Ocio y sociedad

Los artistas de Valledupar, ante el recuerdo de Germán Piedrahita

Redacción

06/08/2012 - 11:36

 

Efraín La Hora literaria de este mes de agosto volvió a sonar. Esta vez, el homenaje dedicado a la memoria de Germán Piedrahita permitió conocer las facetas más inesperadas de un hombre que no dejó de trabajar por la cultura de Valledupar un solo instante.

En medio de un decorado solemne y en presencia de la esposa del difunto artista (Silvia Betancourt) y de su hija (Ángela), artistas destacados del panorama se incorporaron a la tertulia mientras circulaba un micrófono para elaborar un relato vivo e insólito que acentuó las luces y sombras del difunto.

El pintor José Anibal Moya enfatizó especialmente la experiencia del docente con los estudiantes de segundaria. Recordó una anécdota que le marcó especialmente: cuando una niña del colegio Manuela Beltrán tuvo que retirarse debido a un embarazo no deseado.

“Germán veía con mucha pena el hecho que esa niña tuviera que retirarse –expresó José Anibal– y se opuso vivamente a esa expulsión porque iba a transformarse en un precedente para las demás instituciones educativas”.

Más allá de esta faceta comprometida, el artista destacó el lado innovador de Germán. “Fue el primero que vimos hacer Performace o arte conceptual –explicó Moya–, y luego, denigró ese mismo arte por motivos identitarios”.

La intervención de José Anibal Moya sirvió para animar la discusión. El reconocido pintor, Efraín “El Mono” Quintero aprovechó la ocasión para hacer un recorrido por la historia del Cesar y evidenciar la labor de otros artistas precursores.

“Llegamos nosotros con el Grupo V4 en el salón de Bogotá de 1974 con unas obras novedosas  –explicó El Mono Quintero–: Incursionamos a punta de betún y la idea de Álvaro Martínez era comercializar, industrializar el arte. Nosotros mirábamos a Bogotá pero desde lo vallenato”.

En su descripción de la evolución artística del Cesar, El Mono Quintero no quiso restar mérito a Piedrahita y recordó el año en que llegó: 1982. Una época en la que llegaban numerosos artistas a través del Banco de la República.

“Yo con Germán tenía una gran amistad. Cuando pintaba lo llamaba. Le decía Germán, vente por acá. Aquí estoy haciendo algo, y él llegaba con su pasito acostumbrado y su bicicleta y controvertíamos en el estudio”.

Según Efraín, la faceta de Germán que más destacaba era la del maestro. “Tenía ese don para transmitir y enseñar”, recordó el Mono.

Por su lado, el también miembro del Grupo V4 y reconocido artista plástico, Celso Castro Daza, hizo hincapié en el papel de Silvia Betancourt, quien acompañó a Germán Piedrahita y fue testigo de cada una de sus iniciativas.

Finalmente, José Luis Molina mencionó las contradicciones que podía tener el artista. “A mí me gusta mencionar esto porque considero que todos los seres humanos somos supremamente complejos”, expresó el Turri antes de dar como ejemplo el esfuerzo sostenido por Germán para organizar eventos artísticos colectivos. Según José Luis, está reconocido que estos eventos no permiten promocionar a los artistas ya que encubren el proceso evolutivo del artista.

Con todo esto, la velada resultó ser un encuentro íntimo y respetuoso en el que la figura de Germán sobresalió por su humanidad y sencillez. Un hombre que sigue conmoviendo el panorama cultural de Valledupar.

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