Patrimonio

Paradojas de una ciudad creativa: el caso interesante de Valledupar

Johari Gautier Carmona

29/11/2019 - 07:55

 

Paradojas de una ciudad creativa: el caso interesante de Valledupar
El monumento a Diomedes Díaz en Valledupar / Foto: PanoramaCultural.com.co

 

El martes 10 de diciembre del 2019 pisaba por primera vez el suelo vallenato una representante de la Unesco[i]. La directora Audrey Azoulay no escondió en ningún momento la satisfacción experimentada durante su visita en la capital del Cesar: el paseo por la ciudad, la presencia del presidente Iván Duque, y el recibimiento florido en el recién estrenado centro de eventos “Paisaje de sol”, todo había sido cuidado con esmero.

Había de parte de la alcaldía un deseo evidente de quedar bien en la historia, de convalidar ese titular inolvidable que salió en El Heraldo unas semanas antes –“Valledupar se posiciona ante el mundo como ciudad creativa”[ii]– e incluso de propiciar otros titulares más solemnes y definitivos como aquel que salió en El Pilón al día siguiente: “Unesco reconoce a Valledupar como Ciudad creativa de la Música”[iii].

La ambición de un alcalde debe llevar la ciudad que administra a nuevas esferas. Nuevos círculos. Nuevos clubes. Una ciudad no puede quedarse encerrada en los mismos circunloquios, sin experimentar nuevos caminos, o por lo menos, abrirse una puerta sobre nuevos caminos. Tuto Uhía Ramírez puede vanagloriarse de haber hecho entrar la ciudad en una red de más de 240 ciudades creativas[iv] en las que también figuran urbes mundialmente reconocidas por su riqueza cultural como Roma, Granada, Singapur o Buenos Aires.

La entrada en este círculo restringido no se hizo sin escenificación y sin empeño. El alcalde convirtió el color naranja –es decir, un lema del programa presidencial de Iván Duque– en su propio eslogan. Se lo apropió, se lo tatuó, y, sin complejos, o tal vez por testarudez, lo llevó a todos los escenarios[v], llegando incluso a lo caricaturesco. La necesidad de exhibir las intenciones y los resultados lleva muchas veces la política al histrionismo. Pero esto no puede ser motivo de crítica, el mandatario fue en todo momento consecuente con su propósito.

En el discurso de ratificación, la máxima representante de la Unesco, Audrey Azoulay, mostró su regocijo por encontrarse en el bastión más importante de la música vallenata, en una plaza acorazada que velará por su conservación hasta el último suspiro. “Ésta es la tierra del vallenato. Ésta es la tierra donde se conjugan las voces, los anhelos, los clamores y las ilusiones de tantos compositores que han inspirado a Colombia y el mundo entero”, expresó la directora con notable emoción, y efectivamente había razones para estarlo.

La ciudad que siempre se enorgulleció de ser la “Capital mundial del Vallenato”, iba, por fin, más allá de las palabras y de ese título macondiano. Ahora algo sucedía en su anatomía, algo se transformaba en sus calles, algo se alteraba en su lenguaje, sus patronos de conducta y su arquitectura mental. En un espacio de poco más de dos años, monumentos como el de Diomedes Díaz (inaugurado en 2017)[vi], Martín Elías, Leandro Díaz[vii], Carlos Vives[viii], Peter Manjarrés, Iván Villazón y Miguel Morales[ix], rellenaron un evidente vacío. Nunca antes se había inaugurado tantos monumentos en un tiempo tan reducido, a veces con un criterio artístico respetable y muchas otras veces con una inevitable sensación de precipitación y de falta de búsqueda. Pero el cambio se dio.

La glorieta de los compositores en Valledupar / Foto: archivo El Heraldo

Hoy Valledupar tiene, por fin, lugares para ofrecer al visitante. Por fin brinda múltiples opciones para pasearse y fotografiarse (más allá de la plaza Alfonso López). Se materializa poco a poco la idea de una ciudad con esencia que se esfuerza en crear un recuerdo de sí misma, y que trabaja –aunque todavía de manera desordenada– para acercarse al relato y las personalidades que dan vida y emoción a la música vallenata. Valledupar habla ahora con más fuerza del talento de los artistas que acuden a ella, y se presenta a sí misma como centro de creatividad musical, y, sin embargo, existen realidades que chocan notablemente con este título de ciudad creativa.

