Pensamiento

Estereotipos e Identidades

Antonio Ureña García

02/10/2019 - 04:25

 

Estereotipos e Identidades
Mujeres indígenas de la Guajira / Foto: El País

 

Que paseando por las calles de Yerebán, la capital de Armenia, se compruebe cómo la mayor parte de las mujeres allí son altas, delgadas, de piel blanca, con el pelo negro y liso, es lo normal. Finalmente, esta ciudad pertenece a uno de los países situados en el Cáucaso: región natural entre Europa del Este y Asia occidental, al sur de la cordillera de la cual recibe su nombre; bañada al este por el mar Negro y el cada vez más pequeño mar Caspio (cuyo nivel desciende año a año a consecuencia del cambio climático y la sobreexplotación de los ríos que vierten en él sus aguas). La tipología descrita corresponde a la denominada “raza caucásica”, término dado por extensión y de forma incorrecta a toda “raza blanca”, aunque sobre este tema hablaremos después.

Que ya en el hotel, al conectar la televisión, la presentadora a cargo del programa en antena presente un aspecto similar al descrito, continúa siendo normal, como normal es que así sea para el programa siguiente y el que viene después. Lo que ya deja de ser normal es que dichas presentadoras pertenezcan a un canal latinoamericano y no a una cadena de aquella región. Nos referimos concretamente a Tele Sur: un canal de televisión multiestatal de noticias creado en enero de 2005, con sede central en Caracas y cuyo consejo consultivo ha estado formado por personalidades de la talla de Adolfo Pérez Esquivel, Ernesto Cardenal, Eduardo Galeano o Ignacio Ramonet, entre otros muchos y ha sido definida como una red que permita proteger la diversidad cultural de los pueblos latinoamericanos y democratizar los flujos mundiales de información en el escenario de la globalización neoliberal. (Andrés Mora Ramírez, 2010)

Esta anécdota, vivida personalmente, nos ha llevado a plantearnos la siguiente cuestión: ¿Qué tiene que ver esta tipología de mujer, predominante en la región caucásica, con la mayoría de mujeres Latinoamericanas? Muy poco o nada. Todo ello pone en evidencia un tema identitario, al que nos hemos referido en diferentes ocasiones desde esta columna. Si dicho canal trata de mostrar la referida diversidad, sería necesaria la presencia de mujeres con rasgos indígenas y afrodescendientes; pero, tanto unas como otras, son frecuentemente excluidas, no solo en cuanto a imagen visible, si no - lo que es peor - en los planos económico, social, político y cultural que orientan la vida en la región. 

Al comienzo de estos párrafos citábamos los conceptos de “raza caucásica” y “raza blanca”, señalando cómo ambos eran considerados prácticamente sinónimos. Esta confusión encubriría un error mucho más grave desde el punto de vista científico, ya sean ciencias experimentales o sociales. Como se afirma en una prestigiosa revista científica: el uso del concepto biológico de raza en la investigación genética humana, tan disputado y confuso, es problemático en el mejor de los casos y nocivo en el peor. Y es que desde la antropología social, como dice Carlos López Beltrán (2001) la noción de raza está vinculada históricamente a la de estirpe, pues se confunde la genealogía y el origen histórico y biológico de los seres. (…) transmitido de generación en generación a través de la sangre y reflejado en los rasgos físicos y morales de las personas y colectividades. De ahí surge la idea de pureza de raza: algo muy peligroso, más en el contexto de supremacismo que actualmente nos ensombrece.

Así, el concepto raza está vinculado en sus orígenes a parentesco o pertenencia originaria a una misma familia, casta o linaje. No era tanto los rasgos físicos los que, en principio, definían este concepto si no la pertenencia a una estirpe común con unas relaciones económicas, culturales y/o sociales determinadas. Por ello, la idea de pureza racial está ligada a la idea de mantener un estatus sociocultural o económico determinado. Es decir, racismo se confunde con clasismo y aporofobia: término acuñado por la catedrática emérita española de Ética y Filosofía Política, Adela Cortina, para definir el rechazo al pobre.

Es cierto que, a lo largo de los tiempos, el mestizaje o mezcla de razas ha sido visto, en ocasiones, con buenos ojos. Recordemos la política migratoria de Marcos Pérez Jiménez, quien gobernó Venezuela con mano de hierro entre los años 1953 y 58, e incentivó la inmigración de campesinos y trabajadores provenientes de España, Italia y Portugal que escapaban de la crisis económica vivida en la Europa de posguerra. Era éste un intento de «modernizar» y «blanquear» el país, Desde su perspectiva, dicha modernización precisaba de capital intelectual y técnico; elementos inherentes a la “raza blanca”.

