entre ellos, Ildefonso Ramírez Bula, se daban cuenta de que la música y, también asomos de las letras, eran tomadas de otras canciones, y esto se lo hacían saber y se lo criticaban. Entonces, Ildefonso, para demostrarle al compañero de que él si era capaz de hacer una canción sin copiar o imitar a otra, se dedicó de lleno a crear una composición. De allí, tras un proceso continuo de arreglos y ajustes, nacieron los temas “No me olvides”, “Vilma” y “Ranchito viejo”, que aún continúan inéditas, y, lógicamente, “Paso a paso” el paseo que inmortalizaron Los Hermanos Zuleta en 1973.

Culminado su bachillerato en 1972, el último año que permanece el doctor Serrano Zúñiga en el Roque de Alba, Ildefonso Ramírez Bula, ante la imposibilidad económica de seguir una carrera profesional, ingresa al magisterio colombiano como profesor de la enseñanza primaria. Desde entonces, empezó a alternar su oficio docente con la composición, lo que le ha significado tener, en la actualidad, algunas canciones inéditas, las cuales, lógicamente, están a la espera de una buena publicidad. Entre ellas figuran títulos como “La fabulita”, “Por lo pronto”, Mis pedregales”, “Cisne cantor”, “Como libre”, “Culpable” y “Mi merecido”, algunas en ritmo de paseo y otras, de merengue. Asimismo, otras composiciones, como “Triste y solo”, “La pelea, “El parrandón”, “Confesión” y “La montaña” fueron grabadas por  las agrupaciones de Alfredo Gutiérrez, Norberto Romero Ospino y Oscar Negrete Zuleta. También el 2008 fue sorprendido con la nueva grabación de “Rosa jardinera”, de la cual existen casi diez versiones, que figuró en el álbum “Sólo clásicos”, publicado por el cantante Peter Manjarrés con los acordeones de Emilianito Zuleta Díaz y Sergio Luis Rodríguez.

Al lado de la ocupación magisterial, que siempre lo ha enorgullecido, y de la consagración que siempre le ha prodigado al arte musical, que se nutre de las costumbres, de los sentimientos, de las vivencias, de la filosofía popular y, obviamente, del romanticismo personal, Ildefonso Ramírez Bula también ha tenido tiempo de sobra para la recreación de sus sentimientos y la dedicación a la vida familiar.  Y en este sentido, se considera un hombre afortunado, porque, como fruto de dos uniones matrimoniales, nacieron seis hijos, que bien pueden considerarse como los herederos directos de su fabuloso talento musical. De una primera relación con la dama villanuevera Olga Torres Pava, vinieron al mundo Ricardo Fabián e Ilderafael, ambos profesionales. Y de su matrimonio con la señora Flor María Torres López, también villanuevera, nacieron Tomás Rafael, Ildefonso, Eusedes y José Roberto, todos mayores y también profesionales. Sin embargo, el genial compositor de “Rosa jardinera” observa con tristeza que en ninguno de sus hijos se percibe el mínimo afecto por la composición musical, y que sus aptitudes se inclinan hacia otras manifestaciones.      

Distinto a otros compositores y cantantes de su tierra, por la mente de Ildefonso Ramírez Bula jamás ha cruzado la idea de abandonar a Villanueva, su pueblo querido, como tampoco le provoca salir a otras ciudades. Aquí vive feliz, y durante muchos años ejerció la docencia en la Institución Educativa El Gol, ubicada en el barrio El cafetal, curiosamente, el mismo lugar donde nacieron los hermanos Romero Ospino, los hermanos Zuleta, Daniel Celedón Orsini y otros destacados exponentes de la música vallenata. Asimismo, cuando estuvo desempeñando su labor magisterial, tuvo la oportunidad de realizar otros estudios profesionales para mejorar su categoría en el escalafón docente. Actualmente, ya retirado del Magisterio, comparte y disfruta su vida con Noralba Ramírez Martínez, la dama con quien espera llegar hasta el final de sus días. Y paralelo a su labor hogareña, también dispone de tiempo para ejercitar la composición, realizar visitas amistosas, pasear por el pueblo, charlar con los amigos, frecuentar parrandas y, sobre todo, cantar con mucha nostalgia “Paso a paso”, “Rosa jardinera”, “Terco corazón” o “El ruiseñor herido”, los inmortales temas vocalizados por Poncho Zuleta y Jorge Oñate, que lo hicieron famoso y le dieron un merecido puesto de honor en la música vallenata.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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