Opinión
Encuentros en el baño: matriz de goces infinitos

No me ocuparé en definir el baño desde una metáfora masculina o femenina (aunque tiene mucho de mujer o mejor de intersexual), el caso es que ese lugar es un epicentro de mágicos diálogos femeninos, no es en vano la pregunta que muchos hombres se hacen: ¿Por qué las mujeres van juntas (en combo) al baño? Pues entre muchas respuestas, he escogido para este contexto la siguiente: Porque es de ahí donde han surgido muchas cosas, es una dimensión uterina que concibe y se lanza a la posibilidad de parir ideas, sueños, quejas, proyectos e infinitas creaciones que solo nacen de seres que estallan en coloridos criterios y construcciones mentales que no se ajustan a linealidades; el lugar que para los cerebros masculinamente básicos es solo para hacer “chi-chi” u otras necesidades fisiológicas, para las mujeres es claramente otro asunto.
Es importante mencionar, que las mujeres en muchas ocasiones solo pasamos a darnos un vistazo al espejo y simultáneamente emprendemos diálogos impredecibles propios de encuentros fortuitos con otras mujeres que de inmediato se lanzan a hablar desde múltiples monólogos colectivos, los cuales, curiosamente logran la noción colectiva; entonces no hay cómo, cuándo, dónde, sólo se desarrollan infinitos temas, entre los cuales, están la de estética, la política, la familia, el sexo, los sueños o los nuevos amores con infinitas ramificaciones, pues cuando un grupo de mujeres se reúne sencillamente, se pasa de un tema a otro sin perder el hilo conductor; un poder que tenemos las diosas universales, porque se pueden perder los que pasan y escuchan pero las protagonistas del festival de letras habladas siempre estamos conectadas, estoy segura que Freud se atrevería no solo a diagnosticarnos de histéricas, sino que en medio de su neurosis inventaría nuevas categorías.
Hace un par de días accedí a acompañar a una amiga al baño y luego que ella acomodó su copete, nos encontramos con otras dos amigas; y de ahí en adelante solo recuerdo un fluir plácido de la palabra, que fue madurando de tal forma que seguimos charlando hacia el vehículo, luego a un buen restaurante y pasada las horas supimos que habíamos vivido un momento sin igual, hicimos catarsis, vivimos diferentes roles: fuimos lo que quisimos, lo que necesitamos y lo que seremos, así de soñador, loco y cuerdo; holístico encuentro no planeado que salió perfecto como todo lo espontáneo, su génesis fue en el baño, nos hicimos dueñas de las lenguas vivas, de palabras gigantes, coloridas, flexibles, jocosas y reflexivas: insight & catarsis, definitivamente un encuentro de mujeres sin receta.
Si el baño hablara, creo que entre risas o sustos las personas se enterarían de miles de cosas del universo femenino, y estoy segura que el antropólogo Guajiro Eudes Toncel haría otra investigación sobre historias que protagonizarían perfectamente un pasquín propio de los pueblos del Caribe colombiano.
Diosas de la palabra, mujeres con poder congénito y aunque históricamente robado por verticalidades masculinas-patriarcales, guerreamos y a paso firme escribimos nuevas historias, porque entre mas fuertes son las crisis mejor nos reinventamos… vivan los baños epicentros de inolvidables encuentros… baños que se convierten en placentas portadoras de goces eternamente recordados.
Fabrina Acosta Contreras
@FAcostaC






