Historia

Piratería en el mar Caribe: inicio y contexto

Milton Zambrano Pérez

23/10/2020 - 05:10

 

Piratería en el mar Caribe: inicio y contexto

El comercio ilícito y las actividades de los piratas estaban íntimamente correlacionadas; en ciertos casos es muy difícil establecer una separación tajante entre piratas y contrabandistas, porque los primeros solían hacer contrabando con las colonias ibéricas; además, sus rutas a menudo coincidían. Las potencias europeas utilizaron ambas modalidades para atacar el control español sobre el Mar Caribe, lo que dificulta aún más su análisis desagregado. Los grandes corsarios que cruzaron el Caribe eran también contrabandistas, en muchas ocasiones por necesidad.

En el Caribe se produjo un tipo de contrabando que reproducía parte de las prácticas ilegales aplicadas en España y las Canarias. Era una especie de comercio “semilegal” que se desprendía del monopolio basado en la Carrera de Indias. Pero otra clase de comercio ilícito se efectuó con los extranjeros, sobre todo con los franceses, ingleses y holandeses. A medida que el sistema de flotas incrementó su irregularidad (en parte por la presión de los piratas y corsarios) y su ineficacia, el contrabando se hacía más dominante.

Para frenar el comercio ilegal fueron insuficientes las medidas impuestas por la Corona. Por ejemplo, una Real Cédula del 6 de junio del 1556, con destino a los funcionarios de las Indias, disponía graves penas para quienes comerciaran con los extranjeros. Se penalizaba con la pérdida de la vida o de los bienes a todos los que hicieran tratos y contratos con extranjeros, a los que cambiaran o rescataran oro, plata, piedras, frutos o cualquier otra “mercaduría” con ellos, o les comprara o rescatara las “presas” que hubieran hecho, o les vendieran provisiones, armas, municiones o pertrechos. Con la cédula se pretendía potenciar el monopolio comercial, con penas que disuadieran a los contrabandistas. Según creían los gobernantes españoles, los franceses y luego los ingleses verían así restringidas sus posibilidades de hacer negocios por la vía ilegal. Pero ninguna norma logró frenar el ímpetu de los contrabandistas.

 Sólo hasta la segunda mitad del siglo XVI fue que los ingleses se aventuraron a atravesar de manera más periódica el Atlántico, empujados por la reducción de sus “tradicionales exportaciones de paños” y por la “envidia de la riqueza comercial de España”. Los ingleses compartían motivaciones similares a las de los españoles y portugueses, es decir, venían a la búsqueda de nuevos mercados y de sitios donde fundar colonias, empujados también por las rivalidades políticas y religiosas europeas. Las aspiraciones nacionales de encontrar riquezas, nuevos mercados y territorios ultramarinos, fueron robustecidos por la “centralización del poder en Inglaterra” y por el desarrollo del protestantismo. La urgencia de zonas de pesca, la demanda en expansión de bienes americanos como el azúcar, el cacao, el tabaco y los colorantes, crearon la necesidad de venir a América.

La experiencia en la navegación transoceánica se pondría al servicio de los expedicionarios que vendrían al Nuevo Mundo, entre ellos los puritanos, los católicos y los cuáqueros que llegaron a raíz de la persecución por causas religiosas o de otro tipo o que añoraban controlar grandes territorios en América como señores de la tierra. Así mismo, la mayoría de expedicionarios eran protestantes que no ocultaban su rabia por los maltratos a sus correligionarios por parte de la Inquisición española. La rivalidad política entre España e Inglaterra (en cabeza de sus monarcas Felipe II e Isabel I), que explotó en 1585, dio un nuevo motivo a los ingleses para aventurarse en el Caribe. Otro aspecto a tener en cuenta es que, para el marino promedio, los viajes eran una salida para librarse de la pobreza, del desempleo en una sociedad superpoblada y hasta de los conflictos de la vida intrafamiliar. Pero el deseo de riqueza, de fama, de tierras y honores motivó siempre a los más avezados. La promesa de “ricos botines” fue siempre más fuerte que el interés por servir a la armada real en la mente de los “revoltosos y pendencieros” marinos.

Isabel I subió al trono en 1558. Las visitas de los “mercaderes” y marinos ingleses se hicieron más frecuentes a partir de los años sesenta, pues antes de eso el matrimonio de Felipe II con María Tudor para defender el catolicismo y en contra de Francia, había mejorado las relaciones entre los dos países. La guerra contra los franceses incrementó el corso proveniente de este país, hasta cuando se firmó en 1559 el tratado de Cateua-Cambrésis, que le bajó un poco el voltaje a las hostilidades, al menos en apariencia (de hecho, antes y después de esa fecha los corsarios franceses siguieron hostigando los puertos españoles: Jacques de Sore incendió Santa Marta y tomó La Habana en 1555; Esta última acción les granjearía fama de “luteranos” a todos los piratas; en 1559 Martín Cote tomó a Santa Marta y en el sesenta entró victorioso a Cartagena. El asedio francés obligó a los españoles a organizar de manera definitiva el sistema de flotas en 1561).

La muerte de María Tudor abrió un periodo durante el cual los ingleses irrespetaron de modo muy claro el monopolio español en América. Este es el escenario en el cual empezó a actuar John Hawkins, contando con el apoyo de los medios financieros y comerciales de los puertos del sudoeste y de la capital inglesa. Estos formaban dos grupos principales: los propietarios de barcos y los integrantes de las Junta Naval (entre los cuales estaba el suegro de Hawkins, William Winter, como tesorero e inspector de la marina real; además, había personajes con influencia y capitales, como Sir Thomas Lodge, alcalde londinense en 1573). A Hawkins lo unía con los dos grupos el negocio del oro en las costas de Guinea y, en general, el comercio con África desde la época de su padre, William, bajo el reinado de Enrique VIII. Hawkins consideró rentable negociar negros y otras mercancías prohibidas en el Caribe, a pesar de los riesgos y de los costos. Este es el trasfondo de sus empresas de 1562- 1563.

 

Milton Zambrano Pérez

Acerca de esta publicación: El artículo “ Piratería en el mar Caribe: inicio y contexto ”, de Milton Zambrano Pérez, corresponde a un capítulo extraído de un ensayo titulado “Piratas, piratería y comercio ilícito en el Caribe: la visión del otro (1550-1650)” del mismo autor, y publicado anteriormente en la revista académica Historia Caribe.

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