Historia

Francis Drake: el pirata condecorado y la guerra de Reino Unido en el Caribe

Milton Zambrano Pérez

26/01/2021 - 05:30

 

Francis Drake: el pirata condecorado y la guerra de Reino Unido en el Caribe
El famoso pirata Francis Drake / Foto: ABC.es

 

Francis Drake contrabandeó en el Caribe antes de ser reconocido por los españoles como un feroz pirata. El 24 de mayo de 1572 salió de Plymouth con una expedición financiada por la familia Hawkins, pues él no contaba con los recursos necesarios. Planeó apoderarse de la plata peruana, esperando a los galeones en Nombre de Dios. Drake atacó sin éxito esta plaza, donde fue herido en una pierna. Luego hostigó naves españolas en las costas de Tierra Firme, entre Cartagena y Santa Marta, y hasta en Curazao. En septiembre se atrevió a subir por el río Magdalena (el más importante de Colombia) en busca de alimentos. Regresó a Plymouth el 9 de agosto de 1573 con un botín de cincuenta mil pesos, que le sirvió para pagar gastos y lograr un pequeño beneficio. Este fondo resultó de un asalto a una recua de mulas que llegaba a Nombre de Dios con una carga de plata; para lograr este pequeño botín se había aliado, el 29 de abril, con el capitán hugonote francés Guillaume le Testu.

Las incursiones de Drake hacen parte de un periodo de saqueo y piratería que representó en la práctica una guerra de represalia. La intención no era tanto el comercio como el ataque. Sin embargo, sus primeras expediciones no formaban parte de una política nacional antiespañola, pues eran, más que todo, empresas individuales movidas por la venganza y el deseo de fama. El Tratado de Bristol, firmado entre ingleses y españoles en 1573, trajo consigo un tiempo de relativa paz, mediada por la indemnización mutua de las pérdidas por los contendientes; Éste duró muy poco.

Es común que, en los documentos españoles referidos a la intromisión de extranjeros en el Caribe, se les califique a todos de piratas. En relación con el Drake de los años 70 éste adjetivo está bien utilizado, pues la reina nunca le entregó una patente, aunque miraba para otra parte ante los actos de piratería realizados lejos de sus costas. A éste lobo de mar lo apodaban sus enemigos el Dragón de los Mares, ya que no respetaba ni la propiedad ni la vida de sus víctimas, debido a su estrategia de venganza por la derrota de San Juan de Ulúa.

Los ataques de Drake en el Caribe se podrían considerar como el primer acto de la guerra marítima entre ingleses y españoles; sirvieron para que España dejara a un lado una posible política de conciliación, lo cual trajo como consecuencia la creación de una Armada Invencible, para intentar acabar con la marina real inglesa y para darle protección a sus rutas con América.

Drake regresó a las aguas americanas en 1585. En abril de 1581, la reina lo había convertido en caballero después de darle la vuelta al globo terráqueo (los historiadores españoles dudan que haya sido el primero, como alegan los ingleses; sostienen que una expedición al mando de Magallanes y Elcano había logrado inicialmente la hazaña).

El regreso de sir Francis Drake tenía como objetivo central navegar en “corso” para apoderarse del mayor número de presas y de ser posible, organizar una base provisional en el Caribe, desde la cual llevar a cabo asaltos contra naves y puertos españoles. La flota fue la más fuerte que hasta el momento llegara al caribe: veinticinco navíos, más ocho pinazas y dos mil trescientos hombres. Dos naves eran de la armada real (la Elizabeth Bonaventure, de seiscientas toneladas, y el Aid, de doscientas a doscientas cincuenta); la almiranta Primrose (de trescientas a cuatrocientas toneladas), el Galleon Leicester (de cuatrocientas toneladas) y el Galiot Duck (a cargo de Richard Hawkins, hijo de John) se destacaban también. Las otras naves eran en su mayoría buques mercantes de Londres, Plymouth y Bristol, de entre setenta a doscientas toneladas. Se trataba de una empresa enorme. La expedición se estructuró como una sociedad anónima, en la cual la Corona también fungía como accionista. Sus socios fueron mercaderes aventureros, cortesanos, personas de alcurnia y terratenientes; es decir, gente con recursos para costear una aventura que no se podía financiar con recursos estatales.

Se calculó una inversión total de sesenta mil libras, incluidas diez mil de la reina, cuyas embarcaciones fueron avaluadas en otras diez mil libras, para elevar la proporción de sus beneficios. Se suponía que los ataques a Nombre de Dios y a Panamá producirían un botín de setecientas mil libras, o sea, dos millones seiscientos diez mil ducados. Pero económicamente la incursión fue un fiasco: un botín de sólo sesenta mil libras dejaba pérdidas a los inversores de hasta un 25%, sin contar los setecientos cincuenta muertos provocados por las fiebres y otras enfermedades. Pero fueron muy significativas sus victorias en Santo Domingo y Cartagena. La reacción española se concretó en el mejoramiento en el sistema de fuertes y de las defensas marítimas.

Los viajes de Hawkins, Drake y otros marinos desde 1585 representaron el primer gran periodo de las incursiones inglesas transatlánticas dirigidas por los grupos comerciales y marítimos, con el objetivo del enriquecimiento en el Caribe y de la desestabilización de España. A principios del siglo XVII se observa un cambio, porque antes que expediciones agresivas se buscaba los bienes primarios para satisfacer su propia demanda o la de otras regiones europeas y vender sus mercancías en el Mare Abiertum. En oportunidades anteriores, observamos el uso de corsarios y piratas para llevar a cabo el contrabando, siendo los financiadores los miembros de la elite inglesa, principalmente los grandes mercaderes. No puede olvidarse que ellos dependían del azúcar, los cueros y otros productos que llegaban en las naves corsarias. Esto prueba lo planteado anteriormente, en el sentido de que no era fácil distinguir entre contrabandistas y piratas o corsarios.

El cambio de la práctica del corso abierta y de la política militar agresiva a las expediciones “pacíficas” de contrabando, quizás tuvo que ver con el éxito comercial de los competidores franceses y holandeses y con los altos costos que implicaba armar las naves de guerra. Obviamente, muchos contrabandistas no abandonaron la antigua práctica de asaltar y saquear, como sucedió con Simón Boreman en 1601, quien asoló las costas de Cumaná mientras contrabandeaba, o con Christopher Cleeve en 1603, quien tomó Santiago de Cuba y atacó Jamaica, a la vez que obtenía cueros y tabaco de contrabando para los grandes comerciantes británicos.

 

Milton Zambrano Pérez

Acerca de esta publicación: El artículo “ Francis Drake: el pirata condecorado y su guerra en el Caribe ”, de Milton Zambrano Pérez, corresponde a un  extracto del ensayo titulado “Piratas, piratería y comercio ilícito en el Caribe: la visión del otro (1550-1650)” del mismo autor, y publicado anteriormente en la revista académica Historia Caribe.

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