Historia

La historia de la ciudad de Santa Marta: del siglo XVIII a nuestros días

Álvaro Ospino Valiente

21/09/2020 - 04:25

 

La historia de la ciudad de Santa Marta: del siglo XVIII a nuestros días
La Catedral Basílica del Sagrario y San Miguel de Santa Marta / Foto: archivo PanoramaCultural.com.co

Tras el declive propiciado en el siglo XVII, Santa Marta inicia el siglo XVIII en un completo atraso económico y urbano. La piratería disminuye con el ascenso de los borbones al trono español y Francia ahora es una aliada.

Las políticas internacionales contribuyen a períodos de tranquilidad, aunque Inglaterra queda como la máxima enemiga; este siglo representa el máximo desafío por derrumbar el imperio español de sus territorios de ultramar.

En este se refuerzan las siguientes problemáticas:

-Incomunicación entre las poblaciones de la provincia convulsionada por los Chimilas, que impedían la circulación de frutos y personas en doble vía.

-Falta de personal para fomentar la agricultura y dinamizar el comercio, sólo el contrabando de géneros extranjeros a cambio de palo del Brasil estimulaba la actividad económica.

La guerra anglo-hispana: alternativa para un posible desarrollo

Santa Marta aspiraba a convertirse en plaza activa de guerra para acceder a las inversiones básicas para su desarrollo y reactivar la actividad portuaria. Fue negada una propuesta de fortificar la ciudad de su gobernador Gregorio de Rosales Troncoso en 1761, para impedir que cayera en manos de los ingleses y pusiera en peligro la seguridad de Cartagena en aquellos tiempos "Llave del Reino" y estandarte orgulloso del poderío español ante el fracaso del inglés Edward Vernon en 1741. El ingeniero militar Antonio de Arévalo truncó sus aspiraciones al dictaminar que ".....se evidencia que ni la razón de puerto, ni la situación del comercio obligan a que Santa Marta sea plaza de guerra, no debe protegerse por no responder a los gastos que origina".

La ciudad no tenía actividad comercial que contrastaba con las posibilidades de desarrollo económico y portuario, debatiéndose entre la corrupción y el comercio ilícito.

A mediados de la segunda mitad del siglo, se revaloriza su potencial natural con alternativas en función de su economía, la bahía es resguardada por fortalezas aparentemente respetables para este propósito. Desafortunadamente los futuros acontecimientos políticos internos dieron al traste con esa ilusión.

La recuperación de Santa Marta durante los reinados de Carlos III y Carlos IV

A principios de este siglo, la ciudad comienza a consolidarse urbanísticamente, desde la plaza de armas se desprenden calles y callejones que nombran de acuerdo a un hito.

La pobreza arquitectónica, reflejo de su pobreza económica, persiste con inmuebles de un piso de mala calidad constructiva de ladrillo, barro y teja.

En la segunda mitad del siglo XVIII, la ciudad vive un cambio cuando la monarquía española vuelve sus ojos hacia ella, los monarcas Carlos III y Carlos IV contribuyeron a un efímero desarrollo urbano basado en la política tributaria y representado en obras religiosas como la Catedral, el Real Seminario Conciliar y el cementerio; además obras defensivas como los refuerzos de los fuertes de San Fernando, San Antonio e isla del Morro, lo mismo que la construcción del Cuartel de Infantería Fija Veterana.

Las fiestas reales y religiosas: un escape en medio de las dificultades

Las festividades religiosas eran una devoción en el pueblo samario, a su vez se constituían en una entretención: Corpus Christi, Santa Ana, Santa Marta y la Inmaculada Concepción.

La monarquía española ordenaba por medio de cédula real los festejos en todas las colonias americanas, algún acontecimiento al seno de la familia real como: el nacimiento de un heredero, el cumpleaños del monarca, el matrimonio de un miembro de la realeza o la victoria de los ejércitos españoles en Flandes era motivo para el regocijo, gozando el pueblo con toros y comedias en la plaza Mayor.

Para estas ocasiones se ordenaba iluminar la ciudad, se recogía los cardones secos tan abundantes en los cerros circundantes, cuyo corazón es flexible y arde como una antorcha; igualmente se extraía la medula de la semilla del corozo para sacar aceite que servía para alumbrarse.

Santa Marta en el siglo XIX

La lucha contra el comercio ilícito, el orden fiscal y los lineamientos económicos impuestos por los borbones en el siglo anterior permitieron un breve progreso de la ciudad, interrumpido bruscamente por las primeras manifestaciones libertarias. Santa Marta asume su rol de ciudad realista a pesar de la histórica indiferencia de la monarquía, aunque gozaba de su reivindicación en esos momentos.

