Las razones del éxito continental de un programa tan original como El Chavo del 8 no solamente se fundan en el humor de quien lo creó: el comediante Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito” (Q.e.p.d), sino porque también supo reunir todos los elementos que permiten retratar a una sociedad con sus noblezas y vicisitudes.

Al igual que Los Simpsons en Estados Unidos, la idea del Chavo del Ocho se funda en grandes y reconocibles personajes de un barrio común y corriente. Personas con caracteres muy definidos y expresiones inolvidables y populares, adaptables a muchos contextos.

Para el telespectador –sea mexicano, colombiano o argentino-, resulta siempre muy fácil identificarse con alguno de los personajes o reconocer a un vecino. Son personas sencillas, con sus defectos, y esto contribuye justamente a crear una cercanía.

Como bien lo expresó el periodista y crítico de televisión colombiano, Omar Rincón, en una entrevista en el periódico mexicano Milenio: “Para cada latinoamericano hay un personaje de Chespirito, en el que uno se reconoce. Cada uno tenemos un personaje que nos sirve de caricatura de lo que somos”.

En el Chavo del Ocho, comprobamos –al igual que Los Simpsons– que los personajes mantienen entre ellos unas relaciones muy a menudo turbias que oscilan entre amor y odio. Tratan con frecuencia de buscar un acuerdo y, en ese proceso, terminan mostrando todas las contradicciones de una misma sociedad.

El Chavo del Ocho es el joven travieso que reúne o desune a todo el vecindario. Don Ramón es el viudo malhumorado y papá de una mucha inteligente, siempre responsable y justo. Quico un niño envidioso, inocente y simpático. La Chilindrina -hija de Don Ramón- siempre trata de aprovecharse de los favores del Chavo y Quico. Doña Florinda es la vecina que se cree superior a todos y no aguanta a nadie. De ella se enamora el Profesor Jirafales, quien también da clases a todos los niños del vecindario.

En ese juego de relaciones tan fáciles de ver en la televisión (pero difíciles de orquestar en un guión), se refleja el genio de Chespirito y la realidad de Latinoamérica: familias desechas o desestructuradas, padres abandonados, madres cabezas de familia con caracteres explosivos, intelectuales perdidos y niños con afanes desmesurados.

"'El Chavo del 8' es un programa kamikaze, como los Simpsons –explica Omar Rincón–. Los sábados siempre está el duelo del Chavo contra los Simpsons, y es un duelo interesantísimo; es nuestra defensa ante el modelo norteamericano".

 

PanoramaCultural.com.co 

 

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