Pensamiento

Bolsonaro en Brasil: ¿El fascismo que viene?

Antonio Ureña García

29/11/2018 - 05:10

 

Bolsonaro en Brasil: ¿El fascismo que viene?
El recién electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro / Foto: Infobae

Un mes después de la victoria del ultraderechista Bolsonaro en las elecciones brasileñas celebradas el pasado 28 de octubre y ya repuestos del choque causado por la misma, nos llega la noticia del procesamiento por corrupción de los exmandatarios Lula da Silva y Dilma Roussell.

Como analizaremos al final del presente artículo y en opinión de muchos analistas, los juicios contra ambos expresidentes no han sido otra cosa que maniobras orquestadas para sacarles del poder. Cabría entonces preguntarse: ¿Es esta imputación un nuevo montaje relacionado con el giro a la derecha del país carioca?

Es pronto para decirlo; sin embargo, no lo es tanto para intentar comprender las causas de ese triunfo. Así, hemos de señalar que, tanto el encumbramiento del personaje como su victoria sobre el Partido de los Trabajadores (PT), debe enmarcarse desde varias perspectivas a las que hemos dedicado nuestra atención en esta columna. En primer lugar, es necesario contemplar dicho acontecimiento a la luz de lo que denominamos “Nacionalismo excluyente”.

Como dice Eleonora Gosman (Clarín, 02-09-2018): “Brasil venía desde comienzos de los años 90 y hasta el 2014 de un proceso de crecimiento económico continuo, apenas interrumpido por la crisis internacional de 2008. Según datos de la FAO -Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura”; por sus siglas en inglés: Food and Agriculture Organization-, este país consiguió en poco más de una década reducir la mortalidad infantil en un 45%; disminuir el número de personas desnutridas en un 82%, así como la pobreza del 22% al 8% y, dentro de la misma, la pobreza extrema del 14% al 3,5%. Sin embargo, en 2015 se inaugura, según la mencionada autora, el peor período del país en 100 años, con una deuda pública acumulada correspondiente al 77% del PIB.

En nuestro citado artículo afirmábamos cómo la globalización de la economía está dibujando un escenario creciente de desigualdad, inequidad y miseria, las cuales se han cebado con el gigante latinoamericano, sirviendo entonces de caldo de cultivo y resonador al discurso ultranacionalista de Bolsonaro, quien se ha visto aupado al triunfo, además, por el apoyo de la Iglesia Evangélica –la mayoritaria en el país- cuyos adeptos se han inclinado, según las encuestas, en un 68% a favor del candidato. Ello explicaría su victoria, no sólo en las zonas más ricas del país, sino también en las pobres.

También sería necesario analizar la victoria de Bolsonaro a la luz de la Nueva era que dio comienzo con la victoria del Trump. Como explicábamos en nuestro artículo sobre el tema publicado en esta columna y citando las palabras de Silvina Pasani (La Nación, 09-11-17): dicha victoria se explica como consecuencia de la digestión de un cóctel pesado: sociedad fracturada, polarización y desencanto. Ingredientes que también podemos encontrar en Brasil.

Para denominar esta nueva era, en Latinoamérica suele utilizarse el concepto fin del posneoliberalismo, que sería -como explica el sociólogo y politólogo brasileño Emir Sader (Posneoliberalismo en América Latina, 2008)- un movimiento de reacción frente al crecimiento de la desigualdad y la pobreza consecuencia de la hegemonía neoliberal. En esta reacción antineoliberal hay que situar la primera y sucesivas victorias del Partido de los Trabajadores, capitaneado inicialmente por Lula da Silva; por Dilma Rousseff, después.

Volviendo al presente y pese a este citado fin del posneoliberalismo: ¿Cómo se explica esta derrota electoral del Partido que logró el mayor éxito internacional en la lucha contra el hambre y la pobreza? La explicación no es sencilla pero, además de lo citado, no hay que despreciar el castigo de los votantes a la corrupción política que ha asolado al PT y supuesto la cárcel y la destitución, respectivamente, a los dos mandatarios y ahora su procesamiento como integrantes de una organización delictiva destinada al efecto.

Señalábamos al comienzo la necesidad de analizar si han tenido juicios justos o, por el contrario, los mismos han sido maniobras para acabar con ellos, siendo calificados dichos procesos judiciales como “Golpes de Estado”. Según muchos analistas, Rousseff fue destituida a raíz de acusaciones menores: tomar dinero prestado de un banco propiedad del Estado para ocultar un déficit presupuestario; lo cual es ilegal, pero no un delito penal. Lula fue condenado a 12 años y un mes de prisión en segunda instancia por supuesta corrupción al haber recibido un apartamento como pago de la constructora brasileña OAS a supuestos favores políticos. Sin embargo, para  multitud de analistas, las pruebas que le incriminaban no eran lo suficientemente sólidas.

Este castigo a la corrupción también ha supuesto la ruptura del hasta ahora bipartidismo tradicional, llevándose por delante al otro de los partidos que lo formaba el junto al PT: nos referimos al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Partido de centro derecha cuyos votos han ido a parar al Partido Social Liberal del ultraderechista Bolsonaro.

Podríamos añadir también uno de los factores constitutivos de la realidad latinoamericana: la violencia. Este excapitán de las Fuerzas Armadas promete mano dura contra la violencia, siendo algunas de las medidas propuestas: liberalizar el porte de armas a la ciudadanía; facultar a los policías para que en el ejercicio de su actividad profesional resulten protegidos por el sistema jurídico con una suerte de inmunidad, lo que se ha conocido como “licencia para matar”; o la creación de escuelas militarizadas, al menos una por ciudad. Estas medidas corresponden a una nueva forma de populismo, réplica de neopopulistas de años anteriores cuyos más genuinos representantes serían: Chávez, Correa y Morales. Pese a las diferencias en el discurso, se mantiene el mismo tono belicoso. De la misma forma que sus antecesores, Bolsonaro se presenta como el único capaz de resolver los problemas de su sociedad. Recordemos que caudillismo y populismo son dos constantes en la historia de Latinoamérica y ambas facetas van de la mano en este controvertido personaje que, no por casualidad, era denominado por sus seguidores de la Iglesia Evangélica como “El soldado de Dios”. Un mesianismo que lo enlaza con populistas y caudillos a quienes nos referíamos en líneas anteriores.

La victoria del ultraderechista Bolsonaro supone la consolidación de una nueva era en Latinoamérica, el citado fin del posneolibralismo, a la vez que nos recuerda bastante al auge los partidos neofascistas europeos: de aquí el título que encabeza este escrito. ¿Nos encontramos ante el inicio de una etapa neofascista en Latinoamérica? El tiempo nos dará la respuesta y esperemos que la misma sea negativa.

 

Dr. Antonio Ureña García

Sobre el autor

Antonio Ureña García

Antonio Ureña García

Contrapunteo cultural

Antonio Ureña García (Madrid, España). Doctor (PHD) en Filosofía y Ciencias de la Educación; Licenciado en Historia y Profesor de Música. Como Investigador en Ciencias Sociales es especialista en Latinoamérica, región donde ha realizado diversos trabajos de investigación así como actividades de Cooperación para el Desarrollo, siendo distinguido por este motivo con la Orden General José Antonio Páez en su Primera Categoría (Venezuela). En su columna “Contrapunteo Cultural” persigue hacer una reflexión sobre la cultura y la sociedad latinoamericanas desde una perspectiva antropológica.

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