Opinión
Las dos hermanas

Allá en San Diego de las flores, donde la familia era conocida por su apellido raizal, ya en tiempos de mozalbetes, la pareja fue fama, no solo por la fortuna de sus padres, sino por los lazos familiares que los unía, pero ellos ciegos de amor y sin importarle el murmullo de las lenguas mordaces, constituyeron la familia Arzuaga Arzuaga.
El tiempo fue favorable para ésta unión. Su capital, ahora independiente, creció, de modo que las vacas, cabras, y todos sus semovientes se multiplicaron hasta amasar una gran fortuna envidiada por muchos y asediada hasta por las fieras salvajes, como un jaguar, que, no contenta con devorar a cuanto ternero y cría que encontraba, terminó con la vida de su hijo mayor.
La noticia fue tomada por la mayoría de pobladores de la región como castigo de Dios, por desafiar a la ley Divina al desconocer su consaguinidad para hacer vida marital, aunque fuera por el sagrado matrimonio.
Ellos, desesperados, adoloridos y con sus corazones destrozados por semejante pérdida, decidieron vender todo, abandonar su tierra de origen y radicarse en las hermosas sábanas de El Paso.
Llegaron con dinero, así que compraron una hermosa hacienda, la más productiva y mejor ubicada del lugar. Sus hijos crecieron llegado el momento que ya en la edad de casarse, las hembras eran la atracción de los jovencitos pendientes de fortuna, posición social y de la belleza de sus hijas .
Ellas, ajenas a las pretensiones de los lugareños a quienes veían como poca cosa, entablaron amistad con un polaco que llegó al pueblo como comprador de bálsamo y otros productos que, luego, comercializaba en Barranquilla. Era un hombre culto de fino verbo a pesar de su pronunciamiento masticado y cotorreal.
Matilde y María pronto entablaron gran amistad con el atractivo extranjero, lo llevaron a vivir a la casa de sus padres, lo alojaron en una amplia habitación del inmenso caserón.
En el pueblo empezó el murmullo, se comentaba a voces que María era la amante del extranjero. Pero la anunciada boda de éste con Matilde confundió a las lenguas de los propios y extraños.
La boda se llevó a cabo y no se escatimó en gasto alguno, invitados de todas partes estuvieron presentes y, por mucho tiempo, se habló de aquel acontecimiento que no se ha repetido en el pueblo.
Pero todo no fue felicidad, Matilde no pudo disfrutar de su marido por mucho tiempo, una noche oscura cuando el galán del país de las faldas masculinas y folclóricas salió de la habitación conyugal a descargar su vejiga, un disparo rompió el silencio y acabó con su vida.
Ha pasado casi una centuria y todavía se habla de la misteriosa muerte del Polaco, que separó a Matilde y a María en un odio hasta la muerte.
Arnoldo Mestre Arzuaga
nondomestre@hotmail.com
Sobre el autor
Arnoldo Mestre Arzuaga
La narrativa de Nondo
Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.
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