Opinión

El Festival y el vallenato tradicional

José Atuesta Mindiola

25/04/2016 - 05:30

 

Todo está listo para el Festival 49. El presidente de la Fundación Rodolfo Molina Araujo, los demás miembros directivos y personal administrativo han trabajado con disciplina y responsabilidad para que esta versión sea superior a la anterior. Ya se siente y se vive el Festival.

En abril aquí el cielo es más hermoso, las noches se pintan de acordeones y se adornan con el cimbreo de mujeres piloneras, y recordamos a Consuelo, ‘La Cacica’ soñadora, que abrió puertas en la aurora al vallenato tradicional.

Bien lo expresa un poeta: “Entre sonrisa se mueve un susurro en el palmar, contento Valledupar la fiesta en el alma llueve y ya son cuarenta y nueve los festivales realizados, seguimos enamorados de los versos y la poesía, del canto y la melodía de maestros consagrados”. 

Estos maestros consagrados son nuestros juglares que sembraron la semilla de los versos y el canto. Los sociólogos advierten, que la tradición debe ser capaz de renovarse y actualizarse para mantener su valor y utilidad. Cada quien vive su tiempo y no se puede pretender que los jóvenes repitan lo que hicieron los abuelos. La canción vallenata, como las demás expresiones culturales, experimenta procesos de transformación y algunas logran conservar un fundamento de identidad. 

La esencia de la música vallenata es su poesía y los compases que determinan el ritmo.  El docente de la Universidad Nacional y musicólogo, Carlos Vega, afirma: “Sin embargo, todavía está por escribirse el estudio propiamente musicólogo sobre el vallenato y sobre las profundas transformaciones de los últimos años que han llevado a convertirse en una de las músicas con más ventas del país y con impacto internacional”.

A nivel de vallenato tradicional, algunos compositores conservan la esencia de la narrativa y la belleza poética de los versos. Lo mismo sucede con los cantantes. Poncho Zuleta es uno de los que se han sostenido dentro del vallenato tradicional, y siempre ha grabado con excelentes acordeoneros que tienen en el alma el tatuaje del vallenato puro, como su hermano Emilianito, el mejor de todos; que además es gran maestro en la composición. 

La carrera profesional de Poncho en el canto se inicia en 1971, aunque en 1969 ya había grabado tres canciones con el rey Colacho Mendoza, pero ahora lo hace con propiedad porque su hermano mayor, Emilianito, es el acordeonero, y además líder del conjunto y director de la grabación.  Con el acordeón de Emilianito y la voz de Poncho, el vallenato es más vallenato, la tradición alcanza la altura del Olimpo. Razón tiene sus amigos en llamarlo "El pulmón de oro" o "El papá de los cantantes". 

Las canciones clásicas de la tradición del vallenato interpretadas por los Hermanos Zuleta se sienten,  como:  rumor de  espumas saltarinas del río Guatapurí,  perfume en los labios de la primavera,  luna silenciosa iluminando cafetales, viajeros robándole al viento la silueta del aroma,  paisaje solazando el roce de la gota fría,  peralejo que ve mecer en sus ramas el sombrero de Simón, noche vegetal  que repite el nombre de la abuela, brisa de la nevada que evoca los ayeres de un querer, nostalgia del patio porque el hijo ya no está o elegía del viejo  que  se va para la ciudad.  Los cantos de Poncho y Emilianito, parodiando el verso de Roberto Calderón, son para toda la vida.

 

José Atuesta Mindiola 

 

Sobre el autor

José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola

El tinajero

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Los agujeros en la red

Los agujeros en la red

  Este siglo de la tecnología avanzada ha dejado plasmada, más que nunca antes, la vacuidad de ciertas relaciones humanas. En las d...

El caos es el rey y reina la violencia

El caos es el rey y reina la violencia

  Mediante un comunicado que hizo circular la guerrilla del ejército de liberación nacional (ELN), el cual se esparció como pólvo...

No más polarización, no más guerra

No más polarización, no más guerra

  En un mundo como el que vivimos, en una época como la que nos toca en suerte vivir, en un país polarizado como Colombia, se not...

Un decreto sin ton ni son

Un decreto sin ton ni son

  El Decreto No. 000305 fue expedido por la alcaldía del municipio de Valledupar el día ocho de mayo de 2017, tal acto administra...

Nobsa, la capital vallenata de Boyacá

Nobsa, la capital vallenata de Boyacá

  Un pueblo rodeado de cerros, con un clima promedio de unos diez grados centígrados de temperatura, donde por sus calles camina g...

Lo más leído

¿Qué sabemos sobre las escritoras del Cesar?

Luis Mario Araújo Becerra | Literatura

Víctor Hugo o la vigencia de un ideal político

Erik Sierra Gómez Pedroso | Literatura

El cine colombiano de antes: su evolución a lo largo del siglo XX

Juan Camilo Díaz Bohórquez y Alejandra Hamman | Cine

El progreso que nos trajo la United Fruit Company

Arnoldo Mestre Arzuaga | Historia

Noel Petro: ni tan burro, ni tan mocho

Hernán Duley De La Ossa | Música y folclor

Las tres derrotas de Álvaro Gómez Hurtado

Eddie José Dániels García | Opinión

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados