Ocio y sociedad
Correr con memoria: siguiendo los pasos del maestro Leandro Díaz

“Hay caminos que no se recorren solamente con los pies; algunos se caminan con la memoria, con la cultura y con el compromiso de cuidar la tierra que nos vio nacer” (Ramiro Álvarez Mercado)
Existen carreras que solamente miden el tiempo. Y hay otras que miden la memoria de un pueblo.
Hay corredores que persiguen una meta y hay quienes, además de correr, buscan encontrarse con la historia, con la naturaleza y con esas raíces que, aunque pasen los años, se niegan a desaparecer.
Por eso me parece tan especial que Hatonuevo, La Guajira , al norte del territorio colombiano vuelva a prepararse para seguir los pasos de Leandro Díaz.
El próximo 18 de octubre de 2026 regresará el Ecorunning Trail Leandro Díaz, una iniciativa que en esta nueva edición propone recorrer 21 kilómetros por el DRMI Bañaderos, convirtiendo el deporte en un puente entre la memoria cultural, la educación ambiental, el turismo regenerativo y los emprendimientos de la comunidad.
Y aquí está, precisamente, la grandeza de esta propuesta: no se trata solamente de una carrera. Es una manera de mirar un territorio con otros ojos. Porque una montaña no es solamente una montaña cuando guarda historias.
Un sendero no es solamente un sendero cuando por él caminan los pasos de quienes nos precedieron. Y un paisaje deja de ser paisaje cuando comprendemos que también es patrimonio, sustento, memoria y futuro.
Bañaderos será el escenario natural de esos 21 kilómetros. Pero detrás de cada kilómetro habrá mucho más que distancia: habrá una invitación a conocer, respetar y proteger un territorio que necesita ser contemplado no solamente con admiración, sino también con responsabilidad.
El deporte puede ser una forma de cuidar. Y cuidar también puede convertirse en una manera de amar. Por eso este Ecorunning tiene algo que va mucho más allá del esfuerzo físico: tiene memoria cultural, porque lleva el nombre de uno de los grandes juglares de nuestra música: Leandro Díaz.
El maestro no necesitó de la luz de los ojos para descubrir la belleza del mundo. La encontró en la sensibilidad, en la palabra, en la música y en esa capacidad extraordinaria de convertir la experiencia cotidiana en poesía.
Leandro, sin poder ver, supo escuchar el agua clara del río Tocaimo. La percibió con el alma, con el tacto de la memoria, con la sed del corazón. Y de ese río nació "Matilde Lina", una de las canciones más puras de nuestro folclor. Una prueba de que el agua inspira, sana y se vuelve verso.
Si Leandro Díaz pudo cantarle a un río que no veía, nosotros que sí lo vemos estamos obligados a cuidarlo. Cuidar los riachuelos de la región, cuidar Bañaderos. Porque defender el agua también es defender la poesía. Porque un río sucio no inspira canciones. Un río vivo sí.
Leandro hizo de su tierra una fuente de inspiración. Ahora su tierra puede hacer de sus caminos un homenaje a su memoria. Correr con el nombre de Leandro es, de alguna manera, ponerle ritmo a la memoria. Es hacer que cada zancada recuerde una canción. Que cada sendero nos acerque al hombre. Y que cada kilómetro nos recuerde que los pueblos que olvidan a sus juglares terminan olvidando también una parte de sí mismos.
Pero hay algo más. El folclor no solamente se canta. El folclor también se camina, se respira, se comparte y se protege. Por eso la educación ambiental ocupa un lugar tan importante en esta iniciativa. No podemos amar un territorio únicamente cuando aparece bonito en una fotografía. Tenemos que aprender a respetarlo cuando nadie está mirando.
El agua no es un adorno del paisaje. El monte no es un obstáculo. Los árboles no son simples espectadores de nuestra existencia. Todo aquello forma parte de una casa común que heredamos, pero que no nos pertenece por completo, porque también tendrá que ser entregada a quienes vienen detrás.
De ahí que el concepto de turismo regenerativo tenga tanto sentido: que quien llegue a Hatonuevo no venga únicamente a mirar, sino también a comprender; que no se limite a pasar, sino que deje algo positivo en el lugar que visita.
Y junto a la naturaleza están las personas. Los hombres y mujeres que producen, cocinan, crean, venden, emprenden y buscan oportunidades en su propia tierra.
Apoyar este Ecorunning también significa abrirles una puerta a esos emprendimientos locales que encuentran en una actividad de esta naturaleza una posibilidad de mostrar su talento, fortalecer su economía y decirle al visitante que Hatonuevo tiene mucho más que ofrecer que un paisaje.
Tiene gente.
Tiene cultura.
Tiene memoria.
Tiene identidad.
Y tiene una historia que merece ser contada.
Por eso, desde mi columna “Una copa de folclor”, quiero sumarme a esta convocatoria. No solamente para invitar a los corredores. También a las familias, a los amantes del vallenato, a quienes defienden la naturaleza, a los gestores culturales, a los emprendedores, a los habitantes de Hatonuevo y de más regiones del país, a todos aquellos que entienden que nuestras raíces no se defienden solamente con discursos. También se defienden con acciones.
El 18 de octubre, habrá quienes corran buscando llegar primero. Pero yo quisiera que todos llegáramos a la misma meta: la de comprender que cuidar nuestra tierra también es una manera de honrar nuestra historia.
Que haya tenis sobre los caminos.
Que haya jóvenes descubriendo su territorio.
Que haya familias compartiendo.
Que haya emprendimientos creciendo.
Que haya naturaleza protegida.
Y que, entre el sonido de los pasos y el silencio de Bañaderos, podamos escuchar también, de alguna manera, el eco de un acordeón y la voz de aquel hombre que convirtió su mundo en canción. Porque quizás eso sea seguir los pasos de Leandro Díaz: no correr para dejar atrás el pasado, sino correr para que el pasado pueda seguir caminando con nosotros hacia el futuro.
Hay pasos que el tiempo borra.
Pero hay otros que la cultura convierte en camino.
Y este es uno de ellos.
Brindo por Hatonuevo, por Bañaderos, por sus recursos hídricos, por quienes corren, por quienes cuidan y por quienes entienden que la memoria también necesita senderos y agua limpia para continuar viviendo. Salud.
Ramiro Elías Álvarez Mercado