Extrañamente, el alcalde que se vistió de naranja para transformar su ciudad en un oasis cultural, fue también el alcalde que pintó de blanco la pared de un concejo en la Plaza Alfonso López con el simple fin de enterrar en el olvido[x] un mural que no le caía en gracia –el que pintó Germán Piedrahita con un grupo de artistas–. La excusa del principio (el riesgo de que cayera una pared del concejo) fue diluyéndose con el tiempo, y quedó más claro que nunca que el único propósito de la alcaldía fue deshacerse de un bien común que consolidaba la identidad de una plaza histórica.

La ciudad que en diciembre 2019 entraba oficialmente en la red de ciudades creativas es, inexplicablemente, la misma ciudad que un año y medio antes destruía concienzudamente su patrimonio y que, a pesar de las críticas y de las solicitudes de la comunidad, no hizo absolutamente nada para recuperarlo. El clamor de las manifestaciones fue innegable. El sector cultural y la ciudadanía se movilizaron como nunca antes, pero se impuso a todo esto el olvido (y el silenciamiento de una expresión artística) como forma de hacer política.

El mural desaparecido de la plaza Alfonso López / Foto: PanoramaCultural.com.co

Pero esto no es todo. A esta gran paradoja también puede agregarse otra más elocuente: el vacío que experimentó la Casa de la Cultura durante el mandato del alcalde –que justamente invocó a la creatividad– es innegable, por no decir trágico. Durante cuatro años, las personas que se sucedieron en la oficina de Cultura no supieron –ni buscaron la forma de– armar una agenda que pudiera dinamizar los procesos creativos de la ciudad. No se generó ninguna política cultural sostenible, ni siquiera se abrió una convocatoria transparente (sea de música, de escritura, de artes plásticas o escénicas) que pudiera invitar la comunidad a participar con propuestas, y el consejo de Cultura se creó por insistencia de la ciudadanía. La Casa de la Cultura, es decir la Casa de la Creatividad, estuvo durante todo ese tiempo mentalmente en bancarrota.

Desde sus inicios, el cantante Miguel Morales[xi] mostraba dificultades en entender qué responsabilidades culturales recaían dentro de la Casa de la Cultura. Tomás Darío Gutiérrez no entendió la relevancia de crear una agenda cultural y de trabajar con la comunidad. Ambos hicieron de la Casa de la Cultura un espacio hermético e incomunicado. El poeta José Atuesta Mindiola –el único que mostró las ganas de avivar la Cultura y llevarla a todas partes–, renunció al cabo de un mes, frustrado tal vez por las dinámicas internas que no favorecían ninguna gestión sostenible.

El desierto de la gestión cultural (y la falta de creatividad a la hora de establecer un discurso social) fue tan notable, tan dramático para las artes y la cultura, que los únicos momentos de cultura que dieron vida a este árido periodo fueron las inauguraciones de estatuas y las consecuentes noticias de personas tomándose fotos con ellas (a veces con poses realmente creativas). Esa fue otra gran paradoja de una ciudad que accedió a la esfera de las ciudades creativas.

La superficialidad no puede ser la característica dominante de una ciudad creativa. El afán de inaugurar el monumento de una celebridad no puede ser la línea estructural de toda la política cultural de un municipio llamado “creativo”. Y, sin embargo, ésta ha sido la marca predominante de las gestiones culturales de los últimos años en el municipio de Valledupar. “Había que quedar en la retina”, como se dice con frecuencia en Valledupar.  

Ahora que ya se entró en un paradigma de creación de espacios que resalten la creatividad de esta tierra y de sus habitantes, los dirigentes y sus asesores tendrán que preguntarse en qué consiste y cómo funciona una ciudad creativa. ¿Cómo se evalúa la creatividad de una ciudad? ¿Cómo se fomenta el amor de la ciudadanía por la cultura y la creación? ¿Cómo se construyen espacios amigables que narran con detalle la historia del pueblo, de sus expresiones culturales y de sus artistas?