Con el boicoteo español al puerto patriota de Cartagena, Santa Marta adquiere un corto apogeo portuario. A principios de siglo se constituye en la escala del contrabando en la ruta clandestina entre las Antillas y las provincias internas del territorio colombiano.

Expulsadas las últimas autoridades españolas esta nueva nación se abre al mundo europeo en especial a Inglaterra, comienzan los contactos diplomáticos y las ciudades ubicadas en el litoral como Santa Marta, se convierten en el puente de los nuevos mercados.

El puerto de Santa Marta en los nuevos mercados: puente transculturizador de la sociedad samaria

Buques, bergantines y goletas provenientes de Kingston (Jamaica), Nueva York (EEUU), Le Havre y Liverpool (Inglaterra), llegan al puerto samario repletos de variadas mercancías, licores y porcelanas; a su regreso cargaban sal, cueros, frutas etc.

La sub-utilización del puerto y la abolición de la esclavitud: fuerte depresión económica

La abolición de la esclavitud en 1851, afectó la producción agrícola en especial los extensos cafetales de Minca y los cañaduzales de la Florida de San Pedro Alejandrino por no haber brazos para recoger los frutos, ambas propiedades de Joaquín de Mier.

Promediando el siglo declararon puerto libre a Sabanilla (Atlántico) afectando el movimiento portuario en Santa Marta, agravado con la construcción de la Aduana de Barranquilla que la condujo rumbo a una fuerte depresión económica. Santa Marta vive el fenómeno de migración de varias familias de comerciantes samarios hacia Barranquilla como los Abello, Vengoechea, Noguera, González, De Mier, Obregón, Salcedo, Dávila, DíazGranados, etc.

El terremoto de 1834, la depresión económica y las revoluciones políticas, cerraban el angustioso círculo de la economía de la ciudad. No había fomento agrícola, ni industrias pecuniarias, ni fabriles. Los pocos samarios que tenían un empleo trabajaban en las oficinas del Estado; otros pescando, cortando leña o en oficios artesanales.

Los samarios ven en la construcción del ferrocarril su panacea, piensan que saliendo al río Magdalena vía El Banco podrían equiparar el comercio de Barranquilla. Manuel Julián de Mier emprende en 1881 este quijotesco proyecto que en el siglo siguiente sería de gran utilidad.

Las guerras internas y los desastres naturales: un retroceso en su imagen urbana

Durante este siglo Santa Marta fue golpeada por las guerras y los desastres naturales, estos incidentes no dejaron desarrollar la ciudad, poca atractiva para los viajeros de este siglo.

Un numeroso grupo de indígenas al mando del español Vicente Pujals -que se resistía al cambio político-, se toma a Santa Marta a nombre de la monarquía española. Hubo saqueo y destrucción excepto la aduana y el depósito de un comerciante extranjero.

Un terremoto en 1834 derriba decenas de casas y agrieta la cúpula de la Catedral. Las precarias condiciones económicas de los samarios tardan casi medio siglo para recuperar su imagen urbana.

Las revoluciones políticas del país en 1860, y entre 1873 y 1879 tienen como teatro bélico las calles de Santa Marta, la Catedral y algunas casas son blanco de estos combates.

La inundación del río Manzanares en 1894, llamado como el ciclón del 94, averío la obra del ferrocarril y algunas casas, hubo una seria emergencia afortunadamente sin víctimas.

La aparición de la vía férrea en las afueras de la ciudad se convirtió con el paso del tiempo en el límite de su perímetro urbano, trastocando morfología urbana.

La pausada cotidianidad de Santa Marta: cuatro tradicionales actividades

Hasta hace un siglo, el río Manzanares era la fuente hídrica abastecedora de la ciudad, la cercanía del río a la ciudad determinó que el aljibe o cisterna no fuera indispensable en la mayoría de las viviendas. El baño matinal se constituía en la primera actividad general de los samarios, por los senderos de veían desfilar la gente a pie o en bestias directo al río, cabezas de rizados cabellos portaban enormes tinajas de barro cocido con el preciado líquido. Igualmente, los aguadores recorrían las polvorientas calles vendiendo agua en sus carretas o bestias que cargaban los barriles. Por otra parte, las mujeres aprovechaban el mediodía para realizar sus actividades de lavandería.

La segunda actividad era el mercado entre las cinco y nueve de la mañana, era el espacio y tiempo para el chismorreo entre saludos y compras. Al calentar el sol las calles quedaban desanimadas.