Si bien los hechos descritos tuvieron lugar hace más de medio siglo, en la Venezuela del siglo XXI todavía se utiliza de manera coloquial, si bien en tono jocoso, el concepto de mejorar la raza. Ello indica que las virtudes de ese “blanqueamiento” perviven en el imaginario colectivo; que el gen de la discriminación racial está presente en dicho imaginario.

Volviendo al tema de los genes, los recientes estudios demuestran que tan solo el 0,01 % de la carga genética del ser humano es el que determina sus rasgos físicos: color de piel, ojos o pelo, entre otros muchos. Es el denominado fenotipo. Ante ello podemos preguntarnos: ¿si el 99,99 % del genoma humano es idéntico para cada individuo, tiene sentido el discurso de las razas humanas? La respuesta es evidente.

En relación con la anécdota mencionada al comienzo: ¿cómo puede un medio que se autocalifica de integrador caer en este “blanqueamiento”? Una vez más nos encontramos con un conflicto identitario del que nos venimos haciendo eco desde los primeros artículos publicados en Panorama Cultural, bautizado por el escritor y político venezolano Arturo Uslar Pietri como angustia ontológica.

La anécdota que ha dado pie a estas reflexiones, finalmente no es más que eso: una anécdota o un caso puntual que para nada tiene porqué ser generalizable. ¿O sí? Recordemos el caso de la actriz protagonista de la película mexicana “Roma”, de Alberto Cuarón: ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia; con 10 nominaciones al Oscar, entre ellos al de mejor actriz. Y es que Yalitza Aparicio[i], la primera mujer indígena nominada a un Oscar, no ha dejado de recibir insultos de índole racista o clasista; los cuales arreciaron cuando tuvo “la osadía” de posar, y más con ropa de diseño, para revistas como Vogue y Vanity Fair, donde los cánones de belleza mostrados, ligados a ese estereotipo de la “raza blanca” del que venimos hablando, quedan bastante lejos de los propios de la mujer indígena.

Según afirma el diario español “El País”, el caso de Yalitza Aparicio ha puesto a México frente al espejo de su racismo; un racismo que no solo pervive en el país azteca, si no en toda la región. Un racismo que explica la invisibilización de la mujer indígena y/o afrodescendiente a la que nos venimos refiriendo, donde la segregación por cuestiones de origen o color de piel está ligado a un intento de la elite de origen criollo por mantener su estatus económico social o cultural.

Como dice Álvaro Mutis -cita que ya trajimos a colación en un artículo anterior-: ¿qué hemos hecho nosotros, los criollos, después de la llamada Independencia por los auténticos herederos de las civilizaciones precolombinas fuera de despojarlos de sus tierras, alcoholizarlos, masacrarlos y asesinar a quienes han alzado la voz contra ese otro genocidio? La respuesta, en relación a las ideas mostradas desde estas páginas, sería: invisibilizarlos.

 

Antonio Ureña

 

[i] Agradecemos públicamente a la psicóloga y estudiosa en temas de antropología, Verónica Jiménez, la información facilitada sobre este tema.

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

Arqueología e historia en Michel Foucault

Arqueología e historia en Michel Foucault

  La historia en Michel Foucault es un discurso y su arqueología no parte del análisis de las obras, los autores, sino que parte ...

Política, intelectuales y cultura popular en la Colombia de los años cuarenta

Política, intelectuales y cultura popular en la Colombia de los años cuarenta

A lo largo del decenio de los cuarenta se vivió en Colombia una eclosión de la intelectualidad. Varios personajes reflexionaron y tem...

El pensamiento complejo

El pensamiento complejo

  En torno a cómo justifica Edgar Morin la necesidad de un pensamiento complejo y el papel que juega la incertidumbre en la teoría ...

Folclore y construcción de identidad regional o nacional

Folclore y construcción de identidad regional o nacional

Nacidos en la Europa decimonónica, los saberes folclóricos fueron relacionados con la necesidad de edificar una identidad para la nac...

El ensayo como escritura de la independencia americana

El ensayo como escritura de la independencia americana

  En 1828, en los albores de la independencia americana, Simón Rodríguez, el que fuera maestro de Simón Bolívar, se preguntaba:...

Lo más leído

¿Existe una filosofía de las culturas prehispánicas?

Antonio Acevedo Linares | Pensamiento

¿Cómo ser un buen crítico de arte?

Andrea Fernández | Artes plásticas

¿Es indígena la guacharaca?

Weildler Guerra Curvelo | Música y folclor

Ojo a la Coca-Cola

Alberto Muñoz Peñaloza | Opinión

La Poesía de Gabriel García Márquez

José Luis Díaz Granados | Literatura

Síguenos

facebook twitter youtube