Vicente Duran Casas

En un proceso de paz en el que hay muchos muertos de por medio, el significado de la palabra “Perdón” se reviste de un significado más solemne, grave y profundo. Y esto puede ser una explicación de las resistencias que existen a la hora de hablar de paz en la actualidad colombiana.

Estas reflexiones del profesor de Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana, Vicente Durán Casas, en la Escuela Vallenata de Paz abrieron el ciclo dedicado a la reconciliación desde la espiritualidad, el respeto y la aceptación del otro.

El encuentro sirvió para entender lo que supone un proceso de paz más allá de la firma de un tratado, más allá de la negociación entre grupos enfrentados: el reconocimiento del daño causado y el perdón entre enemigos, víctimas y victimarios.

“Frente a las masacres, frente al secuestro, al reclutamiento forzado de niños, no se puede utilizar la palabra perdón con el mismo sentido por el que le decimos perdón por haberte pisado, fue sin querer.  Se trata de un asunto mucho más serio y, por eso, vale la pena preguntarnos en qué consiste el perdón y de dónde procede”, explicó el ponente.

El perdón es una etapa esencial de este proceso. Y aunque no es la etapa culminante, es la que asegura que la armonía y la convivencia sean duraderas. El perdón es el garante de un complejo equilibrio y, por eso, no sólo puede ser religioso o teológico, sino también individual y colectivo, de conciencia y político.

Según el profesor Vicente Durán Casas, es importante hacer las siguientes preguntas para que el perdón cobre sentido y se mantenga coherentemente en el tiempo: ¿Qué es lo que debemos perdonar? ¿Quién perdona a quién? ¿Cuánto se perdona? Evidentemente, si no se toma conciencia sobre estos asuntos, corre el peligro que el perdón caiga en el olvido o que, simplemente, no tenga fundamento.

“Pedir perdón se volvió moda. Donde todo el mundo pide perdón, se banaliza el perdón”, expresó Vicente Durán para ilustrar esa tendencia de nuestra sociedad actual en escenificar el perdón y convertirlo a veces en un espectáculo ligero.

Sin embargo, el profesor advierte: un proceso de reconciliación nacional en el que el perdón sea un simple accesorio, no tiene sentido. El perdón debe ser un pilar central y, además, citando a la filósofa Hannah Arendt, ese perdón tiene que recordarse mucho tiempo después de su realización.

“El perdón no es lo mismo que el olvido. Exige la memoria”, explica Vicente Durán antes de añadir: “Olvidar o ignorar el pasado podría condenarnos a repetirlo”.

 

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