Música y folclor

Farid Ortiz, con las pilas puestas

Redacción

21/01/2013 - 13:00

 

Farid OrtizSiempre asombra ver a cantantes con un recorrido esplendoroso, con años y décadas de logros, que, ante los elogios y los laureles, prefieren mantener un perfil sencillo y humilde. Y Farid Ortiz es uno de ellos. Un hombre que, pese a ser uno de los representantes más queridos del Vallenato en Colombia, trata de mantener los pies bien pegados a la tierra y disfrutar de la cercanía de la gente.

En la presentación de su nuevo disco “Ponte las pilas” en Valledupar, Farid Ortiz llegó con algo de atraso pero con esa sonrisa que lo perdona todo. Vestido con unos colores cálidos que reflejan también su temperamento abierto y alegre, el cantante saludó a su público numeroso. Lo encaró con simpatía, le dirigió varias miradas, como si tratara de reconocer algún rostro conocido, y luego se sentó en medio del set de Vallenatos Fans, al lado de su acordeonero Anuar García y de un exultante Coco Ramos.

Desde el principio, Farid Ortiz dejó muy claro como quería ser tratado. “No me llamen Maestro –expresó–. Por favor, esa palabra es para Jesucristo. ¡Llámenme Farid!”. El cantante quería integrarse al programa como uno más, sin alardes pomposos ni reverencias exageradas. Así es el “Rey de los pueblos” y así fue tratado: con toda la sencillez que se merece.

Poco a poco, es decir con cada intervención, fuimos conociendo al artista y su vida intensa y andariega, dedicada especialmente a la música. No hay pueblo que no haya visitado Farid Ortiz y, como consecuencia, no hay pueblo que no haya bailado al son de su música.

El cantante no se pone límites ni fronteras. Donde sea que lo inviten, él llega con esa voluntad de trascender el escenario y convertirlo en el centro de una fiesta inolvidable. “Yo paro en casi todos los pueblos de Colombia –explica Farid con una sonrisa–. Soy un campesino. En todas partes donde me inviten, me presento. ¡Me da igual bajarme de un avión que subirme en un burro!”.

Farid Ortiz siempre es claro y contundente. Le gustan las cosas auténticas pero, sobre todo, le gusta compartir momentos únicos con su público. Quizás sea ése el secreto de tantos años de éxito recorriendo los poblados más inesperados de la geografía. “Un artista sin público no es un artista –manifiesta Farid–. Yo, por ejemplo, no preparo temas para mis conciertos. Los escoge el público, por eso se repiten a menudo”.

Con “Ponte las pilas”, Farid Ortiz demuestra que no ha perdido un solo ápice de su creatividad y el gusto por la diversión. La prueba está en el videoclip de “El Vampiro”, uno de los temas más llamativos de esta producción musical, grabado por Fernando Andrade, y en el que predominan los detalles satíricos, mujeres de una hermosura inigualable y el ambiente festivo que lo caracteriza.

Esta producción musical ha sido todo un atrevimiento por parte del cantante. No sólo porque ha logrado adaptar un aire de merengue en ritmo Vallenato, sino porque también ha conseguido atrapar la esencia de la ranchera y hacer de ella un tema perfectamente bailable.

“El Rey de los pueblos” es un cantante que pone por delante la música antes de cualquier cosa. De tal forma que no escoge compositores, sino canciones, y su explicación es totalmente comprensible: “hay que respetar a todos”.

Cuando se le pregunta por los momentos difíciles que ha experimentado en su vida, Farid contesta con franqueza. “A mí me ha tocado lo más difícil de un ser humano –sostiene–: Primero, me dejó la mujer, y cuando uno está enamorado, es muy duro. Luego, estuve preso y eso es la humillación más grande. Y finalmente, caí en lo más bajo, en el vicio. Por eso, a la gente más joven, le aconsejo que corte con las drogas, que no se acerque de ellas”.

Su mensaje es optimista. Uno puede superar todo tipo de situaciones, por muy oscuras que sean. Y su optimismo también se refleja en las cifras de venta de su álbum que con 10000 ejemplares vendidos se ha convertido en una referencia del año 2013.

El Rey de los pueblos empieza el año con las pilas puestas y parece que no vayan a descargarse un solo instante.

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