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La Inmaculada Concepción y su día de celebración en Valledupar

Redacción

10/12/2012 - 12:10

 

La Inmaculada Concepción (Valledupar)Salió de la iglesia del mismo nombre, en la Plaza de Alfonso López, con un paso parsimonioso. Esa noche del 8 de diciembre, era su noche. Una noche para el reencuentro y la celebración, para el festejo de quienes la alaban y la admiran a diario en Valledupar.

Desde el principio, la celebración reunió a centenares de fieles. Mujeres, hombres, parejas, jóvenes, familias enteras que acompañaron la imagen de la Virgen, en la semi-oscuridad de la plaza, detrás de un Padre y sus oficiantes, todos ubicados solemnemente a su alrededor.

La Virgen en lo alto, cargada en los hombros de cuatro señores, miraba con ojos condescendientes y misericordiosos a sus seguidores. Todo en ella –su sobriedad, su sencillez y humildad– testimoniaban del milagro que se le adjudica: el salvarse del pecado original y mantenerse pura en todo momento.

A los cuatro lados de la Plaza Alfonso López, los fieles esperaban con una paciencia inquieta, miraban y hablaban con sus amistades mientras escuchaban a lo lejos las oraciones amplificadas por los altavoces de quienes acompañaban a La Inmaculada.

Algunas paradas previstas en el camino –altares organizados con la mayor de las atenciones frente a algunas casas de la Plaza–, ofrecían una pausa en el camino. Un leve reposo a los fervorosos para encontrar y recibir esa gracia que exhala.

La Inmaculada es más que un ritual. Más que un gesto de comunión, más que una reverencia ante el espíritu de una mujer en las cercanías de la Navidad. Es también un sentimiento de pertenencia y de notable identificación.

La noche que siguió a la velada de los faroles (y la inauguración del alumbrado del centro de la ciudad), fue un momento que abarcó numerosas emociones, desde el máximo recogimiento hasta el más sentido júbilo.

La vuelta iniciada a las 7 de la noche es el vivo reflejo de esa pluralidad e intensidad. En poco menos de 30 minutos, la Virgen recorrió las cuatro esquinas de la Plaza y en la penúltima (cerca de la tienda Compaichipuco) la procesión fue cogiendo un acento cada vez más vivo.

La entrada por el Concejo y la alcaldía confirmó la aceleración de la marcha. La banda Municipal tocó un tema alegre para que, de repente, y bajo los fuegos artificiales detonados desde la Iglesia Inmaculada Concepción, la Virgen bailara con un movimiento de innegable regocijo.

Entonces, todo fueron sonrisas y aplausos. Cada detonación en el firmamento apoyaba las vueltas e inclinaciones de la Virgen quien, ahora, parecía indicar que estaba feliz de estar aquí, de compartir ese instante y sentirse rodeada por la multitud.

La procesión terminó frente a la entrada de la Iglesia, con una serenata que la encumbró como una perla única. En ese momento, el aplauso fue unánime y, en la Iglesia del mismo nombre, la Inmaculada encontró el refugio y el descanso que se merece.

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