Literatura

Música para bandidos o la historia menos conocida de Cartagena de Indias

Johari Gautier Carmona

05/10/2020 - 04:55

 

Música para bandidos o la historia menos conocida de Cartagena de Indias
La portada de "Música para bandidos" junto a su autor Uriel Cassiani

Para entender la historia de América, de sus vacíos, sus contradicciones e incoherencias, pero también de sus talentos y virtudes, sus mezclas culturales y su conexión con la tierra africana, hay que leer novelas. Sin ellas, todo quedaría restringido al relato acartonado e injusto de las voces oficiales y académicas.

En la ciudad de Piedra, que nos presenta el poeta y columnista Uriel Cassiani en su novela “Música para bandidos” (Ediciones Pluma de Mompox, 2019), el sueño convive con la más grande resignación. No es una tierra para cualquiera. Hay que ser fuerte y entender que la muerte puede estar al lado de casa y también tocar a la puerta.

Esta tierra de extremos recoge las facetas menos conocidas de la moderna y caribeña Cartagena de Indias de los años 80-90, un espejo fiel e impetuoso, un lugar tan hermoso como cruel e inhóspito, tan ambicioso como deleznable con los suyos, es decir aquellos que todo lo dieron por su gloria: sus trabajadores y ciudadanos de ascendencia africana, seres que desde antes de la independencia viven en los márgenes de la ciudad o proceden de un palenque que les hizo creer en la libertad.

En sus adentros, se encuentran Farolo, Villano y Bacano, jóvenes que, al igual que muchos otros, crecieron con ganas de superarse, de asombrarse a sí mismos y también de ganarse el respeto de los demás. Ese sueño se expresa primero con la música o el deporte, pero también con la violencia. La violencia campea por todas partes, es el denominador común, marca el día a día, y divide barrios y casas.

En ese contexto, las ilusiones se pierden y los sueños se degeneran. De querer triunfar en una banda musical que emula los triunfos de Joe Arroyo, los jóvenes abandonan los estudios y se ven atrapados por el bandidismo callejero, y las riñas con piedras y machetes. Los modelos de la ciudad de piedra no se fundan en bellos ejemplos académicos y grandes puestos de trabajo en empresas internacionales, todo lo contrario: aquí el éxito es una resistencia diaria que toma el aspecto de robos, atracos, consumo y reventa de estupefacientes.

Provisto de un estilo y ritmo desgarrador, y al igual que los mejores boxeadores colombianos de la época, Uriel Cassiani construye y deconstruye –como gran poeta que es– los mitos de una ciudad de carne y hueso, con imágenes impactantes llenas de magia, misterio y esperpento. Padres e hijos esperan un mejor futuro, piden ayuda al Dios de todas las fortunas, y conviven con la pesadilla de la miseria y la muerte repentina. Funcionarios de la alcaldía aparecen por casualidad, al ritmo de las elecciones y con ganas de cambiarlo todo, pero desconectados de la realidad y con remedios tan ineficaces como encuestas interminables.   

No es casualidad que KId Pambelé aparezca en estas líneas. Es el vivo reflejo del hombre de la Ciudad de Piedra que se supera, que acaba con sus fantasmas, pero que, ya vencidos, cae de nuevo en ellos sin poder levantarse. La superación en las urbes marginadas de América Latina es un gran fantasma que te acorrala y siempre está el dilema de cómo superarse sin romperse.

¿Y la música?, preguntarán los que desde el principio se quedaron con el título de la novela. “Música para bandidos” es un sabroso paseo por la música que mueve a las poblaciones de la Cartagena ochentera. Uriel Cassiani, además de historiador de las barriadas más marginadas, también actúa como un DJ apasionado y enfebrecido, un picotero auténtico, que difunde y comparte los temas más calientes de una tierra que se mueve al sonido de la salsa, la champeta, el Reggae y el soukouss africano (y, de vez en cuando, algunos vallenatos). Desde el queridísimo y ejemplo de éxito Joe Arroyo hasta los internacionales e intocables Rubén Blades y Héctor Lavoe, pasando por los hermanos de las Antillas y de África, Bob Marley, Fela Kuti, Miriam Makeba, Diblo Dibala. Uriel se asegura que las tonalidades cálidas del África más amplia (la que abarca también el gran Caribe) irradien las líneas de este relato.    

En definitiva, “Música para bandidos” es una gran estampa de tiempos no-tan-lejanos en los que la violencia se mezcla explosivamente con la defensa del honor –recordemos ese gran lema que atraviesa de par en par la novela: “La sangre debe lavarse con sangre”–, los narcóticos y un contexto social de máxima pobreza.

Conocíamos al Uriel Cassiani poeta y el columnista más afilado, pero ahora tenemos al novelista de la ciudad de Cartagena más auténtica, más viva y real. Con él comprobamos que no hay una sola Cartagena, son dos (o quizás muchas más), y, justamente por eso, interesa tanto conocer cuánto de lo que describe el autor en su libro pervive a la fecha de hoy. Eso es lo que el lector podrá comprobar.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

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