Cómo ser un latin lover: otra cine-fórmula para el público latino

Cine

Natalia Fernández

05/07/2017 - 06:45

 

 

Después del efecto “No se aceptan devoluciones” (2013), no es fácil regresar al cine con algo revolucionario. Ni siquiera con eslóganes del estilo “La comedia más divertida del mundo”. Las expectativas son muy altas. El público exige, y sin embargo, los directores de la comedia “Cómo ser un latin lover” se atreven…

En esta ocasión, el actor Eugenio Derbez -que entró por la puerta grande a Hollywood con “No se aceptan devoluciones”, y donde ha podido consolidarse como gran actor latinoamericano, pero desde el humor y los chistes fáciles-, ofrece al publico latinoamericano del “mundo entero”, otra historia en la que se hace referencia a la inmigración, a los clichés, a las tortillas mexicanas o bailar salsa. Se abraza la idea del buen humor y la unión familiar, incluso a pesar de la adversidad, como referentes de los valores latinoamericanos.

Y ésta es la fórmula de cómo se construye cine comercial en Hollywood para el continente iberoamericano: contando ideas con el tono que antes mencionábamos y, además, reforzando la idea de una comunidad latina unida con lemas como el de “plantar cara a Trump” o reivindicar la decencia desde anécdotas sencillas.

Pero veamos la historia: Máximo (Derbez), el protagonista de Cómo ser un latin lover, es un gigoló que vive de una viejecita que se ligó en sus años mozos. Pero después de 25 años de casado, ha entrado en una zona de confort y, enceguecido por su narcisismo, ni cuenta se da de cuando otro joven (Michael Cera), le baja a la esposa, quien lo corre de su mansión dejándolo en la calle. Ahora, Máximo tiene la misión de encontrar a una nueva esposa que lo mantenga como millonario y mientras tanto le suplica refugio a su hermana viuda, la arquitecta Sara (Salma Hayek), a quien lleva más de 10 años ignorando, que vive en un pequeño departamento con su inteligente y estudioso hijo, Hugo (Raphael Alejandro).

Su sobrino estudia en un prestigioso colegio de paga, y la niña (Mckenna Grace) que le gusta es la nieta del nuevo blanco de Máximo, Celeste (Raquel Welch), una viuda millonaria de la tercera edad. Hugo puede ser el pase de entrada para que Máximo se acerque a Celeste, así es que lo entrena para que sea un latin lover, supuestamente gane confianza en sí mismo (aunque en realidad no hace otra cosa que menospreciar e intentar esconder la esencia de su sobrino), y así logre que la nieta lo invite a su fiesta que será en la mansión de la abuela. Por supuesto que ni la madre ni el hijo están al tanto de las verdaderas intenciones de Máximo.

Los consejos que ofrece al sobrino (camina con seguridad, mantén el contacto visual), no sorprenden –viniendo de parte de un gigoló-, aunque el mensaje de que “a las mujeres les encanta que les digas qué hacer porque no saben lo que quieren” no es el adecuado para una comedia que cae en las exageraciones y muy pocas luces.

Poco ritmo, pocas sorpresas, poco ingenio en el guion, Derbez ha penetrado con esta comedia en el peligroso territorio del facilismo, así como lo ha hecho el actor y director Adam Sandler. Es decir, creando cine que no aporta nada. A estas alturas, poco que añadir. No pierdan su tiempo.

 

Natalia Fernández

 

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