Las primeras respuestas a todos estos interrogantes pueden hallarse en otras ciudades mucho más avanzadas en programas creativos, pero también en la misma red de ciudades creativas de la Unesco. De hecho, uno de los postulados[xii] de este círculo selecto recuerda que la ciudades creativas se comprometen a fomentar el aprendizaje e intercambios con el fin de “reforzar la creación, la producción, la distribución y la difusión de actividades, bienes y servicios culturales”, así como “desarrollar polos de creatividad”.

En su ensayo sobre las ciudades creativas en tiempos de crisis[xiii], el especialista Francisco Menchén explica que la ciudad creativa es “aquella localidad dinámica e innovadora que ha sabido crear un entorno abierto a la creatividad, donde las ideas fluyen y donde todos sus habitantes, de procedencias y edades diferentes, convergen para crear una comunidad creativa”. Éste es un apunte destacable.

Lo importante reside en construir un modelo de ciudad coherente sobre el cual establecer políticas que mejoren la calidad de vida de todos los ciudadanos. No basta con inaugurar afanosamente nuevas esculturas, nuevas infraestructuras, plazas, levantar museos o centros comerciales, si estos elementos no reciben la atención o utilidad esperada o, mejor todavía, no responden a las necesidades inmediatas de la población.

El nuevo camino que emprende Valledupar requiere creatividad, es cierto, pero también sensatez y sensibilidad.      

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

 

[i] Valledupar, ciudad musical y creativa. Artículo publicado en PanoramaCultural.com.co el 12 de diciembre del 2019

https://www.panoramacultural.com.co/musica-y-folclor/7050/valledupar-ciudad-musical-y-creativa

[ii] Valledupar se posiciona ante el mundo como ciudad creativa. El Heraldo. 04 de diciembre del 2019.

https://www.elheraldo.co/cesar/valledupar-se-posiciona-en-el-mundo-como-ciudad-creativa-de-la-musica-676815  

[iii] Unesco reconoce a Valledupar como ciudad creativa de la música. El Pilón. 11 de diciembre del 2019.

https://elpilon.com.co/unesco-reconoce-a-valledupar-como-ciudad-creativa-de-la-musica/

[v] El color naranja del alcalde que va más allá de la economía. El Pilón. 13 de abril del 2019.

https://elpilon.com.co/el-color-naranja-del-alcalde-que-va-mas-alla-de-la-economia/ 

[vi] En “La silla de Diomedes Díaz”, fanáticos celebran su natalicio. El Tiempo. 26 de mayo del 2017.

https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/inauguran-monumento-de-diomedes-diaz-en-valledupar-el-dia-de-su-cumpleanos-92672  

[vii] Develan escultura en homenaje a Leandro Díaz en Valledupar. El Heraldo. 13 de abril del 2018.

https://www.elheraldo.co/cesar/develan-escultura-en-homenajea-leandro-diaz-en-valledupar-481846

[viii] “Desde siempre los vallenatos han estado de mi lado”: Carlos Vives. PanoramaCultural.com.co. 17 de octubre del 2019. 

https://panoramacultural.com.co/musica-y-folclor/6963/carlos-vives-desde-siempre-los-vallenatos-han-estado-a-mi-lado

[ix] Éstas son las estatuas de Kaleth Morales e Iván Villazón. Blog Vallenato. 21 de diciembre del 2019.

https://www.blogvallenato.com/2019/12/21/estatua-de-kaleth-morales-e-ivan-villazon/

[x] El mural “Valledupar, tierra de dioses” y la crónica de un olvido anunciado. PanoramaCultural.com.co. 10 de julio del 2018.

https://panoramacultural.com.co/patrimonio/6118/el-mural-valledupar-tierra-de-dioses-o-la-cronica-de-un-olvido-anunciado  

[xi] “Saldré con mi cara en alto de la dirección de Cultura municipal”: Miguel Morales. PanoramaCultural.com.co. 18 de enero del 2016.

https://panoramacultural.com.co/ocio-y-sociedad/3934/saldre-con-mi-cara-en-alto-de-la-direccion-de-cultura-municipal-miguel-morales

[xii] ¿Qué es la red de ciudades creativas? Unesco.

https://es.unesco.org/creative-cities/content/acerca-de 

[xiii] La ciudad creativa en tiempo de crisis. Francisco Menchén Bellón. Ensayo publicado en abril 2019. Revista Encuentros multidisciplinares.

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