Seguía la siesta después del almuerzo sobre una hamaca que se colgaba en los zaguanes y patios sombreados de las viviendas, era cuando la ciudad hacia una pausa que hasta disgusto generó en las tripulaciones que se cansaban de hacer señas pidiendo autorización para entrar al puerto samario. Nadie se movía y los frustrados navegantes seguían su rumbo a otro puerto cercano como Sabanilla o Riohacha.

Al final de la tarde se recibían las visitas, los samarios aprovechaban para exponer su vocación literaria o musical; también se paseaba por la playa.

Santa Marta en el siglo XX

Las esperanzas del renacimiento económico estuvieron sentadas en el ferrocarril, pero las dificultades financieras impidieron concluir el proyecto que llegó hasta Ciénaga. Surge la idea de sembrar banano en las zonas aledañas a esa población y el ferrocarril es vital para sacar la fruta, llevándola hasta el puerto de Santa Marta para cargarla en buques con destino a los Estados Unidos.

La actividad económica entorno al banano atrajo la inversión extranjera, empresas norteamericanas como la Sander de New Orleáns, Colombian Land y United Fuit Company impulsaron la exportación del producto agrícola, esta última monopolizó el comercio hasta 1966, año de su retiro.

Santa Marta gozó de una prosperidad económica y todo lo que representaba la influencia norteamericana en multitudes de aspectos. Los conflictos laborales, la sigatoca y la segunda guerra mundial golpearon duramente el negocio llevándolo a la crisis con esto el puerto de Santa Marta experimenta un descenso en su movimiento.

La industria turística: ilusión a largo plazo

El turismo surge como una actividad redentora ante la posibilidad de explotar el potencial natural del Parque Tairona y la Sierra Nevada de Santa Marta, alternativas aplazadas por la falta de iniciativas y consensos.

El desarrollo del balneario El Rodadero en la década de los 60´s vislumbró el turismo como una industria promisoria de gran empuje. La construcción de edificios de propiedad horizontal generó la para-hotelería y la infraestructura de sus servicios públicos han quedado obsoleta con la gran demanda constructiva de finales de siglo.

En el último cuarto de este siglo aparece el tráfico ilícito de la marihuana con los clanes familiares provenientes del departamento de la Guajira, ocasionando una alteración social, económica y cultural de la sociedad samaria.

Paralelo a las vendetas entre narcotraficantes, Santa Marta experimenta unos años de terror con el enfrentamiento armado de dos familias guajiras. La bonanza de la marihuana construye una cultura ajena y peligrosa.

La vía férrea: el perímetro de la ciudad y su alteración morfológica

A principios de siglo la construcción de la vía férrea se convierte en el borde del centro de la ciudad hacia el Este.

No obstante, una década después se evidencia su desborde hacia el norte con el Barrio Olaya Herrera para el personal que laboraba en los muelles. Al Sur, el Barrio El Prado con todas las comodidades de una comunidad autosuficiente (clínica, canchas de golf, hospital, cooperativas, viviendas, etc.), construido para el personal norteamericano.

El puerto y el ferrocarril fueron consolidando una zona de tolerancia hacia el Norte de la ciudad con bares y casas de lenocinio, este fenómeno originó el desplazamiento de muchas familias tradicionalmente residentes en el centro hacia otros puntos de la ciudad. La calle de las Piedras fue famosa por la gran cantidad de burdeles prestos a satisfacer las necesidades de las tripulaciones de los vapores anclados en el puerto.

A mediados de siglo comienza la degradación arquitectónica del centro histórico, muchos caserones coloniales caen ante el afán del mal llamado progreso, en especial con la arquitectura bancaria. El uso comercial exige nuevos patrones de fachadas que obliga la deformación de fachadas originales.

En la actualidad, el Centro Histórico se ve asfixiado por la gran congestión del tráfico automotor y la proliferación de ventas estacionarias sobre el espacio público. Se ha iniciado un proceso de recuperación integral con el relleno de la playa, la construcción de espolones en el mar y la intervención al Camellón, cuyos resultados son a mediano plazo.

 

Álvaro Ospino Valiente

Santa Marta | Arquitecto y urbanista

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ La historia de la ciudad de Santa Marta: del siglo XVIII a nuestros días ”, de Álvaro Ospino Valiente, corresponde a la segunda parte de un ensayo titulado “Breves anotaciones sobre la historia de la ciudad de Santa Marta (Colombia)” del mismo autor, publicado anteriormente en Monografías. La primera parte puede leerse en este enlace.

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